El ébola deja ya 2.325 muertos en el Congo - Alfa y Omega

El ébola deja ya 2.325 muertos en el Congo

El brote se ha convertido en el más letal de la historia de la República Democrática del Congo y es ya el segundo más mortífero registrado en el mundo

Redacción
Trabajadores de la Cruz Roja equipados con equipos de protección individual en el cementerio de Nyamurongo, en Bunia, Congo. Foto: Foto OSV News/Reuters
Trabajadores de la Cruz Roja equipados con equipos de protección individual en el cementerio de Nyamurongo, en Bunia, Congo. Foto: Foto OSV News/Reuters

El brote de ébola en República Democrática del Congo ha dejado ya 2.325 muertos entre 4.945 casos confirmados, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Salud Pública congoleño. La epidemia, declarada oficialmente el pasado 15 de mayo, ha superado así el balance del anterior gran brote congoleño de 2018 que causó 2.299 fallecidos. Por lo tanto, se ha convertido en el más mortífero de la historia del país. Es además el segundo brote más letal registrado desde la epidemia de África Occidental de 2014-2016.

El virus continúa además ganando terreno y se ha extendido a una sexta provincia del país, Bas-Uélé. La Organización Mundial de la Salud ha confirmado que el caso detectado en esta zona pertenece a este mismo brote que se da en el resto del país. La mayor parte de la epidemia continúa concentrada en Ituri, donde se acumula el 85 % de los casos y el 79 % de los fallecimientos registrados. También se han detectado contagios en Kivu Norte, Kivu Sur, Haut-Uélé y Tshopo. La expansión geográfica preocupa especialmente porque se produce mientras las autoridades todavía tratan de identificar y seguir las cadenas de transmisión en las zonas donde el virus lleva más tiempo circulando.

Rápida propagación
El ritmo de crecimiento es uno de los factores que más preocupan. El brote ha alcanzado los 4.945 casos en apenas unos meses y ha superado los 2.000 fallecidos mucho antes que las anteriores grandes epidemias congoleñas. De hecho, los 1.000 primeros casos se alcanzaron en unos 40 días desde la activación de la respuesta sanitaria, frente a los aproximadamente 235 días que fueron necesarios durante el brote de 2018.

Detrás de la epidemia se encuentra el virus Bundibugyo, una variante para la que no existe actualmente una vacuna ni un tratamiento específico. Se están desarrollando y evaluando vacunas y tratamientos experimentales, pero todavía no se pueden considerar eficaces para combatir la transmisión.

La elevada mortalidad está relacionada también con la dificultad para detectar y tratar a los enfermos con rapidez. La tasa de letalidad ha aumentado hasta situarse alrededor del 47 %. Los especialistas advierten de que el incremento no implica necesariamente que el virus se haya vuelto más agresivo, sino que muchos pacientes están siendo identificados cuando la enfermedad ya se encuentra avanzada.

45 sanitarios fallecidos
A la fragilidad del sistema sanitario se suma la situación humanitaria del este del país. Los desplazamientos provocados por la violencia, la movilidad de la población, las dificultades para acceder a determinadas comunidades y la falta de recursos complican el seguimiento de los contactos y el aislamiento de los enfermos.

También preocupa la situación de los propios trabajadores sanitarios. Al menos 155 han contraído el virus y 45 han muerto desde el comienzo del brote, según los datos de la OMS hasta el 9 de agosto.