El 87 % de las víctimas de bombas de racimo son civiles
Este tipo de explosivos dejan restos tan peligrosos en los territorios que «la limpieza de Ucrania», el país más afectado actualmente, «llevará décadas»
Más de mil personas murieron o resultaron heridas por municiones de racimo en 2025, una de las cifras más elevadas jamás registradas, y el 87% de las víctimas fueron civiles. Es uno de los principales datos del informe Cluster Munition Monitor 2026, publicado esta semana y que alerta del aumento del uso de estas armas mientras crece el número de conflictos y varios países mantienen su capacidad para emplearlas.
Las municiones de racimo son armas convencionales que contienen cientos de pequeñas bombas en un único contenedor. Al ser lanzado, este se abre en el aire y dispersa los artefactos sobre una superficie extensa. El problema continúa después del ataque: muchas submuniciones no explotan y permanecen activas durante años, con un funcionamiento similar al de las minas antipersona.
Ucrania es el más afectado
Ucrania es actualmente el territorio más afectado. Desde el comienzo de la invasión rusa en 2022, el país acumula más de 900 muertos y heridos por estas armas, en su mayoría civiles. Pero el impacto no termina con los combates. Las municiones que permanecen sin detonar constituyen un peligro para quienes regresen a las zonas afectadas y pueden condicionar durante décadas el uso agrícola de los terrenos.
«Si observamos los escenarios de conflicto actuales en todo el mundo, la situación está empeorando significativamente», afirma Giuseppe Schiavello, director de la Campaña Italiana para Combatir las Minas Antipersona. «Ucrania es actualmente el territorio más afectado en este sentido, pero el uso masivo de estos artefactos sigue siendo, lamentablemente, una constante generalizada».
18 países las producen
Actualmente, 18 países producen o mantienen la capacidad de utilizar municiones de racimo. Schiavello resume el argumento empleado por los Estados que conservan estas armas: «La justificación que adoptan los Estados es la de querer tener armas que podrían ser esenciales para su defensa en caso de guerra, sin considerar, sin embargo, las consecuencias a largo plazo, que en el 90% de los casos afectarán a la población civil».
La situación preocupa especialmente por el posible retroceso de los compromisos internacionales. En marzo de 2025, Lituania abandonó formalmente la Convención de Oslo, mientras Estados Unidos votó posteriormente contra una resolución de Naciones Unidas sobre estas armas. Schiavello advierte del riesgo de un «efecto dominó»: «Debemos preguntarnos si este hecho crea las condiciones para que alguien se sienta legitimado al retirarse de una Convención, bajo el pretexto de que puede renunciar a los derechos humanos para defenderse».
«La limpieza de Ucrania llevará décadas»
El problema seguirá afectando a Ucrania mucho después del final de la guerra. La limpieza de los territorios contaminados exigirá operaciones extremadamente precisas. «Los terrenos contaminados con restos de guerra, bombas de racimo, minas y proyectiles de artillería deben alcanzar un umbral de seguridad del 99,6 %, un nivel de precisión que solo la limpieza manual puede garantizar», explica Schiavello.
La experiencia demuestra hasta qué punto puede prolongarse el peligro. «En Italia aún se encuentran artefactos que datan de la Segunda Guerra Mundial, más de ochenta años después del fin del conflicto». Por eso, concluye, «la limpieza de Ucrania llevará décadas».