Venezuela: los salesianos hacen planes para el fin de la emergencia
Después de acompañar a las familias junto a edificios derruidos, de recoger alimentos y de acoger a damnificados, los religiosos quieren retomar las clases y acoger a niños que se han quedado solos
Lucas, de 12 años, vivía en Argentina con su familia hasta que en enero regresaron a La Guaira, en Venezuela, su país de origen. El 24 de junio, «su madre lo dejó con unos familiares y cuando regresó» tras el doblete sísmico «el edificio estaba derruido». El salesiano Jorge Bastidas y sus compañeros «la hemos estado acompañando muy de cerca» mientras esperaba noticias. «Solo quería encontrarlo, en el estado que fuera».
Durante esa primera semana Bastidas, delegado de la Pastoral Juvenil Salesiana en el país, cargaba cada mañana una furgoneta con agua, comida, medicinas, pañales, leche y biberones y conducía la media hora desde Caracas hasta La Guaira, la región más afectada. Tras entregar todo a Cáritas, se desplazaba con otros a alguna de las zonas donde trabajaban los rescatistas y los familiares de los desaparecidos se enfrentaban a la incertidumbre con esperanza o resignación. O a aquellas donde la propia gente trataba de retirar los escombros, pues los profesionales se habían retirado —ya no quedan grupos grandes— o nunca llegaron. «De 300 edificios caídos, creo que no se ha llegado a buscar ni en el 50 %».
«Nuestra misión ha sido llevar agua y comida, hacer escucha activa y orar. Un grupo de salesianos jóvenes acompañaban a los niños con recursos didácticos». También han celebrado la Eucaristía y expuesto al Santísimo en esos sitios. «Uno queda evangelizado por los testimonios de fe». Regresaban a la capital pasada la medianoche, para repetir al día siguiente. Y no solo los sacerdotes: «Hemos distribuido a los jóvenes por las zonas donde se está acogiendo» a quienes han perdido sus casas, tanto en La Guaira como en la capital, también afectada.
«No recogemos donaciones en especie», subraya Bruno Fernández, de Misiones Salesianas. «Llevar productos comprados aquí solo multiplica el coste, hay trámites de aduana y gestión y el impacto es mucho menor». Las aportaciones económicas, además de desgravar, son mucho más eficaces porque permiten comprar lo más necesario en el lugar de destino.
3.342 fallecidos al cierre de esta edición, con 16.740 heridos. No hay cifras oficiales de desaparecidos.
60 mil euros envió desde España Misiones Salesianas de su fondo de emergencia.
Reciben productos de centros de acopio creados en las obras salesianas no afectadas. Y, «en coordinación con Cáritas», compran lo que se necesite con el dinero llegado del extranjero. Como los 60.000 euros que enseguida envió desde España la ONG Misiones Salesianas de su fondo de emergencias, al tiempo que lanzaba una campaña específica de recaudación. «La gente está respondiendo muy bien», asegura Bruno Fernández, su responsable de Obtención de Recursos para la Solidaridad. Se está asistiendo a 600 familias, bien con suministros o acogiéndolos en sus recintos; incluso a miembros de los equipos de rescate.
La familia salesiana «cuenta con una estructura y experiencia en el país que permiten canalizar muy bien las ayudas y optimizarlas», explica Fernández. Y «está presente en lugares donde no hay otras organizaciones». Con todo, lo que más impacta a Bastidas es cómo «toda la sociedad va colaborando con lo más mínimo. El otro día una mujer muy humilde vino para donar su sueldo: 20 dólares».

La gente aún no es consciente
Ambos prevén que los mayores retos llegarán en las próximas semanas. Centrada en lo más inmediato, «la gente aún no tiene conciencia» de la magnitud de los daños, señala Bastidas. Habrá que «mantener esta campaña de solidaridad»; garantizar condiciones sanitarias adecuadas en los refugios y en los lugares donde hay cadáveres en descomposición para evitar la aparición de enfermedades como el cólera, y ofrecer acompañamiento psicológico y espiritual.
A medio plazo, Fernández señala que el desafío cuando se vayan las organizaciones que solo atienden la emergencia será cubrir «todas las necesidades», las anteriores a los terremotos y las nuevas. «Ya estábamos intentando mantener nuestras obras con gran esfuerzo» al tiempo que «ayudábamos a muchas personas» por la larga crisis que viene atravesando el país, describe el responsable de Pastoral Juvenil Salesiana en el país.
Una prioridad es intentar que no se interrumpa la educación. La cuestión es cómo lograrlo. «Algunas escuelas están acogiendo»; otras son centros de acopio y el emblemático colegio de Sarria, en Caracas, se ha visto muy afectado y «no está apto para recibir a nadie», describe. «Las actividades de verano las tenemos en interrogante» y seguramente para el próximo curso «habría que proyectar otra modalidad» de enseñanza.

Para empezar a abordar estas cuestiones ya ha habido reuniones y se ha formado un equipo de salesianos e Hijas de María Auxiliadora. Una propuesta ha sido «entablar un diálogo con el Gobierno para ver si los niños que han quedado solos pueden venir a los hogares» que tiene la congregación para ofrecerles un espacio seguro, mientras se intenta reubicarlos con parientes. Les preocupa que «ha habido mucha desorganización por parte del Estado» a la hora de rescatarlos, atenderlos y trasladarlos. «Se ha generado confusión y varios niños han podido ir a refugios donde no tenían ningún familiar». También ha habido denuncias de desapariciones.
Su plan incluye además abrir en un complejo sanitario de las Damas Salesianas espacios para «brindar apoyo médico, espiritual y psicológico» a los damnificados y seguir apoyando a Pablo Modesto, salesiano y obispo de La Guaira, para la reconstrucción de su seminario y lo que necesite la diócesis. En este sentido, desde Misiones Salesianas, Fernández subraya que la labor que, como esta, «se hace vinculada a las comunidades, con su participación, tiene un impacto mucho mayor».