La parroquia que acompañó a las víctimas de los atentados de ETA - Alfa y Omega

La parroquia que acompañó a las víctimas de los atentados de ETA

San Hermenegildo y Santa María de la Cabeza se encuentra en una de las zonas más castigadas en su día por los terroristas de ETA. Hoy atiende sobre todo la vida sacramental de unos fieles «de mucha fe»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
La parroquia es la referencia de los vecinos.
La parroquia es la referencia de los vecinos. Foto: Parroquia San Hermenegildo y Santa María de la Cabeza.

No hace todavía mucho tiempo, el paseo de Virgen del Puerto era una de las zonas más sensibles de Madrid. Aquí se levantó en su día una colonia de viviendas para militares, que cada mañana tenían que revisar los bajos de sus coches por la amenaza terrorista de ETA. Durante más de 20 años, los vecinos vivieron sobresaltados por diferentes atentados que tuvieron lugar en estas calles, varios de ellos con víctimas mortales.

«En esos años ETA mató a mucha gente en el barrio y del barrio», atestigua Jesús Delgado, párroco de San Hermenegildo y Santa María de la Cabeza. Precisamente muy cerca del templo concluyó la tregua trampa de finales de los 90, con un coche bomba que mató al teniente coronel Pedro Antonio Blanco, el 21 de enero de 2000, dejando viuda y dos hijos. Todo ese dolor «acabó alejando a mucha gente del barrio —señala Delgado—, pero siguen quedando todavía muchos miembros de todas esas familias, algunos ya muy mayores».

Hoy el territorio parroquial comprende toda la margen del río Manzanares que va desde Príncipe Pío hasta donde antes se levantaba el estadio Vicente Calderón, con las numerosas viviendas que se pudieron levantar tras su derribo. «Es una zona muy amplia, e incluye buena parte de Madrid Río», confirma el párroco. Al territorio parroquial pertenece también, por tanto, la ermita de la Virgen del Puerto, una privilegiada presencia de Iglesia en medio de una de las zonas de esparcimiento más concurridas por los madrileños en los últimos años.

Toda esa actividad contrasta con el perfil sociológico de la parroquia. «Aquí queda todavía gente que pasó la Guerra Civil, el hambre y muchas cosas más. Hay mucha longevidad», cuenta el sacerdote. Su presencia contrarresta de alguna manera la horda de visitantes que pueblan las calles de este barrio debido al boom de los pisos turísticos: «como estamos muy cerca del centro, esta zona es muy golosa para este negocio», confirma Delgado.

Jesús Vidal, hoy obispo de Segovia, en visita pastoral hace unos años.
Jesús Vidal, hoy obispo de Segovia, en visita pastoral hace unos años. Foto: Parroquia San Hermenegildo y Santa María de la Cabeza.

Ello hace que sea «muy difícil» comprar o alquilar un piso como vivienda habitual, por lo que son muy pocas las familias jóvenes que se pueden permitir vivir aquí. Lo mismo sucede con los migrantes: «los que llegan son familias recién llegadas a Madrid que empiezan a buscarse la vida, pero en cuanto pueden buscan casa en otras zonas más asequibles». Lamentablemente, «aquí ha habido gente que alquilaba su piso sin conciencia moral, en condiciones muy penosas y a precios altísimos, y por eso muchos han tenido que irse», abunda. En la parroquia, este fenómeno se nota sobre todo en la labor de acogida de Cáritas, porque «es gente que va cambiando mucho. Vienen por aquí dos meses o tres y luego desaparecen».

Este éxodo migratorio dentro de la misma ciudad también se percibe en los colegios de la zona, que cada año cuentan con menos alumnos. Y en la parroquia se ve porque el perfil medio es de gente «mayoritariamente mayor». Además, «tras la pandemia notamos también un descenso considerable de fieles».

Aun así, los salones del templo dan cabida a las catequesis de infancia y de Confirmación —cuando hay suficientes adolescentes—, y existe un grupo de formación de adultos que se llama Escuela de cristianismo. La parroquia no ofrece retiros de impacto porque ya hay algunas alrededor que sí tienen grupos de Emaús y de Effetá, y cuando viene una persona aislada a pedir un sacramento de iniciación cristiana, el párroco lo deriva a otra parroquia «para que no se sienta solo y pueda tener comunidad».

En estas circunstancias, San Hermenegildo —a la que se dio este nombre por ser, precisamente, el santo protector de los veteranos de las Fuerzas Armadas— sobrevive dando sobre todo un servicio sacramental a los feligreses. «La gente de la parroquia es gente de mucha fe. Vienen muchos a Misa a diario, y son personas que tienen muy en cuenta los sacramentos», considera Delgado.