«La mochila me pesaba, pero por las oraciones de la gente»
Los jóvenes madrileños de la parroquia Santos Inocentes cuentan su experiencia en el Camino de Santiago
Ha sido un verano «muy cargado de actividades» en la parroquia Santos Inocentes de Madrid y por eso, en principio, este año no se iba a hacer el Camino de Santiago, pero al final el plan salió y del 17 al 23 de agosto, un grupito ha hecho esta «experiencia bastante bonita».
Carlos Fajardo, el vicario parroquial, junto a un seminarista, un matrimonio y otros tres jóvenes de la parroquia han sido parte de las más de 363.000 personas que en lo que va de año han recogido su compostela en Santiago. Y así, han contribuido a marcar un récord histórico en número de peregrinos, calentando motores para el Xacobeo 2027.
Para casi todo el grupo de Santos Inocentes era su primera vez en el Camino. Ha habido «cansancio, albergues…», hasta chinches, «pero gracias a Dios todo bien; el esfuerzo valió la pena». Es un «salir de nuestra zona de confort» en una peregrinación en la que poder «compartir con otra gente» supone sin duda de las mejores cosas. De hecho, cuenta el sacerdote, coincidieron con un grupo de Lora del Río (Sevilla) con los que se estableció una «hermandad muy bonita». Y también con otros peregrinos que lo tenían identificado como «el padre de la Misa» porque en cada etapa celebraba la Eucaristía.

Una mochila llena de gente
Carlos explica que el Camino de Santiago no es turismo, sino una experiencia de fe. Por eso, uno va acompañado por las oraciones de los demás y por lo que uno ofrece por ellos. Es una comunión de los santos entre los feligreses que se quedaban en Madrid y los peregrinos: rezaban los unos por los caminantes, y estos ofrecían el Camino por las personas de la parroquia, sus trabajos, su salud…
«El camino no se hace solo, sino con toda la gente que llevas encima; la mochila me pesaba, pero por las oraciones de la gente y por las personas por las que rezaba».
Los peregrinos han recorrido 114 kilómetros, desde Sarria, dándole sentido al sufrimiento. Por eso, la emoción fue máxima cuando llegaron a Santiago y pudieron abrazar al Apóstol. «El corazón está súper contento», resume el sacerdote.
