El Papa pide que se reconozca la dignidad de los menores migrantes
En su mensaje para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, León XIV aboga por que se intervenga en los países de origen para eliminar las causas de la migración forzada
En su mensaje para la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que la Iglesia celebra el 27 de septiembre, el Papa propone fijarse en la situación de los menores migrantes. De ahí, que el lema elegido sea «Incluso uno solo de estos pequeños», en alusión a la expresión del Evangelio de San Marcos: «quien acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí».
Testigos de una violencia indescriptible
«Los menores son los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales. Son rostros concretos, historias únicas, que apelan a nuestra conciencia», reconoce el Pontífice. En su mensaje, explica que millones de niños y adolescentes se ven obligados a abandonar cada año sus hogares y que, en no pocas ocasiones, lo han de hacer porque sus familias han muerto. «Son testigos de una violencia indescriptible», lamenta León XIV. También subraya otras circunstancias que padecen estos niños, como el hecho de ser separados de sus padres por la repatriación.
«A este panorama, ya de por sí dramático, se suman otras tragedias: las muertes a lo largo de las rutas migratorias, la trata y la explotación, el reclutamiento de menores para su participación en conflictos armados, la violencia sexual, los matrimonios forzados y las atrocidades sufridas o presenciadas durante el trayecto. Su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas», clama el Papa. Esto sucede porque no están protegidos por ningún adulto. Por eso, León XIV afirma que los menores migrantes están más fácilmente «relegados a la invisibilidad».
No es cuestión de cifras ni de estadísticas
Al mismo tiempo, pone el acento en la solidaridad de tantas personas y familias que abren las puertas de sus hogares y acogen a estos niños con un compromiso que testimonia que «el amor puede vencer a la indiferencia».
Para León XIV, «no es cuestión de cifras ni de estadísticas», ya que cada niño posee una dignidad infinita. Pide intervenir en los países de origen para eliminar las causas que los obligan a migrar. En los de tránsito y llegada, el Papa aboga por que se ofrezca protección y acogida. Reitera: «No podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento».
Por ello, invita a que se reconozca al niño en su dignidad antes que en su condición de migrante. Esto significa proteger sus derechos fundamentales. De esta forma, el Pontífice insta a las instituciones civiles a «reafirmar el principio del interés superior del menor». «Es urgente un cambio de perspectiva: hay que desplazar el eje del debate de la mera gestión de los flujos migratorios a la protección plena e inmediata de los derechos humanos, adoptando una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran», afirma en su mensaje.
La hospitalidad no debe ser abstracta
El Papa también pone deberes a la Iglesia. Asegura que la hospitalidad no debe ser abstracta e invita a que los refugiados y migrantes sean «miembros de pleno derecho de la familia eclesial». Anima además superar «la lógica del puro asistencialismo». «Es fundamental prevenir la soledad, el aislamiento y el rechazo, que no pocas veces afectan también a los hijos de los emigrantes, y promover dinámicas de encuentro e integración en las que los jóvenes del territorio y los jóvenes inmigrantes puedan fortalecerse juntos, en un camino de respeto mutuo, solidaridad y amistad», solicita.
León XIV encomienda a todos los migrantes a la Virgen, que junto a san José y el Niño, «conoció la crueldad de la violencia de Herodes y el drama del exilio en Egipto».