Juan Carlos Carvajal: «En Madrid se han bautizado en un año 540 adultos»
Catedrático de Evangelización y Catequesis, este sacerdote de Madrid ha sido renovado como miembro de la Comisión Internacional de Catequesis. Hablamos con él sobre iniciación cristiana de adultos
—Acaba de ser renovado por cinco años como miembro de la Comisión Internacional de Catequesis de la Santa Sede. ¿Cuál es la importancia de este organismo y qué cuestiones aborda?
—Este organismo fue creado por san Pablo VI en el año 1973, en una época en la que, tras el Concilio, se desarrolló un proceso reformador en la pastoral catequética de toda la Iglesia. En ese contexto de reforma fue cuando se creó esta comisión, la cual tiene como objetivos fundamentales estudiar los temas catequísticos más importantes y favorecer el intercambio de experiencias entre los expertos de la catequesis con la Sede Apostólica. En la actualidad, la comisión depende del Dicasterio para la Evangelización en la Sección las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el mundo actual.
—¿Quiénes forman parte de la comisión?
—En el anterior mandato formábamos parte 15 personas de todos los continentes: obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y también algún laico.
—En España, los bautizos de niños son cada vez menos frecuentes, pero aumentan cada vez más los de adultos. ¿Qué supone eso para la vida de la Iglesia?
—Según los datos de la Conferencia Episcopal, en el año 2024 fueron bautizados el 46 % de los niños nacidos. Este dato ya nos indica que en el futuro, de una manera creciente, mucha población española —incluidos los inmigrantes— se acercarán a los sacramentos de iniciación cristiana cuando sean jóvenes o adultos. Por ejemplo en Madrid, en lo que va de año, han sido bautizados 540 adultos y ya es una cifra creciente. Este fenómeno constituye un verdadero reto para la praxis pastoral de la Iglesia, no tanto para la reflexión. Recordemos que el Concilio, por la constitución Sacrosanctum Concilium, restauró el catecumenado dividido en grados y, pocos años después, la Santa Sede publicó el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos. Pues bien, desde entonces, tanto el magisterio pastoral como la reflexión pastoral y catequética han puesto en el centro de la renovación eclesial el catecumenado bautismal y, además, lo proponen como referencia para todos los procesos de iniciación de niños, adolescentes, jóvenes e, incluso, de adultos bautizados. Sin embargo, qué lejos estamos de que esta propuesta haya pasado a la pastoral de nuestras parroquias.
—De hecho, la Iglesia de Madrid ha situado el catecumenado de adultos como una de sus grandes prioridades pastorales para el curso que ahora iniciamos. ¿Por qué ese paso y cómo puede afectar a la vida de las parroquias?
—En efecto, tratando de responder al cambio sociológico y teniendo como referencia el magisterio pastoral, nuestro arzobispo, el cardenal Cobo ha visto la necesidad, primero, de promover y, después, de instaurar el catecumenado bautismal de adultos en nuestra diócesis. Esta decisión es muy interesante por dos motivos: primero, porque da respuesta a un grupo creciente de jóvenes y adultos que están pidiendo el Bautismo y, segundo, porque con la instauración del catecumenado bautismal tendremos la referencia marco para otros procesos iniciáticos: catequesis de niños, adolescentes, jóvenes, y también de aquellos adultos que, estando bautizados, quieren avivar su fe y renovar su vinculación a la Iglesia.
—¿Hemos superado la idea de que la catequesis es cosa de niños?
—En la práctica, no. En estos días, en todas las parroquias de España, ya se está convocando a la catequesis de Primera Comunión y de Confirmación. También se hace alguna convocatoria para adultos, pero esto es una excepción. Y las catequesis que se promueven la mayoría de las veces se alternan entre lo metodológico y lo doctrinal, pero pocas veces se desarrollan como un proceso catequético-litúrgico-espiritual de conversión por el que los cristianos entran, en la Iglesia, en comunión con Jesucristo y se van transformando a su semejanza.
—¿Qué debe tener en cuenta la catequesis de iniciación cristiana en los adultos, cuál sería el diferencial?
—La iniciación cristiana no supone solo iniciar en la vida sacramental; su objetivo es más integral. Pasa por iniciar en la vida cristiano-eclesial bajo la convicción de que es por esta vida, compartida en la comunidad, que el cristiano llega a pensar, sentir, actuar y esperar como Jesús, su Maestro y Señor. Por ejemplo, claro que hay que enseñar las oraciones cristianas, pero esto solo es el medio para enseñar a orar como Jesús, el Hijo de Dios. Se inicia en la vida de oración filial no solo a rezar oraciones. Otro ejemplo, claro que hay que enseñar el credo, pero hay que enseñarlo ayudando a cambiar de mentalidad: de mundana a cristiana, la cual ayuda a comprender el mundo, la propia vida y la historia desde la luz de la fe. Lo mismo podríamos decir de las otras dimensiones de la vida cristiana
Y todo esto no como algo meramente pedagógico, sino como un proceso espiritual por el cual el sujeto, a través de la catequesis y las diversas celebraciones, se va configurando como hijo en comunión con Jesucristo, Hijo de Dios. Es evidente, que este cambio de vida tiene como consecuencia que el cristiano pueda ser testigo del Evangelio y constructor del Reino.
—En estas palabras se percibe que la catequesis no puede reducirse a la transmisión de contenidos. ¿Qué diferencia hay entre enseñar contenidos, Religión, y acompañar a una persona en un proceso de fe?
—La clase de Religión y la catequesis comparten contenidos, pero difieren en contexto y finalidad. La enseñanza religiosa en los centros escolares se centra principalmente en contenidos doctrinales, presentados mediante el diálogo con la cultura. En cambio, la catequesis busca promover la fe y la vida cristiana, integrando la doctrina con las experiencias que permitan vivirla. Aunque la dimensión doctrinal es esencial, la catequesis ante todo busca favorecer el encuentro con Dios mediante la ejercitación en la vida cristiana. Así, Religión y catequesis se distinguen por objetivos y enfoques.

—¿Tenemos comunidades y catequistas capaces de acompañar procesos o seguimos funcionando con una lógica de «curso» y «sacramentos»? ¿Qué formación necesita hoy un catequista, tanto de niños como de adultos?
—Solamente quien se ha encontrado con Cristo y tiene experiencia de fe puede acompañarla en aquellos que la Iglesia le encomienda. Esto no quiere decir que muchos catequistas no la tengan, pero es habitual que vivan un divorcio entre su experiencia de fe y la catequesis que «tienen que dar»; la cual, sobre todo se ajusta a un material y a una programación prefijada.
Por otro lado, la dinámica con los adultos es distinta a la que se tiene con niños y adolescentes. Con estos, la dinámica es mucho más pedagógica, mientras que con un joven y un adulto es más dialógica. Como muchos catequistas se refugian en el material, les resulta difícil ser catequistas testigos del Evangelio con los adultos y los jóvenes.
Así, la formación debe incidir en la experiencia de fe los catequistas. Una experiencia de fe viva y eclesial. También debe ayudarles a ser capaces de comunicar dicha fe en un lenguaje actual, que ilumine la experiencia de vida de los varones y mujeres de hoy.
—A partir de esa dinámica y de esa doble forma de llevar a cabo la catequesis con niños o con adultos, ¿cómo responder a los adultos que plantean cuestiones, desde su experiencia vital, que tienen que ver con el sufrimiento, la sexualidad, los diversos tipos de familia, la ciencia, la muerte o el sentido de la vida?
—Es evidente que todos estos temas tienen que aparecer en la catequesis. Si no estuvieran, la vida y las preocupaciones de los adultos quedarían fuera de la fe. La dinámica catequética tiene que entrar en un diálogo de experiencia, ha de hacer posible que el Evangelio ilumine esos grandes temas que preocupan a nuestros contemporáneos. A partir de ahí, hay que desplegar un doble dinamismo: por un lado es preciso manifestar de un modo vivo y actual lo que la Iglesia cree, vive, propone; y por otro, es necesario ser capaces de acompañar los ritmos de las personas en el camino de exigencia que supone la vida de fe. Y esto en todos los órdenes de la vida: el económico, lo afectivo-sexual, lo familiar, lo social…
La propuesta cristiana siempre es un ideal; pero hay que ayudar y acompañar hacia ese ideal a todos los que quieren vivir, con la ayuda de la gracia, la nueva vida del Evangelio. Por eso la catequesis tiene un carácter procesual. Hay una presentación de lo que la Iglesia propone, pero esa propuesta necesita todo un tiempo en el que acompañar la respuesta libre de los que se inician.
—En el itinerario común de catecumenado de adultos que la Iglesia de Madrid quiere llevar adelante, ¿en qué se debe incidir para que este proyecto funcione?
—Al equipo diocesano del catecumenado, lo que más nos preocupa es la articulación eclesial. Se desea que en el proceso de iniciación de los adultos se impliquen todos los ámbitos eclesiales de nuestra diócesis: las comunidades eclesiales de origen, las parroquia de referencia y la catedral, entendida como la diócesis, el obispo.
En este curso, en el que se darán los primeros pasos, se va a promover, justamente, la colaboración eclesial de los ámbitos de origen, de referencia y de la catedral. Esa articulación eclesial en Madrid es más compleja que en cualquier otra diócesis y supone un verdadero reto que vamos a afrontar con ánimo y espíritu de colaboración.