Jesús Higueras, Hijo Adoptivo de Pozuelo: «Cualquiera de los sacerdotes podríamos recibir esta distinción»
El párroco de Santa María de Caná ha recibido este lunes el título de Hijo Adoptivo del municipio. «Es un don y una llamada que aviva el sentido de la responsabilidad»
El párroco de Santa María de Caná, en Pozuelo de Alarcón, ha recibido este lunes el título de Hijo Adoptivo del municipio. Se trata de la máxima distinción de la ciudad, que se le ha entregado en un acto institucional coincidiendo con la festividad de su patrona, la Virgen de la Consolación.
La alcaldesa, Paloma Tejero, ha reconocido su trayectoria y compromiso como una figura estrechamente vinculada a la localidad. Una idea por parte de la edil que subraya la importancia de tejer redes de encuentro entre la Iglesia y la sociedad. El discurso de agradecimiento del párroco ha ido también en esta línea, desgranando algunas ideas del Papa León XIV en su visita al Congreso de los Diputados el pasado 8 de junio.
El sacerdote ha definido el reconocimiento como «un honor que me desconcierta y a la vez agradezco profundamente. Me desconcierta porque cualquiera de los sacerdotes que trabajamos en las parroquias o en otras realidades eclesiales podríamos recibir esta distinción. Y lo agradezco porque, junto a ellos, entiendo que esta distinción es un don y una llamada que aviva el sentido de la responsabilidad».
Ha explicado que «ser hijo adoptivo significa algo más que recibir un reconocimiento. Significa ser acogido. Significa que una comunidad te dice: “Formas parte de nuestro ser y de nuestra historia”». Su respuesta quiere ser «una palabra muy sencilla: gracias».
Una fundación por la dignidad de cada persona
Higueras ha recordado que «durante estos años, junto a tantos sacerdotes, he tenido el privilegio de caminar junto a muchas personas y muchas familias de Pozuelo». Ello implica que «he celebrado sus alegrías, he acompañado sus sufrimientos, he conocido sus preocupaciones y sus esperanzas. Y, poco a poco, he comprendido que una ciudad no son solamente sus calles, sus edificios o sus instituciones. Una ciudad es, ante todo, su gente», ha subrayado.
Higueras ha recordado el discurso del Papa León XIV en el Congreso de los Diputados, en concreto sus palabras sobre cómo «toda sociedad verdaderamente justa tiene que partir de una convicción fundamental: la dignidad de cada persona». «Esa convicción ha marcado profundamente mi vida y, de manera especial, mi dedicación a las personas con discapacidad, que se concreta en la Fundación Caná».
Esta entidad, anexa al edificio parroquial, un centro de día que atiende a cerca de 300 personas con discapacidad intelectual y física. «Una sociedad se conoce verdaderamente cuando miramos a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír. Una comunidad es grande no solamente cuando progresa económicamente, sino cuando sabe cuidar. Cuando protege al débil. Cuando acompaña al que está solo. Cuando abre las puertas al que necesita ayuda. Cuando entiende que nadie sobra». El párroco se ha mostrado convencido de que «Pozuelo tiene mucho de eso».
Higueras ha confesado su deseo de que el nombramiento como Hijo Adoptivo «no sea solamente una cuestión personal, sino también una ocasión para recordar que el bien común es responsabilidad de todos. De quienes gobiernan y de quienes son gobernados»: instituciones, familias, asociaciones, parroquias, colegios, empresas. Y de cada ciudadano.
Llamada a la concordia
El sacerdote ha subrayado asimismo, todavía siguiendo las palabras del Papa, la importancia de la familia «como primera escuela de humanidad». Ha recordado a sus padres, Elvira y Jesús, «que han sido y son para mí un punto de referencia de lo que es una verdadera familia» y de «lo que es la implicación en la dimensión pública desde una fe profunda y convincente».
«Quiero agradecer también a Pozuelo su historia y sus raíces, en las que la fe en Jesucristo crucificado y resucitado, y el amor a María Santísima, amablemente llamada Nuestra Señora de la Consolación, son una realidad configura su identidad». En esta línea, ha deseado que «esta ciudad siga creciendo sin perder aquello que le da alma: la fe, el sentido de comunidad, la solidaridad, la cercanía y el respeto por la persona».
Una tercera idea tomada del Santo Padre en el Congreso es que «la concordia no consiste en que todos pensemos lo mismo, sino en aprender a convivir respetando al que piensa diferente». Una concordia que necesita Pozuelo, «como toda sociedad. Necesitamos hablar más y descalificarnos menos. Escuchar más y juzgar menos. Buscar aquello que nos une sin renunciar a nuestras convicciones».
«Porque al final, por encima de nuestras diferencias, hay algo que todos compartimos: somos amados de Dios y por ello tenemos una dignidad que nadie nos puede quitar. Necesitamos unos de otros», ha apuntado.
Llamada al servicio
Por último, ha reconocido que para él tiene un significado especial la palabra «servicio». «Un sacerdote no está llamado a vivir para sí mismo. Está llamado a acompañar, a escuchar, a celebrar, a consolar, a sostener la esperanza y, cuando sea necesario, a ponerse al lado de quien más lo necesita». Es precisamente lo que Higueras ha intentado todo estos años en Pozuelo, «con mis aciertos y también con mis limitaciones y errores».
Al ser nombrado Hijo Adoptivo, ha resaltado que «yo también os siento como una familia». Y se ha comprometido a llevar el título «como una llamada». A «seguir siendo Iglesia», a «seguir queriendo a esta ciudad», a «seguir trabajando por sus personas».
También «la llamada a seguir defendiendo que nadie quede atrás. Y la llamada, sobre todo, a seguir construyendo entre todos una sociedad en la que la dignidad de cada ser humano sea siempre lo primero».