Un mes después, el terremoto de Colombia sigue ahí - Alfa y Omega

Un mes después, el terremoto de Colombia sigue ahí

La emergencia ya no ocupa titulares, pero 466.606 colombianos continúan afectados por el seísmo de agosto. Las ONG advierten de que la recuperación será larga y ponen el foco en las personas: desde recuperar una escuela hasta proteger a un niño o ayudar a una familia a volver a empezar

Redacción
Retroexcavadora demoliendo un edificio afectado por el terremoto del pasado 10 de agosto, este lunes, en Cali (Colombia)
Retroexcavadora demoliendo un edificio afectado por el terremoto del pasado 10 de agosto, este lunes, en Cali (Colombia). Foto: EFE / Ernesto Guzmán.

Un mes después del terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el occidente de Colombia, la tierra ha dejado de temblar, pero la emergencia, como el dinosaurio de Monterroso, todavía está ahí. Para cientos de miles de personas, el desastre no terminó cuando llegaron las primeras ayudas ni cuando las imágenes de los edificios dañados dejaron de aparecer en televisión. Empieza ahora una etapa más silenciosa: la de reconstruir la vida cotidiana.

Según la última actualización de Naciones Unidas, 466.606 personas se han visto afectadas, con 331 fallecidos, 4.519 heridos y 136 desaparecidos. El país avanza hacia la reconstrucción, pero la asistencia humanitaria sigue siendo necesaria para cubrir las necesidades más inmediatas.

El Comité de Emergencia Español se activó el 12 de agosto con siete organizaciones humanitarias. El trabajo de Acción contra el Hambre, Aldeas Infantiles SOS, Entreculturas, Médicos del Mundo, Oxfam Intermón, Plan International y World Vision muestra que, después de una catástrofe, las personas necesitan mucho más que un techo: agua potable, alimentos, atención sanitaria, protección, apoyo psicológico y lugares seguros donde volver a estudiar y jugar.

Personas participan en un homenaje a las víctimas del terremoto del pasado 10 de agosto, en el lugar donde estaba el edificio Torres del Limonar, este viernes en Cali (Colombia).
Personas participan en un homenaje a las víctimas del terremoto del pasado 10 de agosto, en el lugar donde estaba el edificio Torres del Limonar, este viernes en Cali (Colombia). Foto: EFE / Ernesto Guzmán.

La reconstrucción empieza por lo cotidiano

En las comunidades más afectadas se están distribuyendo alimentos, instalando sistemas para almacenar y tratar agua y proporcionando artículos de higiene, según un comunicado de este martes del comité. También se trabaja para que las familias puedan recuperar sus medios de vida y hacer frente a los gastos adicionales provocados por la pérdida o los daños en sus viviendas.

Pero hay una necesidad que resulta especialmente delicada: proteger a los niñosEl terremoto ha dañado 2.198 escuelas y afectado a más de 409.000 estudiantes. Para ellos, volver al aula no significa únicamente recuperar las clases: puede ser «la primera puerta de regreso a la normalidad».

Por eso las organizaciones están creando espacios seguros, trabajando en la reunificación familiar y ofreciendo apoyo psicosocial. También proporcionan materiales recreativos. 

El interior de una escuela afectada por el terremoto del pasado 10 de agosto de 2026 en Buenaventura (Colombia).
El interior de una escuela afectada por el terremoto del pasado 10 de agosto de 2026 en Buenaventura (Colombia). Foto: EFE / Ernesto Guzmán.

Cuando la emergencia deja de ser noticia

Uno de los riesgos de cualquier catástrofe es que la atención desaparezca antes de que desaparezcan sus consecuencias. La primera respuesta moviliza recursos y solidaridad; después, cuando las cámaras se marchan, quedan las familias que todavía no tienen casa, las escuelas que necesitan ser reparadas y las comunidades que deben recuperar sus medios de vida.

El propio Comité de Emergencia Español advierte de que, después de la gran respuesta inicial de solidaridad, los fondos pueden ralentizarse mientras otras organizaciones comienzan a abandonar algunas zonas. Mientras, las ONG españolas están focalizadas en la protección de la infancia y adolescencia, la implementación de sistemas de almacenamiento y tratamiento de agua potable, la distribución de asistencia alimentaria directa, la educación en emergencias, el apoyo psicosocial y la salvaguarda de la salud mental y la atención sanitaria, además de la mejora de condiciones de los alojamientos temporales.