Cardenal José Cobo: «La Iglesia siempre nace de la compasión compartida» - Alfa y Omega

Cardenal José Cobo: «La Iglesia siempre nace de la compasión compartida»

El cardenal ha iniciado su homilía fijándose en la lista de nombres concretos, que aparecen en el pasaje del Evangelio del día y que «son los llamados por el Señor»

Luis Miguel Modino
El cardenal Cobo preside la Misa en la catedral de la Almudena.
El cardenal Cobo preside la Misa en la catedral de la Almudena. Foto: Luis Miguel Modino.

La visita del papa León XIV a la Iglesia de Madrid continua presente en la mente de muchas personas que le han visto pasar por las calles o en los diversos actos de 6 a 9 de junio. También lo ha estado en la Eucaristía presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, en la Catedral de la Almudena en el XI Domingo del Tiempo Ordinario, donde ha utilizado el cáliz que el Santo Padre regaló a la archidiócesis de Madrid en su visita.

No pasar página

El cardenal ha iniciado su homilía fijándose en la lista de nombres concretos, que aparecen en el pasaje del Evangelio del día y que «son los llamados por el Señor». Lo ha hecho después de la visita del Papa, en un momento en que «tenemos la tentación de pasar página». Frente a ello, el Evangelio «nos convoca a un paso más», a hacerlo, como Jesús, ante una multitud que está como ovejas sin pastor.

En medio de todo lo sucedido durante la visita del pontífice, el arzobispo llamaba, recordando el lema, a alzar la mirada. «Porque cuando la mirada se encierra en uno mismo, en nuestras preocupaciones inmediatas, en mi gusto o mi disgusto, en lo que me conviene, en lo que no me conviene, en lo que me ha parecido bien y en lo que me ha molestado, cuando terminamos mirando solo eso, perdemos el horizonte», subrayó.

El arzobispo de Madrid en la catedral de la Almudena. Foto: Luis Miguel Modino

En palabras del cardenal, «la fe siempre empieza cuando vamos más allá y cuando levantamos los ojos». De ahí la llamada del Evangelio de este XI Domingo del Tiempo Ordinario a «alzar la mirada para descubrir lo que sucede, descubrir, no las generalidades, sino a las personas». Desde ahí llamó a reparar «en una ciudad llena de gente, pero marcada por la soledad». Eso porque Jesús no mira a la masa, «mira a cada uno y Jesús siempre ve personas concretas, ve heridas que otros ignoran», ve búsquedas espirituales, ve a aquellos que no se atreven a tener voz.

Descubrir a quien nadie ve

Por ello ha llamado a quedarse de la visita con los testimonios de aquellos que habitualmente no salen en los medios. Eso demanda «seguir recorriendo nuestras calles, nuestros lugares, para descubrir a todos los que están cansados y aquellos que no tienen voz, aquellos que habitualmente no pueden preguntar nada, ni al Papa ni a nadie». Son las preguntas de las familias que viven con dificultad, de los jóvenes que buscan un lugar en el mundo, de quienes están enfermos, en la cárcel, o presos de tantas dificultades en la vida, de aquellos que están rodeados de personas, pero están profundamente solos.

El cardenal Cobo resaltó que «la primera tarea de la Iglesia no es organizar actividades, sino aprender a mirar y escuchar como escucha Cristo». Lo hacía al hilo de las palabras del papa León XIV, que en la visita ha hecho ver que «la indiferencia comienza cuando dejamos de ver y escuchar, o cuando simplemente hacemos miradas genéricas que tienen que ver con los fuegos artificiales que se presentan en un momento, pero después se deshacen». De ahí la necesidad de «alzar la mirada, por tanto, para descubrir a las personas, descubrir los signos que tenemos alrededor, qué es lo que hace Jesús».

Una actitud que Jesús tiene en el evangelio, que «sintió compasión, no pasó de largo, no emitió un juicio diciendo es bueno o malo, no culpo a nadie, simplemente se dejó tocar por el sufrimiento de aquellos hombres y mujeres». Por ello, el cardenal desafiaba a preguntarnos «qué nos pasa cuando somos capaces de contemplar las heridas de nuestra gente, el dolor de nuestra gente, si nos dejamos afectar o no, o solo nos afecta cuando nos toca a nosotros o a los nuestros o a los que piensan como nosotros. En qué medida nos afecta el dolor de la gente».

Los fieles que han asistido a la Misa en la Almudena. Foto: Luis Miguel Modino

Más que analizar o lamentarse ante las heridas, «el Evangelio nos pide algo más, dejarnos conmover, como Jesús se conmueve. Ese es el paso del creyente», afirmó el arzobispo. Según él, «la Iglesia siempre nace de la compasión compartida. Cuando sufrimos con el que sufre, cuando lloramos con el que llora, estamos anunciando el Evangelio». Aún sin tener respuestas o soluciones, lo primero es «comparecerse, estar al lado».

Reconocer el actuar de Dios

Junto con ello, no fijarnos en lo que falta, sino reparar en la abundancia de la mies. «La mirada de Jesús es distinta y es la que nos propone hoy», afirmó el arzobispo. Es la mirada de creyente, «no la que empieza diciendo lo que falta y las dificultades, no la mirada pesimista, sino la mirada de Dios». Desde esa perspectiva, el cardenal Cobo señaló que «el Papa nos ha dicho muchas veces en este viaje que la esperanza no nace del optimismo de las estadísticas, ni siquiera de decir cuánta gente ha salido a las calles. La esperanza nace cuando seamos capaces de reconocer por dónde está actuando Dios ahora mismo. La esperanza nace si vemos cuál es el paso y la huella de Dios en nuestra vida, en nuestro mundo y en nuestra sociedad».

Se trata de construir espacios de fraternidad y perdón, de tener el corazón traspasado por la compasión, de ver la acción de Dios, de mirar a Dios antes que analizar, antes que discernir, antes que escuchar. Alzar la mirada, para, como los discípulos, pasar de espectadores a colaboradores. La tentación es «ver pasar a Jesús, como hemos visto pasar al Papa, como vemos pasar a mucha gente». Frente a ello, «Jesús nos mira a los ojos y nos pide colaborar».

Jesús nos hace ver que como bautizados tenemos una misión, que debemos realizar en comunidad, no solitariamente. La misión es «ser presencia del evangelio en medio de la ciudad». Para ello, el cardenal Cobo llamó a alzar la mirada, «hacia Dios, hacia los hermanos, hacia el mundo, y finalmente, hacia la misión, porque siempre habrá una mies por delante, siempre habrá una llamada. No faltan vocaciones, faltan respuestas a la llamada que Jesús hace». De ahí la necesidad de «discípulos capaces de mirar con los ojos de Cristo, de sentir con su corazón y de ponerse en camino allí hacia donde Él nos envía».