Las carmelitas vedrunas dejan Cáceres tras 135 años

Las carmelitas vedrunas dejan Cáceres tras 135 años

Las religiosas han dejado Cáceres después de 135 años de presencia en la ciudad, donde han desarrollado una amplia labor educativa, pastoral y social

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Las vedrunas se despidieron del alcalde de Cáceres.
Las vedrunas se despidieron del alcalde de Cáceres. Foto: Vedruna Europa.

Las carmelitas vedrunas han dejado Cáceres después de 135 años, en medio de numerosas muestras de agradecimiento de antiguos alumnos, familias y de la Iglesia diocesana. La presencia de las hermanas en Cáceres comenzó en 1890, después de que un grupo de mujeres de la ciudad acudiera a la entonces superiora de la congregación para solicitar la apertura de un colegio, tras la experiencia que las carmelitas ya tenían en Trujillo.

Desde entonces, el colegio ha sido el principal ámbito de su misión, aunque su labor ha ido mucho más allá de las aulas. Las religiosas han atendido a familias con enfermos, trabajado en barrios marginados y colaborado en la catequesis y la atención pastoral de distintas parroquias.

Durante los años 90, las religiosas hijas de santa Joaquina de Vedruna han abierto además una comunidad en el barrio de Aguas Vivas, donde algunas hermanas han continuado dando clase mientras acompañaban a niños y vecinos. También durante años han visitado enfermos y colaborado en la catequesis de la parroquia de San Blas durante los fines de semana.

Valores y educación

En el ámbito educativo, las religiosas han tratado de transmitir a generaciones de alumnos valores como «la justicia, responsabilidad, respeto, educación, disciplina y cercanía», siguiendo lo que santa Joaquina de Vedruna denominó la «pedagogía del amor». «Los alumnos se sienten familia vedruna», ha explicado la religiosa Pilar Morano.

Alumnos del colegio de las religiosas en la ciudad. Foto: Vedrunas Cáceres.
Alumnos del colegio de las religiosas en la ciudad. Foto: Vedrunas Cáceres.

La despedida ha estado acompañada por numerosas muestras de afecto de antiguos alumnos. A través de los medios de comunicación, algunos han compartido recuerdos como «la mujer que soy les debe mucho a las vedrunas», «el cole ha sido una casa para mí» o «me enseñaron a ser buena persona».

La marcha de la comunidad ha sido «una sorpresa para muchos cacereños», según Morano, debido a los vínculos creados durante más de un siglo. El obispo de Coria-Cáceres también les ha hecho llegar una carta «de su puño y letra» para agradecerles su presencia y servicio en la diócesis.

Continuidad

La continuidad del carisma Vedruna en la ciudad quedará principalmente en manos del profesorado, entre el que hay varios antiguos alumnos que han conocido más de cerca el carisma de la congregación en Vic. También existe un grupo de laicas vedrunas, formado mayoritariamente por antiguas alumnas, aunque Morano reconoce que «lo que necesitan es compañeras jóvenes».

«Como hermana carmelita quiero dar gracias al Señor y a tantas extremeñas y extremeños que nos han acogido y dado su confianza durante tantos años», ha señalado Morano. «¡Gracias Cáceres, gracias cacereños!», concluye.