La puja del miedo - Alfa y Omega

La puja del miedo

Esas personas que posan ante esa máquina nunca la dirigirán, no sufrirán sus efectos ni dejarán huérfanos. Se limitan a anunciar presupuestos, contratos y alianzas, como si la dialéctica fuera el final de la historia y no el preámbulo de décadas de muerte

Guillermo Vila Ribera
Foto: Reuters / Yves Herman.

El problema del odio no es el insulto, sino la persona que lo pronuncia. Todos llevamos dentro un instinto —primario y heredado— que nos empuja a convertir una violencia latente en violencia manifiesta. Es como si, al ceder a la ira, rompiéramos el pacto con Dios que nos permite vivir en paz, cediéndole a nuestro propio ego el poder para impartir justicia.

La cumbre de la OTAN que se ha celebrado esta semana en Ankara (Turquía) sirvió para confirmar el giro belicista de Occidente. Nuestra respuesta ante las amenazas que vienen del Este no es la palabra cierta; no es la ley inspirada; ni mucho menos el perdón. Amparados en que tenemos razón —acaso la peor de las tentaciones—, nuestros líderes reafirmaron su compromiso con el rearme. Donde muchos ven un avión en la foto, quizá convenga ver un fracaso. Esas personas que posan ante esa máquina nunca la dirigirán, no sufrirán sus efectos ni dejarán huérfanos. Se limitan a anunciar presupuestos, contratos y alianzas, como si la dialéctica fuera el final de la historia y no el preámbulo de décadas de muerte y miseria.

Entre los acuerdos adoptados, uno de ellos implica directamente a España: un proyecto de Airbus para impulsar el nuevo A400M, que facilitará el transporte de medios militares en situaciones de guerra. Pero la cumbre sirvió, sobre todo, para que todos los países fueran anunciando, uno tras otro, compras de armamento, nuevos medios de combate y todo tipo de herramientas tecnológicas para la guerra. Las cifras de inversión iban subiendo por horas, a la misma velocidad a la que parecía crecer la sonrisa de Donald Trump. El secretario general de la Alianza, Mark Rutte, anunció también una inversión de 40.000 millones de dólares en material antidron. Esa cantidad supera el presupuesto anual de más del 55 % de los países del mundo.

Lo peor es que la opinión pública ha sucumbido al pensamiento único, a esa tesis que sostiene que solo las armas consiguen la paz. Aunque sea mentira. Aunque la historia haya demostrado una y otra vez que son el diálogo y el perdón los que hacen posible una paz verdadera. La voz unánime de nuestros líderes camina hoy en la dirección contraria.

Pero aterricemos este dilema a nuestra vida. Si alguien me agrede y yo le respondo con una agresión todavía mayor, quizá haya conseguido una victoria, pero no habré alcanzado la paz. Esa solo llegará si dejamos que quien tiene autoridad haga justicia y si, después, somos capaces de recorrer el camino del diálogo hasta conquistar un espacio de perdón que nos permita caminar de nuevo en la misma dirección.