El Vaticano asegura que las casas no son para especular
Ante la Asamblea de las Naciones Unidas, el representante de la Santa Sede ha subrayado que la falta de vivienda es «una grave afrenta a la dignidad humana»
Hace diez años, la ONU propuso al mundo la llamada Nueva Agenda Urbana. Se trata de una guía para el desarrollo de políticas y acciones urbanas sostenibles. Propone, principalmente, implementar medidas para que todos los que viven en una ciudad puedan llamarla «hogar». Así, entre otras cosas, insta a promulgar leyes claras para ordenar el suelo y la propiedad, a hacer las ciudades más verdes, a planificar el diseño urbano y a promover la coordinación entre los gobiernos municipales y nacionales para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.
El consejero de la Misión Permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas, Robert D. Murphy, intervino en la Asamblea General de las Naciones Unidas con motivo del décimo aniversario de este protocolo de actuación.
Un desarrollo urbano por el bien común
El diplomático relacionó el desarrollo de las áreas urbanas con el servicio a la dignidad del ser humano. Así, «el desarrollo urbano no puede medirse únicamente por la altura de sus edificios o la fortaleza de su economía, sino, sobre todo, por su capacidad para permitir que cada persona prospere participando plenamente en la sociedad y contribuyendo al bien común». Por eso, destacó que una verdadera ciudad puede llamarse «sostenible» si es capaz de abordar las distintas formas de pobreza que afectan a sus habitantes, las desigualdades y la degradación ambiental.
«Si las ciudades y los espacios urbanos no apoyan a quienes viven en la pobreza y a las personas sin hogar, no alcanzarán la visión plasmada en la Nueva Agenda Urbana», indicó Murphy.
La vivienda no es un activo financiero
Para el diplomático, uno de los desafíos más importantes para el desarrollo urbano es la falta de vivienda que calificó de «grave afrenta a la dignidad humana» que «menoscaba la capacidad de ejercer muchos derechos humanos fundamentales y atrapa a individuos y familias en ciclos de exclusión y pobreza».
Por todo esto, el representante de la Santa Sede aseguró que la falta de vivienda es un problema que debería afectar a toda la comunidad internacional. Y concluyó: «La vivienda no debe considerarse simplemente como una mercancía o un activo financiero, sino como un pilar fundamental de la sociedad al servicio del bien común».
En su discurso, el diplomático vaticano no se limitó a enumerar los problemas. Como representante de la Santa Sede, expuso la propuesta de la Iglesia que se cifra en una mayor inversión en vivienda asequible seguida de un plan para abordar las causas profundas de la vivienda como son la pobreza, el desempleo, la desintegración familiar, los problemas de salud mental o los desplazamientos forzosos.
Humanizar las ciudades
Precisamente el Papa León XIV ha invitado a todos los fieles a rezar en este mes de agosto para que «las ciudades podrán generar comunidades urbanas que sean hogares abiertos y acogedores, lugares donde se comparta la esperanza, donde nadie se sienta invisible».