25 de septiembre: santo Niño de la Guardia, el niño martirizado a imagen de Jesucristo
Poco antes de la expulsión de los judíos en 1492, España quedó conmocionada por el asesinato de un niño supuestamente a manos de algunos de ellos. Hay quien cuestiona las garantías del proceso e incluso la verdad de los hechos
Uno de los episodios más controvertidos del santoral lo protagoniza un niño de 4 años, mártir en un pueblo de Toledo en un contexto de persecución religiosa de la Inquisición a los judíos, acaecido en los meses previos a su expulsión de España. Todo un cóctel de elementos que desafían lo política y eclesialmente correcto en nuestra época.
Queda para los historiadores explicar los motivos de la creciente animadversión hacia el pueblo judío que experimentó la España de la Reconquista, pero el hecho es que las últimas décadas del siglo XV fueron testigo de un particular acoso a quienes hoy podemos llamar nuestros padres en la fe. Sin embargo, hace cinco siglos no era así y, de hecho, el antisemitismo fue un fenómeno bien asentado no solo en nuestro territorio sino en buena parte de Europa.
En España se habían normalizado los autos de fe por los que la Inquisición daba un escarmiento público a los judaizantes, hebreos aparentemente conversos al cristianismo que, sin embargo, practicaban su fe en privado. Los latigazos eran algo común, y también las muertes por esta causa, hasta el punto de que hay historiadores que las contabilizan por millares.
En 1491, un grupo de judíos españoles, cansado ya de la persecución, decide rebelarse y ejecutar a un niño cristiano como venganza. Entre sus motivaciones había también una suerte de superstición, pues creían que quemando su corazón junto a una Hostia consagrada se alejaría de su pueblo el ensañamiento de los cristianos.
Así, entre febrero y marzo de 1489, raptaron ante la catedral de Toledo a un niño de 4 años, de nombre Cristóbal, y se lo llevaron a unas cuevas en el término municipal de La Guardia. Esperaron unos días, hasta el Viernes Santo, para en esa noche sagrada para los cristianos someterle a todo tipo de torturas. En realidad, lo que hicieron fue reproducir en su cuerpo los sufrimientos de Jesucristo en su Pasión. Por ello le clavaron a una cruz, le pusieron una corona de espinas y al final le lancearon el costado para que saliera toda su sangre. Luego le abrieron el pecho y le quitaron el corazón, y lo guardaron para realizar su macabro rito.
Con el corazón del niño viajaron hasta Zamora, en busca de otro judío que pudiera realizar el sortilegio de manera eficaz, pero allí fueron detenidos. Los guardias descubrieron entre sus pertenencias el corazón del pequeño Cristóbal; y también una Hostia que hoy se conserva en el convento de Santo Tomás, en Ávila, dentro de un relicario.
Memoria muy verdadera de la pasión y martirio, que el glorioso mártir, inocente niño, llamado Cristóbal. Este es el título de una memoria de los hechos del martirio que se difundió ampliamente en España en los años posteriores a los hechos. Sin embargo, no faltan historiadores que cuestionan la veracidad de todo lo que tiene que ver con este martirio.
Así, en el siglo XIX, Isidore Loeb y Henry Charles Lea señalaron contradicciones, torturas y falta de pruebas sobre el supuesto crimen. Más recientemente, Yitzhak Baer y Rafael Sabatini analizaron el proceso inquisitorial de 1491 y concluyeron en el mismo sentido. Y, en España, el historiador José María Perceval, de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha desenmascarado un montaje judicial utilizado para alimentar la indignación popular y justificar la expulsión de los judíos en 1492.
Poco después, el Santo Oficio juzgó y procesó a seis cristianos conversos —sobre los que tenía jurisdicción—: Alonso, Lope, García y Juan Franco, Juan de Ocaña y Benito García. Por su parte, las autoridades civiles juzgaron a los dos judíos no conversos implicados: Yucé Franco y Mosé Abenamías. Todos ellos fueron declarados culpables de tan horrible hecho y murieron quemados en la hoguera en Ávila el 16 de noviembre de 1491.
No se puede decir a ciencia cierta cómo influyó este hecho en la expulsión de los judíos de España ordenada por los Reyes Católicos tan solo unos meses después, el 31 de marzo de 1492. Pero lo cierto es que forma parte de un incuestionable proceso histórico que acabó con la salida de entre 80.000 y 150.000 judíos de nuestro país en los meses siguientes.
Culto y milagros
El caso conmocionó a la España de aquellos años. Desde el principio, al Santo Niño de La Guardia se le atribuyeron numerosos milagros, empezando por la recuperación de la vista de su madre, que era ciega. También hay constancia de cuatro curaciones realizadas en Alcázar de Consuegra a comienzos de 1492: un tullido, una mujer que llevaba más de 18 años con la boca torcida, un sordo total y otra mujer invidente.
Poco a poco, la difusión del crimen y la creciente veneración del niño como mártir dieron pie a más peticiones de intercesión y a más curaciones prodigiosas. Especialmente, hubo muchos niños enfermos que fueron encomendados por sus padres a Cristóbal, recuperando así la salud. Y las crónicas de la Orden de la Trinidad —el niño había vestido esta indumentaria por devoción particular de sus padres— atestiguan otros 600 milagros. Posteriormente, hasta Lope de Vega y Quevedo recogerían en su obra alguna alusión al Santo Niño de La Guardia. Este último incluso escribió una carta al rey para solicitar que el niño compartiera el patronato de España con Santiago. Finalmente, en 1805, el Papa Pío VII confirmó el culto popular y autorizó un oficio litúrgico propio para toda la archidiócesis de Toledo.