La guerra y la destrucción del planeta son un «fracaso político, moral y espiritual» - Alfa y Omega

La guerra y la destrucción del planeta son un «fracaso político, moral y espiritual»

En su mensaje para la próxima Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, León XIV denuncia que las causas de los conflictos y la explotación de la creación responden a una crisis ética y cultural

Ángeles Conde Mir
El Papa asegura en su mensaje que «la guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones». Foto: OSV News photo/Reuters
El Papa asegura en su mensaje que «la guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones». Foto: OSV News photo/Reuters

«En esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos invita una vez más a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador». Son las palabras con las que el Papa León XIV comienza su mensaje con motivo de la próxima Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación que tendrá lugar el próximo 1 de septiembre.

Se trata de una fecha en el calendario de la Iglesia católica que se celebra junto a otras denominaciones cristianas. En 1989, el patriarca ecuménico Dimitrios I proclamó el 1 de septiembre como Jornada de Oración por la Creación para los cristianos ortodoxos. Posteriormente, el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) amplió la celebración hasta el 4 de octubre. En 2015, el Papa Francisco publicó la encíclica Laudato si’ y luego instituyó esta jornada también para la Iglesia católica.

La guerra y la destrucción del medio ambiente
El mensaje para este año se titula: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas». León XIV asocia la ausencia de paz al deterioro de la creación. Lamenta que cualquier esfuerzo humano parezca que solo esté dirigido a fomentar la violencia y la guerra, y asegura: «La guerra deja heridas que se extienden mucho más allá del campo de batalla». Además de la repercusión que causa en las personas, el Papa señala que «la guerra además deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones».

«Más aún, la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a menudo crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos. Esto genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros», afirma el Pontífice.

Durante todo su mensaje, el Papa hace continuas reflexiones a las consecuencias de la guerra en individuos, comunidades y en la misma familia humana, así como en su armonía con la creación. Tilda de «fracaso político, moral y espiritual» que la humanidad no haya logrado vivir a imagen y semejanza de Dios, que no se respete la vida y que no se cuide la tierra que el Señor nos ha confiado. «La guerra, arraigada en deseos distorsionados y en el mal uso de la libertad y el poder humanos, constituye un antitestimonio del Evangelio de la paz», apostilla León XIV.

Conversión del corazón distorsionado
Por eso, pide una conversión del corazón para responder a esas crisis, ya que «el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas y donde se revela nuestra condición caída». De ahí, escribe el Papa, que «los daños de la guerra y el deterioro de la tierra estén profundamente vinculados con la condición del corazón humano». Y diagnostica: «Los conflictos que atormentan a la humanidad, de diversos modos, son la expresión exterior de la discordia y división interiores». Así, cuando el corazón está distorsionado, «las relaciones sufren y las estructuras que construimos comienzan a reflejar ese desorden».

Retomando unas palabras de Benedicto XIV, que aseguraba que «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores», León XIV sostiene que es necesario reconocer que, lo que destruye nuestro entorno, también está dentro de nosotros. Por ello, destaca que para construir una sociedad pacífica, no solo hay que reformar estructuras, sino también renovar los corazones. Porque «las causas subyacentes del conflicto y la explotación de la creación provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana».

Transformar la herida en vida
El Papa invita a «transformar la herida en vida» pidiendo a Dios que nos ayude con su gracia. Afirma que, sin transformación interior, «la paz permanecerá frágil y será efímera». E insiste en que cuando los corazones se renuevan, las posibilidades se multiplican. De esta forma, la paz que comienza en el corazón «se proyecta hacia nuestras relaciones, nuestras comunidades y al mundo en su conjunto».

El Pontífice reconoce que los desafíos son enormes, pero anima a apoyarse en Dios con el fin de construir «la civilización del amor». «En este sentido, estamos llamados al cuidado de los múltiples “ecosistemas” que nos han sido confiados: los ecosistemas de la creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano», indica.

Por último, recuerda, como ha hecho en otras ocasiones, que «los auténticos instrumentos para la construcción de la paz no son las armas destructivas», sino que son «la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor».