El Papa invita a «una correcta comprensión de la liturgia para rechazar los abusos»
En su última catequesis sobre la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, ha pedido a los pastores que promuevan «una liturgia en el respeto de las normas litúrgicas»
La catequesis de este miércoles ha sido la última sobre la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium . León XIV se ha centrado en explicar por qué los Padres conciliares quisieron promover una reforma de la liturgia.
Para comenzar su explicación, se ha referido a un documento escrito por el entonces arzobispo de Milán, el cardenal Giovanni Battista Montini, en la que aseguraba que la liturgia «es expresión sincera tanto de lo divino como de lo humano. Es lenguaje. Es vehículo de enseñanza divina, es voz de coloquio con Dios. Está claro que ella no puede renunciar a su función didáctica, y no puede no ofrecer a la fe y a la piedad la posibilidad de expresarse con espontánea inteligibilidad». De esta forma,el futuro Pablo VI afirmaba que los fieles «no pueden ni deben permanecer mudos y pasivos. Su presencia material no puede conciliarse con su ausencia espiritual».
Extraños y mudos espectadores
Estas afirmaciones van en la misma línea que la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium cuando asegura que «la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada». Por ello, el Papa León XIV ha insistido en que, dado que a través de la liturgia «se da la posibilidad de vivir la verdadera relación con Dios», «la participación de los fieles no puede ser pasiva».
De esta modo, la reforma conciliar quiso poner en el centro «lo que constituye el corazón de la experiencia eclesial». «De tal convicción nació la exigencia de hacer más accesible a todos los fieles la riqueza de los textos bíblicos y de las oraciones, y de hacer más lineal el ordenamiento celebrativo respecto al previsto en los libros litúrgicos entonces vigentes», ha dicho el Pontífice que ha recordado que la liturgia es una realidad viva.
La revisión de los libros litúrgicos
Por eso, el Concilio Vaticano II «con el máximo respeto por el patrimonio de la Tradición, y precisamente con el fin de hacer el magisterio más accesible», consideró necesaria una revisión de los libros litúrgicos. El Papa ha recordado que Sacrosanctum Concilium indica que la liturgia tiene una parte inmutable, por ser la institución divina, y otras partes sujetas al cambio que pueden varias en el tiempo.
«En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria», reza la constitución Sacrosanctum Concilium. León XIV ha puesto un ejemplo de lo que significó en la práctica: «Por eso, un ejemplo concreto fue proponer la revisión de los libros litúrgicos entonces vigentes, para adaptarlos mejor al presente, teniendo en cuenta con el máximo respeto las tradiciones del pasado».
Rechazar abusos
León XIV en esta catequesis ha explicado además que este deseo de una reforma litúrgica no nació de pronto, «sino que se había manifestado en la acción de los Papas que se sucedieron desde el inicio del siglo XX, en sintonía con las demandas del Movimiento litúrgico».
«La reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II se sitúa, por lo tanto, en la línea de la tradición viva de la Iglesia. Su correcta comprensión permite también rechazar los abusos que se han verificado en algunos sectores de la Iglesia en la etapa postconciliar, y que lamentablemente a veces todavía hoy se verifican, absolutizando o comprendiendo mal algunos de los principios que estaban en la base de la misma reforma», ha sentenciado León XIV.
Antes de concluir, ha pedido a los pastores, obispos y sacerdotes que promuevan «una liturgia que en, el respeto de las normas litúrgicas, resplandezca por su noble sencillez y manifieste así a la Iglesia una, santa, católica y apostólica», ya que será también un instrumento de evangelización y gracia.