El párroco de La Guaira: «No dejen de orar por Venezuela; la reconstrucción será larga»
15 días después del terremoto que devastó parte de Venezuela, el sacerdote Antonio Rella explica cómo la Iglesia acompaña a las víctimas y pide que no cesen las oraciones ni la ayuda internacional
15 días después del terremoto que devastó parte de Venezuela, el sacerdote Antonio Rella, párroco de la parroquia Inmaculado Corazón de María, lanza una petición para cuando desaparezcan los focos mediáticos: «No dejen de orar por Venezuela». Mientras la Iglesia distribuye ayuda humanitaria y acompaña a las víctimas en su dolor, el sacerdote advierte de que la reconstrucción material y espiritual será un camino largo.
El seísmo del pasado 24 de junio dejó numerosas víctimas y cuantiosos daños materiales en el estado de La Guaira y otras zonas del país. Desde las primeras horas de la emergencia, parroquias, comunidades religiosas y Cáritas se movilizaron para atender a los damnificados, convirtiéndose en una de las principales redes de apoyo sobre el terreno.
En declaraciones a Vatican News, Rella reconoce que todavía resulta difícil medir el alcance de la tragedia. «El destrozo fue monumental. Hay lugares que se asemejan a escenarios de guerra y otros que evocan imágenes apocalípticas, con edificios completos reducidos a escombros».

La parroquia se convirtió en un centro de ayuda
Aunque el templo sufrió daños menores, la parroquia pudo mantenerse abierta y se transformó rápidamente en un punto de referencia para la emergencia. «Se convirtió en un lugar de encuentro para los sacerdotes y también en un centro de distribución de ayuda para las comunidades vecinas», explica el sacerdote.
No todas las iglesias de la diócesis han corrido la misma suerte. La catedral presenta importantes daños estructurales y varios templos deberán ser demolidos, lo que obligará también a una larga reconstrucción del patrimonio eclesial.
El sacerdote destaca asimismo la rápida respuesta de la Iglesia organizada. «La primera organización que mostró activarse de manera inmediata fue Cáritas», afirma, al tiempo que agradece la solidaridad recibida desde distintos puntos de Venezuela y del extranjero.
«Encontrar las palabras no resulta fácil»
Más allá de las necesidades materiales, el mayor desafío es acompañar el sufrimiento de quienes lo han perdido todo. «No es fácil no ponerse en la situación de la otra persona. Es prácticamente imposible no ser empático», confiesa.
Hay escenas que reconoce que le acompañarán durante mucho tiempo. Recuerda, por ejemplo, la desesperación de una abuela que buscaba a su nieta entre los escombros o las exequias celebradas para varias víctimas del terremoto, entre ellas un niño de apenas un año. «Encontrar las palabras justas para iluminar esta realidad desde la fe no resulta una tarea fácil», admite.

Reconstruir templos y reconstruir la esperanza
Para Rella, la recuperación no consistirá únicamente en levantar edificios. Será necesario también reconstruir la esperanza de las personas y fortalecer el acompañamiento espiritual y psicológico de las comunidades, incluidos los propios agentes pastorales.
«Yo siempre les digo a mis feligreses que esta es su casa. Aquí pueden venir cuando quieran alabar a Dios, darle gracias o incluso pelear con Él», explica. Porque, añade, una iglesia también es el lugar donde expresar el dolor cuando las respuestas no llegan y encontrar una comunidad que acompañe.
En el plano material, las necesidades más urgentes siguen siendo el acceso al agua potable y a los alimentos. Muchas familias no han perdido sus viviendas, pero sí su medio de vida. «Hay personas que no perdieron su casa, pero sí perdieron sus ingresos y ya no tienen cómo sostenerse», lamenta.
«No dejen de orar por Venezuela»
El sacerdote agradece la ayuda recibida en estos primeros días, pero advierte de que la solidaridad tendrá que mantenerse cuando la tragedia deje de ocupar titulares. «Cuando comienzan a descender las ayudas, también vamos a seguir necesitando ese empujoncito para poder levantarnos y comenzar la reconstrucción», señala.
Por eso dirige una petición a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: «No dejen de orar por Venezuela. Tal vez no todos puedan ayudar materialmente, pero una oración diaria por nosotros vale mucho, porque eso llega hasta el trono de Dios y allí eso se fructifica».
Consciente de que la recuperación será un proceso largo, Rella confía en que la fe siga sosteniendo a quienes han perdido familiares, hogares o su forma de ganarse la vida. «La fe no hace las cosas fáciles; simplemente las hace posibles, porque nos da una fuerza en el alma para seguir adelante».

Cómo seguir ayudando a Venezuela
Medio mes después, la fase de emergencia ha dado paso a un reto aún mayor: sostener la ayuda durante los próximos meses y acompañar la reconstrucción de las comunidades afectadas.
Según el primer balance presentado por Cáritas Venezuela, la campaña «Tras el temblor, el amor» ha permitido recibir 14.700 toneladas de ayuda humanitaria, de las que 9.000 toneladas (el 61 %) ya han sido distribuidas entre los damnificados. La organización ha atendido hasta ahora a unas 8.000 familias —alrededor de 40.000 personas—, con el reparto de agua potable, alimentos, medicamentos y kits de higiene. El agua constituye la mayor parte de la ayuda entregada, seguida de los alimentos, dos de las necesidades más urgentes en las zonas afectadas.
La directora de Cáritas Venezuela, Janeth Márquez, ha subrayado que «cada cifra representa a familias acompañadas, hogares asistidos y esperanza que llega», y ha asegurado que la institución mantiene su compromiso con una gestión transparente y organizada de la ayuda. Al mismo tiempo, ha pedido no interrumpir las donaciones, ya que la emergencia continúa y todavía quedan miles de toneladas de ayuda por distribuir en las próximas fases de la operación.
En este contexto, el padre Antonio Rella recuerda en sus declaraciones a los medios vaticanos que también existe otra forma de colaborar al alcance de todos: la oración. «Tal vez no todos puedan ayudar materialmente, pero una oración diaria por nosotros vale mucho».