Hanoos Hanoos: «En mi obra, Oriente y Occidente comparten espacio, dialogan y conviven»
lraquí y musulmán, expone en la Capilla del Obispo, sede de la Delegación de Cultura de la diócesis de Madrid, una muestra en la que Oriente y Occidente dialogan a través del arte
—De Babel a Shahrezade: El laberinto de la memoria, la exposición con la que se inaugura la nueva Delegación de Cultura de la archidiócesis de Madrid, es un diálogo entre Oriente y Occidente. ¿Qué buscaba?
—Casi todos mis trabajos tienen relación con mi vida personal. Para mí, el acercamiento y el entendimiento entre Oriente y Occidente son importantes. Cuando llegué a Madrid, en 1981, me encontré con los brazos abiertos y con la cultura cristiana. Mi madre, que quedó viuda cuando yo tenía 6 meses, me enseñó siempre a respetar al otro, fuera de otra religión o cultura. Oriente y Occidente son mis dos culturas.
—¿Por qué eligió a Shahrezade para dialogar con el Prado?
—Hace años hice una exposición llamada Las noches árabes, después de meses leyendo e investigando. Quería hacer una segunda serie, pero apareció una idea que tenía desde hacía tiempo: interpretar obras del Museo del Prado. No quería hacer una interpretación sin más, sino escoger a Shahrezade y hacerla pasear por el museo, dialogando con las obras. Y así surgió entrelazar los cuentos de Las mil y una noches y las obras del Prado, tanto mitológicas como históricas y religiosas.
—¿Por qué en sus obras aparecen personajes de espaldas?
—La persona es la misma de perfil, de frente o de espaldas. Es una cuestión compositiva. Además, al estar de espaldas son personas anónimas: pueden ser cualquiera. No quiero que sean personajes concretos, sino que representen una manera de mirar al mundo y al ser humano.
—¿Qué significa para usted exponer en la Capilla del Obispo, joya arquitectónica católica y nueva sede de la delegación que unirá fe y cultura en la capital?
—Para mí es un honor, un lujo. Llevo años estudiando las religiones comparadas y me ha interesado el acercamiento entre las dos culturas. Cuando llegué a España vi por primera vez un belén y me impactó. Yo, de niño, vivía de una manera muy parecida a Jesucristo: en una familia humilde, rodeado de animales. Para mí, Jesús es un amigo, alguien muy familiar. Por eso también he realizado muchas obras sobre temas religiosos.
—¿Es esa convivencia su manera de hablar de la concordia?
—Yo soy pacífico, soy un hombre de paz y admirador de Gandhi. Siempre he intentado buscar la vía pacífica. Las tres religiones somos hijas de Abraham, por lo que no veo ninguna diferencia. Cada una practica a su manera, pero debería existir una relación muy estrecha entre musulmanes y cristianos. En mi obra, Oriente y Occidente comparten espacio, dialogan y conviven. Esa es mi ilusión: una convivencia pacífica, tanto religiosa como social.
—¿Qué espera del encuentro entre su obra y la Iglesia?
—Para mí vuelve a ser un honor. El Corán menciona a Jesús muchas veces, y yo quiero materializar esa idea: dar visibilidad, a través de mi trabajo como musulmán, a esa presencia de Jesús en el Corán y en un espacio cristiano. Me gustaría que hubiera más acercamiento entre el islam y el cristianismo, de una manera natural y cordial. Yo vivo en España como musulmán, pero también vivo con la cultura cristiana; esa fusión forma parte de mí.
—¿Qué puede decir hoy el arte religioso a quien no comparte esa forma de entender la fe?
—Creo que los artistas contemporáneos deberían trabajar más el tema religioso. Los artistas del Renacimiento lo hicieron muchísimo. La religión tiene mucha belleza, mucha historia y mucha mitología. Y la fe es fundamental. Para mí es esperanza, algo bueno que el ser humano necesita. Al margen de ser cristiano, musulmán, ir a Misa o no ir, puede ser un espacio íntimo para cada persona. En mi caso, forma parte de mi vida y de mi manera de mirar el mundo. He vivido siempre esa cercanía: mi hija y mi nieta son cristianas y me siento orgulloso de ello. Y, viendo todo lo que ha pasado en el mundo árabe, creo que la fe y la esperanza han ayudado a muchas personas a seguir adelante. Recuerdo también a Mahmoud Ayoub, un pensador árabe que fue profesor en Harvard y que vivió esa fusión entre cristianismo e islam. Esa cercanía es algo que yo también he vivido personalmente.