«¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» - Alfa y Omega

«¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?»

25º Domingo del tiempo ordinario / Mateo 20, 1-16

Marta Medina Balguerías
'La parábola de los trabajadores de la viña', Rembrandt. The Hermitage, San Petersburgo (Rusia).
La parábola de los trabajadores de la viña, Rembrandt. The Hermitage, San Petersburgo (Rusia). Foto: Wikimedia Commons.

Evangelio: Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. 

Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Comentario

Seguro que la mayoría hemos expresado la queja del Evangelio de este domingo en algún momento de nuestra vida. «¡Qué injusto! ¿Por qué otro ha recibido más, haciendo menos? ¿Por qué no se nos da lo que merecemos?». Inmersos en la cultura de la meritocracia, no es raro que nos indigne que Jesús presente como modelo algo que la contradice tan de lleno. Y, sin embargo, la imagen es certera y perenne. Está ahí para hacernos pensar y para invitarnos a cuestionar las ideas preconcebidas que tenemos sobre la justicia, la bondad y el merecimiento. 

Un primer dato que llama la atención es que Jesús no dice que el Reino equivale a toda la situación que narra a continuación. Dice que se parece al propietario. Es decir, no entra a valorar si es justo que unos hayan encontrado trabajo antes que otros ni se pregunta el porqué de la diferente situación de partida. Constata que eso es así y nos invita a fijarnos en la actitud del propietario de la viña. El Reino de Dios tiene que ver más con cómo gestionamos esas situaciones diferentes que con las situaciones en sí.

La actitud del propietario es de salida, invitación y reconocimiento. Salida porque no se queda esperando a que vengan los jornaleros, sino que sale a buscarlos en el lugar y en el momento en el que están disponibles. Invitación porque les propone formar parte de algo, trabajar juntos en vistas a un fin. Reconocimiento porque valora y paga toda respuesta, ya sea temprana o tardía. Reconoce la actitud y el esfuerzo más que la cantidad. En este sentido, el Reino es justo, porque no hay nadie que trabaje de balde en él. Entonces… ¿dónde está la injusticia? 

No lo veríamos como un problema si cada uno solo supiera su salario. Si alguien estuvo dispuesto a ir a trabajar por un denario y eso es lo que obtuvo, quedaría satisfecho con la jornada empleada y la paga recibida. La reclamación no es haber cobrado poco, sino que el otro ha recibido demasiado, habiendo hecho menos. Lo que nos irrita es, por tanto, la comparación.

La pregunta final de Jesús es la clave de todo: «¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?». El Reino se parece a un propietario que es bueno. En la lógica de la parábola, poder trabajar es algo bueno, y quien no ha podido hacerlo «porque no lo han llamado» ha estado sufriendo un mal. El buen propietario se solidariza invitándolo a su viña y pagándole un salario digno, aunque haya tenido ocasión de trabajar menos.

Quizá nuestra protesta viene de que no entendemos la naturaleza de la verdadera bondad. Nos escuece esta parábola porque somos limitados y nos resulta extremadamente difícil no compararnos. Si Dios es bueno, tiene que ser justo. Y si es justo, nos parece que no puede dar lo mismo a personas que han tenido un desempeño distinto. 

Sin embargo, la lógica de Jesús parece ser otra. Él valora el mérito, pero desplaza su significado. El mérito no está en haber llegado antes o después, sino en responder a la llamada y ponerse a trabajar, sea la hora que sea. No nos deja atrapados en la envidia y en las comparaciones porque otro ha recibido una muestra de bondad que percibimos como desproporcionada. Al contrario, nos hace capaces de alegrarnos por ella. Porque si el Reino es el Amor que es Dios, todos somos, en realidad, destinatarios de tal desproporción. Y ante esta bondad tan desmedida que puede resultar escandalosa, quizá la cuestión no sea preguntarnos por qué, sino cómo la abrazamos nosotros también.