Al Alimón: más que una librería, un lugar de encuentro
Un grupo de amigos de distintas realidades de Iglesia montó esta librería para financiar la formación y el acompañamiento a migrantes. Hoy los usuarios también ofrecen su saber y ayudan en la gestión
Aboubacar entra por la puerta sonriendo. «¡Hoy tenemos clase de guitarra!». Algunos chavales sentados en los sofás levantan la vista y sonríen. Mouhssine, que dejó su país con 16 años y vivió durante semanas en la calle, está haciendo un curso de camarero. Walid se esfuerza por terminar sus estudios. Aquí han encontrado amigos con quienes compartir sus preocupaciones y sus avances, un sitio donde pasar la tarde y sentirse parte de algo.
La escena transcurre en Al Alimón, en el número 38 de la calle San Leopoldo, en Madrid. Esta librería de segunda mano abre sus puertas a La Ventilla, un barrio de origen humilde que convive con la transformación urbana del entorno de las Cuatro Torres. Entre sus vecinos hay mayores, familias migrantes y personas en riesgo de exclusión. También quienes llevan toda la vida aquí y ven cambiar sus calles.
Los libros llegan donados y su venta sostiene proyectos educativos y de acompañamiento. En las estanterías conviven novelas, poesía, teatro y ensayo. Alrededor se organiza una programación que incluye guitarra, juegos de mesa, un círculo poético y las «conversaciones de almacén», encuentros con personas invitadas a compartir su experiencia vital.
Felipe Rojas y Cata Girardi están al frente de este espacio, iniciado por un grupo de amigos de distintas realidades eclesiales y cuyo trabajo presta especial atención a los jóvenes. Cualquiera puede entrar, con independencia de su edad, procedencia o religión. Incluso el imán de una mezquita cercana acude a aprender español. La convivencia se construye también en esas clases, al hacerse entender y escuchar al vecino. «Todos necesitamos tener a otros para poder avanzar en la vida, progresar, desarrollarnos», explica Rojas. Su propuesta parte de reconocer lo que cada persona puede aportar. Los jóvenes llegan con necesidades concretas, pero también con habilidades, inquietudes y experiencias que enriquecen al barrio. De hecho, hay usuarios de las actividades que también aportan de lo que saben ofreciendo otras clases o colaboran de forma voluntaria en la gestión del negocio.
Girardi conoce las dificultades que atraviesan: encontrar empleo, regularizar su situación, comprender los trámites. El acompañamiento incluye información y contactos que puedan facilitar una oportunidad laboral cuando dispongan de los permisos necesarios. Mientras tanto, procuran que esa espera no absorba sus vidas. «Al Alimón es un lugar para desarrollar sus habilidades», resume.

Ese presente importa. Aprender, conocer gente y establecer relaciones permite seguir creciendo durante unos meses que, para muchos, están marcados por la incertidumbre. La guitarra que anuncia Aboubacar forma parte de esa propuesta: hay algo que hacer hoy, con otros, aunque algunas respuestas tarden en llegar.
Al Alimón mantiene una relación estrecha con Open Value Foundation, una entidad familiar que promueve oportunidades para personas vulnerables. Miriam Estarrona explica que en muchos migrantes confluyen dificultades económicas, barreras idiomáticas y una mirada social que los considera diferentes. El objetivo es acompañarlos para que puedan formarse, trabajar y participar plenamente en la vida de su ciudad.
Rojas insiste en buscar a quienes permanecen en los márgenes e incorporarlos a una comunidad donde su historia tenga valor para los demás. Conoce la atracción que ejerce la calle sobre algunos jóvenes y la necesidad de ofrecerles una propuesta que despierte más interés. Para sostenerla hacen falta tiempo, presencia y relaciones que continúen cuando aparezcan las dificultades.
En los sofás de la librería, los estudios de Walid y el curso de Mouhssine encuentran un espacio en la conversación. Cada uno trae lo que le ocupa y descubre que a alguien le importa. Entre libros que han pasado por otras manos, se va haciendo sitio para sus vidas. Hoy hay clase de guitarra. Y hay amigos con quienes compartir lo aprendido, las dudas y las ganas de volver mañana.