El ébola se extiende demasiado rápido - Alfa y Omega

El ébola se extiende demasiado rápido

El brote se propaga en República Democrática del Congo, donde se superan los 2.300 casos y se rozan los 1.000 muertos. La buena noticia es que Uganda ha logrado contener la epidemia

Ángeles Conde Mir
Médicos Sin Fronteras ha abierto nuevos centros especializados para atender la emergencia sanitaria.
Médicos Sin Fronteras ha abierto nuevos centros especializados para atender la emergencia sanitaria. Foto: AFP / Jospin Mwisha.

En la cascada ininterrumpida de información que llega a diario, las crisis y catástrofes duran lo que los reflectores apuntan sobre ellas. Y, sin embargo, sigue muriendo gente. Y morir de ébola es atroz. Especialmente, si la variante que está circulando en República Democrática del Congo, la Bundibugyo, es mucho menos frecuente que el virus del ébola Zaire y no cuenta con vacunas ni tratamientos. El país se asoma a su 17 epidemia de ébola. Su epicentro, como si no fuera suficiente, es una zona con ataques de milicias, desplazados internos, carestía y falta de asistencia médica. «Es desgracia sobre desgracia y no se ve el final», comenta a Alfa y Omega el misionero Francisco Ostos, que lleva 53 en este país, el antiguo Zaire. El vive en Mahagi, en la región de Ituri, donde se concentra el mayor número de casos: «En Ituri hay cuatro grupos armados que están sembrando desolación y miseria. También el ejército ugandés, que nos ha invadido. En nuestra diócesis tenemos campos de desplazados y de refugiados, con personas hacinadas y eso es una fuente de enfermedades».

En mayo, antes de que evolucionara como lo está haciendo la epidemia, este padre blanco, a través de Obras Misionales Pontificias (OMP), ya lanzó una primera alerta. Y no se equivocaba. Para el 20 de julio, República Democrática del Congo reportaba 930 fallecidos y 2.344 casos confirmados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de que el número real podría ser entre dos y cuatro veces mayor que el registrado. 

El brote en fechas
  • A principios de año comienzan las primeras infecciones en la ciudad minera de Mongbwalu, en Ituri (R. D. del Congo). Se confunden con malaria. El virus comienza a circular.
  • El 15 de mayo, R. D. del Congo declara oficialmente el nuevo brote causado por una variante, el virus Bundibugyo, para la que aún no existe una vacuna aprobada.
  • El 17 de mayo, la OMS clasifica la situación como emergencia de salud pública de importancia internacional, debido al riesgo de propagación entre países más allá de R. D. del Congo y Uganda y la incertidumbre existente sobre el número real de casos.
  • En junio comienzan los primeros ensayos clínicos con tratamientos experimentales posibles vacunas.
  • A principios de julio, la OMS alerta de que el brote se está propagando rápido.

La preocupación se explica con la comparativa que ofrece el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Según sus datos, este brote de ébola superó los 1.000 casos confirmados en los primeros 40 días, mientras que el de 2018 tardó 235 jornadas en alcanzar esa cifra.

El padre Ostos dejó el Congo para pasar unos días en España, pero ahora no puede volver. Las fronteras están cerradas y quizá hasta fin de año no se reabran. Dependerá de cuánto sea de estricta la vigilancia epidemiológica. El misionero explica que en su diócesis se afanan por informar, «por ir por los mercados, como antiguamente, para explicar a la gente que es peligroso el contacto porque el virus es muy contagioso».

Buena parte de esta tarea es hacer comprender que a estos muertos hay que honrarlos extremando las precauciones. «Cuesta mucho hacer entender las medidas de prevención y que dejen enterrar a sus familiares como tiene que hacerse. Porque quieren abrazarse y, como el ébola se contagia por fluidos humanos, todo el mundo se contagia y esto va de mal en peor», lamenta el misionero. 

Ostos en R. D. del Congo.
Ostos en R. D. del Congo. Foto: Obras Misionales Pontificias.

En este aspecto coincide plenamente otro, el comboniano Daniele Giusti, médico especialista en enfermedades infecciosas que ha trabajado durante 30 años en Uganda. «En la prevención de la transmisión se interviene con medidas muy drásticas que no siempre entiende la población. No confían en el personal que aparece de pronto y no aceptan no hacer funerales. Por eso, es necesario que se comunique de modo comprensible», explica este italiano. La presencia de los misioneros, personas en quienes confían las comunidades, facilita mucho la labor del personal sanitario. Son los que siempre están y pueden tejer esa confianza que se necesita en los momentos críticos.

La OMS ha expresado su preocupación por la falta de control y rastreo en Congo, ya que más del 80 % de los nuevos casos provienen de cadenas de transmisión no identificadas. El único rayo de esperanza proviene de Uganda. Allí, todos los casos hasta la fecha han sido notificados solo en la capital, Kampala, y no se ha detectado propagación comunitaria. El último paciente fue dado de alta el 16 de julio y no se han confirmado nuevos casos desde el 21 de junio. «La epidemia del 2000 en Uganda fue una gran lección y el país aprendió a implementar un sistema de vigilancia eficaz para contener la epidemia», corrobora Giusti, quien llegó a coordinar todos los hospitales católicos del país.