León XIV sobre la vocación: «Tomar una decisión para siempre no nos encierra en una jaula»
Tres portavoces de la juventud franciscana le han hecho tres importantes preguntas
«Estoy realmente contento de estar aquí con vosotros». Con estas palabras se ha presentado el Papa ante los casi 3000 jóvenes y fieles que le esperaban en la plaza de la basílica de Santa María de los Ángeles, en Asís. Los chicos y chicas, llegados sobre todo de Europa, pero también de otros países, han pasado tres días reflexionando sobre distintos aspectos de la vida y de la fe en el marco del encuentro Go! Franciscan Youth Meeting. El fruto de esa puesta en común se ha concretado en tres preguntas que han planteado tres jóvenes portavoces al Papa León XIV.

Karolina, croata, quería saber cómo vivir en un mundo que cambia rápido, donde es difícil encontrar referencias estables y relaciones auténticas y donde, sobre todo, es difícil ser testigos de Cristo.
Ser testigo de Cristo abre la mente
El Papa le ha respondido que, precisamente ella, proviene de una región donde se vivió una cruel guerra y «una peligrosa mezcla entre confesión religiosa y nacionalismo». Por eso, ha alabado la presencia de los franciscanos en aquellas tierras porque ha promovido el diálogo y la convivencia, trabajando «por la purificación de la memoria y cultivando la reconciliación».
«A los cristianos se les pedirá cada vez más que se conviertan en artífices de paz en el seno de sociedades tentadas a instrumentalizar la religión en la confrontación de identidades», ha asegurado León XIV.
También ha respondido a Karolina que los jóvenes tienen que ser artífices de paz y testigos de Cristo, «porque abre la mente y el corazón más allá de las fronteras artificiales, es decir, más allá de los miedos provocados por la desinformación y los muros del prejuicio». «Alejarse de la cultura del poder y construir la civilización del amor no se comprende ni se acepta de inmediato. De san Francisco, sin embargo, aprended la radicalidad evangélica, que es lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos», ha distinguido el Papa.
Ha invitado a los jóvenes a que den testimonio, sobre todo, en un tiempo en el que «la tecnología hace que sea más difícil que las personas de carne y hueso compartan entre sí».
La vocación y la libertad
Giovanni, italiano, ha preguntado a León XIV cómo vivir la vocación. El Pontífice ha explicado que hoy en día se da una interpretación de la libertad que causa confusión. Por eso, ha subrayado que «el valor de tomar una decisión definitiva es quizás el acto más revolucionario». «Tomar una decisión para siempre no nos encierra en una jaula, sino que nos abre a un dinamismo mayor». Por contra, ha indicado, «seguir probando puede dar lugar a un coste humano es elevado y un vacío interior profundo».
Por ello, León XIV ha invitado a los jóvenes a decidirse y a arriesgarse: «Por mi propia experiencia, puedo decir que el Señor nunca me ha abandonado, siempre me ha acompañado, regalándome también personas con quienes caminar juntos. Así, en mi vocación a ser sacerdote, miembro de la comunidad agustina y misionero, he encontrado una especie de luz que me ha guiado hasta hoy, hasta el momento en que tuve que decir que sí a una llamada muy especial: la de ser Papa». Cuando León XIV ha dicho esto, los jóvenes han respondido cariñosamente con un aplauso.
La Iglesia, Madre pese a las contradicciones
Luigi, también italiano, quería saber por qué a veces es difícil ver a la Iglesia como una Madre si tenemos en cuenta sus contradicciones. El Papa ha recordado que el Evangelio ya advierte del escándalo que los discípulos de Cristo pueden causar a los demás. Pero también el Evangelio muestra que «el deseo de Jesús para la Iglesia es claro: se trata de que nos convirtamos en su cuerpo y manifestemos su vida, seguir su ejemplo y ejercer un tipo diferente de fuerza, que no humilla, sino que levanta». Para ello, ha exhortado a acudir a los sacramentos, la Palabra de Dios y practicar el amor fraterno, como hizo san Francisco de Asís.