Santiago José Portas Alés: «Jesús no ofrece técnicas de gestión, pero enseña a ejercer la autoridad» - Alfa y Omega

Santiago José Portas Alés: «Jesús no ofrece técnicas de gestión, pero enseña a ejercer la autoridad»

Cristina Sánchez Aguilar
Santiago José Portas Alés
El autor es director de Instituciones Religiosas y Tercer Sector del Banco Sabadell. Foto cedida por Santiago Portas.

¿Puede el Evangelio iluminar también la dirección de una empresa? Santiago Portas Alés está convencido de que sí. Tras más de 25 años de experiencia en el sector financiero, publica 70 veces 7. Liderar desde el perdón, la verdad y la reconciliación, donde defiende que escuchar, corregir, servir y perdonar no son solo virtudes cristianas, sino también claves para ejercer un liderazgo capaz de fortalecer las organizaciones.

—⁠Después de cientos de libros sobre liderazgo y el auge de los coaches en redes sociales, ¿qué echaba en falta para decidir escribir uno?
—Echaba en falta un liderazgo contado desde dentro, desde la realidad cotidiana de quien debe tomar decisiones, gestionar conflictos y convivir con sus propios errores. Hay excelentes libros sobre técnicas de dirección, pero yo quería hablar de algo más profundo: cómo liderar personas sin perder humanidad y cómo puede ayudarnos el Evangelio a hacerlo.

—Usted no escribe como profesor de management, sino como alguien que dirige personas. ¿Qué experiencias concretas le hicieron pensar: «Esto merece convertirse en un libro»?
—Después de más de veinticinco años en el sector financiero, he vivido conflictos, decepciones, conversaciones difíciles, errores propios y ajenos, pero también reconciliaciones que permitieron reconstruir relaciones y equipos. Descubrí que muchas situaciones que parecían bloqueadas no se resolvían únicamente con procedimientos, sino con escucha, verdad, humildad y perdón. Ahí estaba el germen del libro.

—¿Cuándo descubrió que el Evangelio podía leerse también como un manual de liderazgo?
—Más que como un manual, lo entiendo como una fuente de criterios para liderar. Jesús no ofrece técnicas de gestión, pero enseña a ejercer la autoridad, corregir, escuchar, servir, confiar y dar nuevas oportunidades. Con el tiempo descubrí que muchas de sus enseñanzas respondían a dilemas que yo encontraba cada día en mi responsabilidad profesional.

—El perdón suele considerarse una virtud privada. Usted sostiene que también puede ser una herramienta de dirección. Explíqueme esa afirmación.
—Toda organización acumula errores, agravios y desconfianzas. Si no se gestionan, terminan condicionando las decisiones y deteriorando los equipos. El perdón no borra lo ocurrido, pero evita que el resentimiento dirija la organización. Permite aprender, reparar y volver a construir una relación sobre bases nuevas.

—¿Existe el riesgo de confundir perdón con permisividad?
—Sí, y es una confusión peligrosa. Perdonar no significa justificar una conducta, renunciar a corregirla ni eliminar sus consecuencias. El verdadero perdón necesita verdad y responsabilidad; la permisividad, en cambio, evita afrontar el problema y puede terminar perjudicando a toda la organización.

—⁠¿Se puede perdonar y velar por que se cumplan los derechos y los deberes al mismo tiempo?
—No solo se puede, sino que se debe. El perdón pertenece al ámbito de la relación personal; la justicia garantiza los derechos, los deberes y el bien común. Se puede perdonar interiormente a una persona y, al mismo tiempo, exigir que repare el daño o asuma las consecuencias de sus actos.

—Hoy se habla mucho de liderazgo horizontal, liderazgo servicial, liderazgo emocional… ¿Qué aporta específicamente el liderazgo cristiano?
—Aporta una visión concreta de la persona: nadie es solo un recurso, una función o un resultado. Cada persona posee una dignidad que no depende de su productividad. Además, el liderazgo cristiano entiende la autoridad como servicio, pero un servicio que no renuncia a la verdad, a la exigencia ni a la misión.

—¿Qué destruye antes una organización: la incompetencia o el deseo de poder?
—La incompetencia puede corregirse con formación, experiencia o cambios de responsabilidad. El deseo de poder es más destructivo porque suele esconderse, contamina las relaciones y convierte a las personas en instrumentos. Cuando alguien antepone su posición a la misión, puede llegar a considerar una amenaza a cualquiera que diga la verdad.

—⁠Muchos cristianos viven su fe como algo privado. Usted propone justo lo contrario. ¿Por qué?
—La fe es personal, pero no puede ser irrelevante para nuestra forma de vivir. Si influye en cómo tratamos a los demás, cómo tomamos decisiones y cómo ejercemos la autoridad, necesariamente tendrá una dimensión pública. No se trata de imponer creencias, sino de actuar con una coherencia reconocible.

—⁠¿Existe todavía cierto complejo entre los directivos cristianos a la hora de hablar públicamente de sus convicciones?
—Sí, creo que todavía existe. A veces tememos parecer poco profesionales o ser etiquetados. Sin embargo, se puede hablar de la propia fe con naturalidad, respeto y sin imponerla. La mejor forma de hacerla creíble no es un discurso, sino la coherencia entre lo que afirmamos y la manera en que tratamos a las personas.

Santiago José Portas Alés
Foto cedida por Santiago Portas.

—⁠¿Qué error cometen hoy la mayoría de los responsables de recursos humanos?
—Probablemente, reducir a las personas a indicadores, competencias o niveles de rendimiento. Todo eso es necesario, pero insuficiente. Una organización necesita conocer también las expectativas, los miedos, las circunstancias y el propósito de quienes trabajan en ella. Cuando se administra talento, pero no se cuida a la persona, el compromiso termina debilitándose.

—¿Hay algún fracaso detrás de este libro?
—Hay varios. El libro nace también de mis errores, de decisiones que podría haber tomado de otra manera y de relaciones que no siempre supe cuidar a tiempo. No escribo desde una pretendida superioridad moral, sino desde el aprendizaje. En cierto modo, 70 veces 7 es el libro que yo mismo habría necesitado en algunos momentos de mi vida profesional.

—⁠¿Qué cree que las empresas podrían aprender de la Iglesia… y qué debería aprender la Iglesia de las empresas?
—Las empresas podrían aprender de la Iglesia su visión de la dignidad humana, su vocación de servicio, su capacidad de generar comunidad y su mirada a largo plazo. La Iglesia, por su parte, puede aprender de las empresas algunas herramientas de planificación, evaluación, transparencia, comunicación y rendición de cuentas. El intercambio resulta valioso siempre que la Iglesia no pierda su identidad ni convierta su misión en una mera gestión de resultados.

—Si mañana le llamara el presidente de una gran multinacional y le pidiera un único consejo para dirigir mejor a sus empleados, ¿qué le diría?
—Le diría: no tome ninguna decisión importante sobre una persona sin haberla escuchado de verdad. Escuchar no obliga a darle la razón ni impide adoptar una decisión difícil, pero permite comprender mejor la realidad y preservar su dignidad. Muchas injusticias empresariales comienzan cuando se decide desde lejos.

—¿Cuál es la decisión empresarial más difícil que puede tomarse sin dejar de ser cristiano?
—Probablemente, una decisión necesaria que perjudica gravemente a una persona, como prescindir de ella por razones justificadas. Ser cristiano no impide tomar decisiones difíciles, pero exige examinar las razones, buscar alternativas, actuar con justicia y cuidar especialmente la forma. La pregunta no es solo qué decisión tomo, sino desde qué intención y cómo trato a quien sufrirá sus consecuencias.