«La población ceutí no merece que se juegue con su estabilidad y prosperidad»
Ramón Valdivia, administrador apostólico de Ceuta y Cádiz, explica a Alfa y Omega que la ciudad no tiene medios para atender a los que se han quedado y afirma: «La peor parte la han corrido quienes han fallecido por culpa de una tiranía que no respeta la dignidad humana»
¿Cómo han sido los actos en honor a Santa María de África, patrona de Ceuta?, ¿ncesitaban los ceutíes el consuelo de la Madre?
Los ceutíes (o caballas, como también les gusta que les llamen) tienen un vínculo secular con la imagen de Santa María de África, son más de seiscientos años de protección, consuelo y aliento los que han animado a la confianza y, en esta ocasión, no podría ser de otra manera. Ella siempre responde.
Por eso, a pesar de las dificultades técnicas para garantizar la seguridad, tanto los días de la Novena a la Virgen, en el interior del Santuario como la Ofrenda floral del día cuatro de agosto, la Función Principal y la procesión de su día, han servido para confirmar una vez más, que la protección de la Virgen ha dado consistencia, valentía y confianza al pueblo de Dios. Los caballas se encontraron con su Madre, y Ella sacó del cofre del tesoro del Corazón de su Hijo el Espíritu Santo para derramarlo a quien la invoca como Madre y Patrona.

¿Qué sentimientos ha notado entre el pueblo?
Desde la mañana del viernes, cuando llegué a Ceuta y pude ver en directo la dimensión de lo que había ocurrido, pude escuchar a muchas personas que relataban cómo estaban. Por un lado, los ceutíes estaban intentando asimilar la llegada de una nueva invasión, mucho más desproporcionada que la del año 2021, desconcertados y desconsolados. El miedo se apoderaba de las almas mientras que nacían, y siguen naciendo, sentimientos de rabia por la desprotección manifiesta, por la vulnerabilidad de sus casas, por la desconfianza que invita a abandonar, como tantos otros.
Y, al mismo tiempo, aparecían en muchas ocasiones quienes se sentían doloridos de no poder reaccionar con la caridad que les hubiera gustado, ya fuese por la presión de otras personas o por el sentido común que te dice que es imposible socorrer a cien mil personas (más de la población original, imposible de abastecer, en condiciones normales). Por eso, frente a los sentimientos, tan volubles y manipulables, aparece la madurez de la vida cristiana, que responde a esta crisis con lo poco que tienen, y sobre todo, con la colaboración fiel a las instituciones.
¿Cómo de grave han sido los hechos y sus repercusiones?
Este hecho traspasa, con mucho, la gravedad de una crisis migratoria, ya de por sí, difícil de gestionar. Supone una prueba de alcance político internacional de ámbito geoestratégico, porque lo que está en juego es el control del Estrecho de Gibraltar, entre otras cosas. Y conocemos que, para lograr ese objetivo, no se ha dudado en forzar a la población a emigrar a gran escala con personas vulnerables como niños y niñas pequeños, madres gestantes, mujeres y también, lo sabemos todos, delincuentes que han recibido el indulto, para fugarse en estos días.
Además de las personas subsaharianas que entraron en esta apertura de fronteras, la vulneración de la integridad territorial, como se le ha llamado oficialmente, supone atender ahora a aquellos que no se han ido voluntariamente, y no querrán marcharse. A todos ellos hay que atenderles con medios que no tiene la Ciudad autónoma, especialmente para atender a los menores. Cualquier persona puede preguntarse ¿Cómo un país, y sus familias, dejan abandonados a miles de niños y niñas, condenados a su suerte? ¿Qué es lo que está ocurriendo, para que se utilice de esta manera tan burda la vida de los más pequeños? Debemos saber que, en estos días en los que hemos experimentado la intrusión y descomposición en la vida cotidiana, la peor parte la han corrido quienes han fallecido por culpa de una tiranía que no respeta la dignidad humana.
A mi juicio, el gran problema viene ahora, cuando los funcionarios tienen que gestionar el alcance y las medidas para atender a las personas. Sin medios materiales y personales no se podrá realizar con dignidad, y no parece que haya aún un mando único que permita gestionar, desde la legalidad española. esta respuesta.

¿Cómo orientarse en una situación así?
No podemos gestionar este desastre solo a base de sentimientos y buenas intenciones. Necesitamos orden y la aplicación de las leyes y protocolos derivados de un Estado social y democrático de Derecho, como dice nuestra Constitución. No podemos tomarnos la justicia por nuestra mano, pero si debemos exigir el cumplimiento de las responsabilidades de protección, como en cualquier ciudad española. La población ceutí necesita confiar en las instituciones, y eso es lo primero que debe atender sus responsables, que deben ganarse el respeto y autoridad por la eficacia con la que trabajan. La población ceutí ha respondido con mucha responsabilidad, por eso, merece que no se juegue ni con su estabilidad ni con su prosperidad.
Tras los 140 muertos y los 1342 niños y niñas varados en Ceuta, ¿Qué ofrece la Iglesia con este panorama en este momento?
En primer lugar, la Iglesia ha ofrecido la fe, y la responsabilidad ante Dios de toda vida humana. La atención personal de los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los laicos tanto de las Hermandades, especialmente la de Santa María de África, como los voluntarios del Centro San Antonio, de la Delegación de Migraciones y de Cáritas, han trabajado coordinados y unidos, sosteniéndonos y protegiéndonos. Se ha ofrecido el consuelo de la fe, y la racionalidad que nace del Evangelio. Sabemos que nuestra respuesta, frente a la ayuda que debe ofrecer el Estado, es una pequeña semilla, pero está destinada a dar fruto de esperanza.