Carlos Osoro, Hijo Predilecto de Cantabria: «El diálogo es un pilar fundamental para la cohesión social»
El cardenal Osoro, arzobispo emérito de Madrid, recibió en Comillas la máxima distinción de la Comunidad Autónoma, que reconoció su compromiso con las personas vulnerables
El cardenal Carlos Osoro ya es Hijo Predilecto de Cantabria. El arzobispo emérito de Madrid recibió el pasado viernes, en un acto celebrado en el Seminario Mayor de la Universidad Pontificia de Comillas, la máxima distinción de la Comunidad Autónoma, de manos de su presidenta, María José Sáenz de Buruaga.
Un acto en el que el arzobispo estuvo rodeado de familiares y amigos. De manera especial, estuvieron presentes sus hermanos y sobrinos; el obispo de Santander, Arturo Ros; los miembros del Consejo episcopal y diferentes sacerdotes de la diócesis de Santander, de Madrid y de Valencia, sus dos últimos destinos como arzobispo.
Tras el discurso de la presidenta y la laudatio realizada por Manuel Ángel Castañeda, presidente del Ateneo de Santander, Osoro acogió el reconocimiento desde una perspectiva que quiso alejar del protagonismo personal. «Comparezco con el corazón conmovido, consciente de que esta distinción pertenece, aunque lleva mi nombre, a una obra colectiva, a una comunidad humana y de fe que me ha sostenido, que me ha guiado y que me ha acompañado en cada paso de mi trayectoria personal y profesional», afirmó.

«Recibir esta distinción de mi querida Cantabria es un honor que me sobrepasa», señaló, al tiempo que agradecía «este gesto, que honra a la institución que represento y a los valores que han guiado toda mi existencia».
«Cuando uno echa la vista atrás —aseguró— y recorre los senderos de una vida entera dedicada al servicio, lo primero que experimenta no es la sensación de haber alcanzado la meta, o una meta por mérito propio, sino la generosidad de Dios y la bondad de tantas personas que han hecho posible este milagro».
El cardenal situó así el reconocimiento en el marco de las personas, comunidades e instituciones que han acompañado su recorrido pastoral y humano. La distinción, señaló, es también reflejo de «un espíritu de colaboración y entendimiento» que ha procurado cultivar a lo largo de sus distintas responsabilidades en la Iglesia.
Diálogo, pilar para la cohesión social
En un momento marcado por la polarización y las diferencias, Osoro reivindicó que «el diálogo fecundo entre las instituciones civiles y cristianas es un pilar fundamental para la cohesión social y el desarrollo integral de nuestra comunidad».
La intervención del cardenal enlazó de este modo con uno de los rasgos que la propia presidenta de Cantabria destacó al glosar su trayectoria: su «profunda vocación de diálogo». Buruaga recordó que Osoro ha hecho de «escuchar y acoger; sumar y acompañar» una guía de su ministerio desde su ordenación sacerdotal en 1973.

La presidenta cántabra destacó asimismo su compromiso con las personas más vulnerables y su participación en la vida religiosa, educativa y social de la región. Lo definió como «uno de los más brillantes arquitectos del patrimonio moral y humano» de Cantabria y subrayó su capacidad para unir y generar reconocimiento social.
Su familia, el tesoro de su vida
El arzobispo emérito de Madrid se dirigió a sus hermanos y sobrinos, sentados en primera fila, y les dijo que «quienes constituyen el verdadero tesoro de mi vida ha sido mi familia». «Veros aquí reunidos es el regalo más hermoso que este día me podía brindar». Y añadió: «Lo que soy hoy en gran medida os lo debo a vosotros y a la gloria bendita de nuestros padres, cuyo legado de fe y de rectitud intento honrar cada día».
Dirigiéndose a sus sobrinos, les exhortó a recordar que «el único éxito verdaderamente importante en la vida es el de entregarse a los demás, el de poner los talentos al servicio de una causa noble y el de vivir con coherencia y con generosidad».
Su paso por Cantabria
Nacido en Castañeda en 1945, Osoro fue ordenado sacerdote en 1973 y desarrolló buena parte de sus primeros años de ministerio en Cantabria. Fue vicario general de la diócesis de Santander, rector del Seminario de Monte Corbán y participó en distintos ámbitos de la vida social, educativa y pastoral de la comunidad antes de iniciar su trayectoria episcopal.