Notre Dame ha marcado la visita del Papa a Francia: él mismo ha contado cómo
León XIV ha resumido en la audiencia general su viaje al país galo en clave de «renacimiento»: el de la Iglesia francesa tras la secularización y el de Europa tras la Segunda Guerra Mundial
«Renacimiento». Esta es la palabra que, para el Papa León XIV, resume su reciente visita a Francia, del 25 al 28 de septiembre. Por eso, la imagen que ha elegido para resumirlo en la audiencia general de este jueves es la de la catedral de Notre Dame. Una visita que ha descrito como «un gran regalo para mí y para el pueblo de Dios».
Solo siete años después del terrible incendio que sufrió, la catedral de París «ahora está reconstruida y luce más esplendorosa que nunca». El Santo Padre ha subrayado la «reacción positiva» a todos los niveles, desde el práctico hasta el espiritual, «más escondido».
Su reconstrucción es «una prueba de la posible colaboración entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil». Una dinámica que «ha permitido aprovechar al máximo tanto la generosidad de los benefactores como las competencias de los profesionales y los artesanos».
Este mensaje a favor de «la sinergia en pro del bien común», que «debería ser el estilo normal», es el mensaje que, en sus propias palabras, quiso transmitir el Santo Padre tanto a las autoridades francesas como a la UNESCO. Con un matiz: esta colaboración se debe basar sobre «el criterio fundamental» de «la dignidad de la persona».
¿Por qué hay una «nueva generación» de creyentes?
El Papa también ha relacionado Notre Dame con la vigilia con jóvenes que tuvo lugar después en el Estadio de Francia. Una relación que se basa en la imagen de una «Iglesia de piedras vivas». Si en la catedral estaban el clero, los consagrados y los agentes de pastoral, en el estadio estaba «la nueva generación francesa». Que no lo es «solo por la edad, sino más aún por su espíritu, por la libertad de corazón y de fe». Son, como les dijo, «los santos de Francia». «Fue una gran señal de esperanza».
Otras dos señales de esperanza fueron la visita al centro de integración de inmigrantes Maison Bakhita, «uno de los muchos lugares, frutos del Evangelio, en los que se trabaja a diario para servir con amor a la dignidad de la persona humana»; y el encuentro con los catecúmenos y neófitos.

El creciente número de adultos que piden el Bautismo es, en efecto, «una señal de renacimiento que perdura desde hace algunos años». Se trata de una «hermosa sorpresa de Dios» que ha suscitado una asamblea sinodal provincial y que el Pontífice quiso animar.
Con todo, para León XIV, la «verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que solo Dios puede hacer, por intercesión de la Virgen», fue la Misa en la plaza de la Concordia. Ha destacado sobre todo la «notable multitud» que recorría los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo y más allá.
«Toda vida humana conserva la propia dignidad»
Notre Dame, en este caso de Lourdes, fue la que convocó en primer lugar al Papa a este santuario al norte de los Pirineos, un «santuario de la civilización del amor». De este enclave, ha destacado cómo el Señor, a través de María, «comunica a todos, peregrinos y especialmente a enfermos en el cuerpo y en el espíritu, un mensaje de esperanza y de renacimiento».
Allí «he querido relanzar abiertamente» un mensaje: «Toda vida humana, de cualquier condición, también en la fragilidad más grave, conserva la propia dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con la compasión humana y con el auxilio de los medios que ofrece la ciencia».
El Pontífice ha aludido también a su encuentro con víctimas de abusos en el seno de la Iglesia. «Les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos».
La Europa que conocemos, con su patrimonio espiritual y moral, hunde sus raíces en la vida y en la obra de hombres y mujeres que han vivido, predicado y compartido las enseñanzas del Evangelio. De allí se han transmitido los fundamentos morales del mundo en el que vivimos:…
— Papa León XIV (@Pontifex_es) September 28, 2026
Europa, reconstruida como Notre Dame
Sobre la etapa en Metz, región martirizada por la guerra y cuna de Robert Schuman, padre de la UE, ha subrayado que «lo que sucedió en Notre Dame con el incendio sucedió en Europa con la Segunda Guerra Mundial». Es decir, «la Europa contemporánea nació precisamente como proyecto de paz después de la destrucción de la guerra».
Y lo hizo «sobre la base de aquellos principios de democracia, solidaridad y fraternidad entre los pueblos que deben mucho a sus raíces cristianas». El Santo Padre ha reivindicado que «sobre esos cimientos y con esa fuerza vital, el proyecto europeo puede renovarse, de un modo mucho más globalizado, donde el diálogo interreligioso desempeña un papel de importancia primaria».