Para dar catequesis a migrantes no hace falta «una clase perfecta» sino «ser eco de la Palabra» - Alfa y Omega

Para dar catequesis a migrantes no hace falta «una clase perfecta» sino «ser eco de la Palabra»

Jazmín llegó a España en 2024 y se volcó en la parroquia de Santa Cristina y Santa Margarita. Cree que su función es «dejar a los jóvenes un mensaje sencillo que puedan vivir»

Rodrigo Moreno Quicios
Jazmín con catequistas de Santa Cristina y Santa Margarita. Foto cedida por Jazmín

Jazmín llegó a España desde Perú en 2024 y, «aunque vine con un empleo y hablábamos el mismo idioma, empezar de nuevo no fue fácil». Al principio sintió un «choque cultural» que la agobió y la hizo sentir sola». Sin embargo, en el caso de Jazmín, «cuando me siento sola suelo acercarme más a la iglesia, a Dios».

Así llegó a la parroquia de Santa Cristina y Santa Margarita, en el barrio madrileño de Puerta del Ángel, donde existe una fuerte comunidad latina. «Un día, después de confesarme, pregunté al padre Borja si había alguna manera en la que pudiera ayudar. Después de hablar con el párroco, el padre Fernando, me dieron la oportunidad de participar como catequista del grupo juvenil», nos cuenta.

«Me sentía poco preparada»

Su caso ilustra a la perfección las intuiciones que ya compartió la Conferencia Episcopal en 2024 con la publicación de la exhortación pastoral Comunidades acogedoras y misioneras. Un documento que recalca que la pastoral se hace «con» los migrantes y no «para» ellos, pues deben ser protagonistas allá donde estén. Y es un testimonio que encaja como anillo al dedo de cara a la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado que se celebra este domingo con el lema Incluso uno solo de estos pequeños, es decir, centrada en los niños a los que ella misma habla de Dios.

La peruana con más catequistas como ella en la basílica de Santa María la Mayor. Foto cedida por Jazmín

Esta peruana nos cuenta que, al estrenarse como agente pastoral, «al principio me sentía poco preparada». Pero se acabó viendo capaz gracias a la ayuda de otros «catequistas con mucha experiencia y formación» a los que insiste en nombrar, como Enar y Melania. «Tuvieron mucha paciencia conmigo porque, aunque en Perú hablamos español, había muchas expresiones que no entendía», nos confía.

No es «dar una clase perfecta» sino un eco de Dios

Como es una persona sencilla, Jazmín acabó descubriendo «algo que cambió mi manera de vivir la catequesis: no tenía que saberlo todo ni dar una clase perfecta». Percibió que su función era «ser eco de la Palabra de Dios y dejar a los jóvenes un mensaje sencillo que puedan llevar a su vida cotidiana». Del mismo modo, aprendió «que mostrar nuestras propias dificultades, sin pretender ser perfectos, puede ayudarnos a llegar al corazón de los demás».

De acuerdo con esta catequista,«quizá nuestra misión no sea conseguir que los jóvenes recuerden todo lo que les decimos sino que se sientan queridos y escuchados». A su juicio, teniendo en cuenta las dificultades en las familias y la sociedad secularizada en la que viven los niños, «nosotros somos solo instrumentos para ayudarles a acercarse a Dios y descubrir en Él una fuente de amor, de consejo y de paz a la que pueden acudir a lo largo de su vida».

La cuestión es que salir a los demás le ayudó a ella misma y, aunque «mi experiencia en la parroquia no significa que de repente dejara de sentir las dificultades de empezar de nuevo en otro país», sí que «me ayudó a sentir que formaba parte de una comunidad». Y nos confiesa que «me alegra pensar que, mientras intentaba encontrar mi lugar en España, también pude aportar un pequeño granito de arena desde lo que soy».