Tres prefectos reivindican Nostra aetate como «un grano de mostaza teológico»
Fue una declaración promulgada por Pablo VI hace 60 años sobre la relación con otras religiones que se compromete, por ejemplo, a la lucha contra el «antisemitismo»
Sesenta años después de la publicación de Nostra aetate —una declaración preparada por el Concilio Vaticano II y promulgada por Pablo VI sobre la relación de los cristianos con el resto de religiones— tres ministerios vaticanos han llamado este miércoles a «convertirnos en constructores de puentes, no de muros» ante el auge del fundamentalismo, la violencia y los conflictos religiosos. «Todas las religiones son para la paz, nunca para la guerra», subraya el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto de Doctrina de la Fe en Un camino de esperanza, una nota publicada este miércoles por el dicasterio que él mismo encabeza junto al de Promoción de la Unidad de los Cristianos y el de Diálogo Interreligioso.

El documento, aprobado por León XIV el pasado 22 de junio, repasa seis décadas de diálogo interreligioso y plantea cómo vivir «la llamada a una fraternidad universal en sociedades marcadas por una creciente diversidad cultural y religiosa, por la guerra y la violencia, y caracterizadas por un impulso cada vez mayor hacia la secularización». Sus autores —los prefectos Fernández, Kurt Koch y George Koovakad— presentan Nostra aetate como «una respuesta a las trágicas consecuencias del antisemitismo que culminó con el Holocausto» y recuerdan que su publicación supuso «un cambio profundo».
No rechaza nada de «lo verdadero y santo»
La nota recupera la afirmación conciliar de que la Iglesia «no rechaza nada de lo en estas religiones es verdadero y santo» y pide considerar «con estima y respeto» sus enseñanzas. También advierte de que «ninguna relación respetuosa con las demás religiones es sincera ni viable sin un respeto simultáneo por la libertad religiosa ajena» y reclama «la misma libertad para los cristianos en los países donde son minoría».

En las relaciones entre cristianos y judíos, el documento afirma que «la alianza de Dios con el pueblo judío es irrevocable» y que «no podemos prescindir unos de otros», aunque precisa que «Cristo es el único redentor». También reclama «la lucha común» contra el antisemitismo. El cardenal Koch señala además la «dolorosa tensión» que experimentan muchos cristianos entre «su vínculo con el pueblo judío y la obligación ética hacia quienes sufren en Gaza». «Debemos hablar honestamente unos con otros sobre esta nueva situación», afirma. «Es imposible ser discípulos de Cristo y, al mismo tiempo, antisemitas», añade, al tiempo que reafirma la posición de la Santa Sede de que «solo la creación de dos Estados puede llevar la paz a Oriente Medio».
«Un grano de mostaza teológico»
El documento destaca los frutos del diálogo con musulmanes y otras tradiciones religiosas: «Se han establecido relaciones duraderas de amistad entre responsables religiosos, se han puesto en marcha proyectos educativos y sociales conjuntos y se han publicado declaraciones comunes ante tragedias humanitarias, guerras o crisis medioambientales». Koovakad considera que Nostra aetate no fue «un texto aislado», sino un «grano de mostaza institucional y teológico» que convirtió el diálogo en «una dimensión constitutiva de la misión evangelizadora».

Ante el presente, los tres Dicasterios piden «abandonar las lógicas de defensa, hostilidad o conquista» y adoptar «una actitud abierta, benévola y valiente». La fraternidad, advierte Koovakad, «no debe quedarse en el papel», mientras el documento concluye reclamando «artesanos de la paz y de la fraternidad» capaces de «acoger al otro en su diferencia» y «colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más humana».