Tres meses de vértigo - Alfa y Omega

Han sido tres meses de vértigo. Aún casi ni me ha dado tiempo a mirar atrás y analizar lo sucedido, aunque no soy muy dada a repasar tiempos y aprendizajes. Debería. Desde que comencé a colaborar en la organización y comunicación del evento en el que el Papa León XIV tejería redes con el mundo de la educación, la cultura, la empresa y el deporte, digo a quien me pregunta que ha sido lo más arduo, sin duda, de mi vida laboral. Y ya llevo unos años a las espaldas. Poco tiempo, mucha complejidad, un nivel alto de autoexigencia y muchas esperanzas en que esto siente las bases de un diálogo Iglesia-sociedad. Todo se mezcló con la gran oportunidad que me brindó la televisión pública de analizar en riguroso directo y durante muchísimas horas —en alguna ocasión, hasta siete seguidas— el paso del Papa por nuestra tierra. El despliegue, alabado por muchos y criticado por algunos, fue realmente de agradecer. Casi sin tener tiempo de reposar, mochila y a Egipto a seguir las huellas de una familia, sagrada, que escapó de la muerte. Un pueblo, el egipcio, orgulloso de aquella acogida. Un punto en común entre moderados. Un país fascinante y no solo por sus misterios faraónicos.