«Ningún ser humano es una isla», «hemos nacido para el encuentro»
El Papa concluye su viaje a España en el puerto de Tenerife, con una multitudinaria Misa en la que ha agradecido a la Iglesia local el hecho de que hayan convertido «esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas»
El Papa se ha despedido de Tenerife, y de España, con un baño de masas en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde ha celebrado una Eucaristía en la que ha unido las tres grandes mensajes de su viaje: el de la unidad, el de la caridad y el de la dignidad de todo ser humano. «Ningún ser humano es una isla», ha explicado. «Hemos nacido para el encuentro» y «no hay obstáculo, distancia, peligro o amenaza que pueda impedir a cada uno su viaje».
Un viaje que en ocasiones es turístico, una realidad muy presente en la isla. Hay quien viaja y «decide pasar aquí un período de vacaciones» y hay quien «vive y trabaja en la isla, en contacto con visitantes de tantos países del mundo», ha subrayado el Papa. Ante una u otra situación, León XIV se ha preguntado. «Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa? Y ha añadido: «Qué importancia es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio».
La riqueza de los pobres
Precisamente, «el Evangelio, hoy, parece radicalizar este reto y nos recuerda la riqueza de los pobres». Para el Pontífice, «se trata de una paradoja que remite directamente a la vida de Jesús, a su verdad, al camino en el que continúa pidiéndonos que lo sigamos». Concretamente, Cristo «bendice al Padre» porque «es a los pequeños —a los que nadie estima capaz de pensamiento y de palabra— a los que Dios se ha revelado a sí mismo».

Una idea a la que el propio León XIV prestó atención en la exhortación apostólica Dilexi te, en la que habló de «ese lugar privilegiado de los pobres en la revelación divina y en la misión de la Iglesia». Se trata de un misterio «que resuena de modo totalmente específico en estas islas», situadas «en el centro de rutas migratorias que lo hacen lugar de primera acogida de hermanos y hermanas cuyo viaje está generalmente expuesto a peligros y violencias inenarrables».
Dejarse evangelizar por los migrantes
Ante esa primera acogida, el Pontífice ha asegurado que «la gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos, que reconozcamos la misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne».
Bajo el intenso sol de Tenerife, el Papa ha concluido su homilía dando las gracias «por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas». Y ha concluido: «Presten atención a los adolescentes y a los jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los residentes y a los huéspedes: todos ellos necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus corazones inquietos, que no pocas veces ya está orientado, quizás inconscientemente, hacia el Reino de Dios y su justicia».
«Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido…», ha dicho el Papa León XIV antes de verse interrumpido por los aplausos. Eran sus últimas palabras antes de dejar España, al final de la Misa. Cuando ha vuelto el silencio, se ha reconocido también «reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España».
Antes, el Santo Padre ha expresado su gratitud «a Dios y a todos los que me han acogido y que de mil maneras han colaborado en la preparación y la realización de los distintos momentos en Madrid, Barcelona y Montserrat y aquí en las islas Canarias».
A modo de reflexión final, desde el puerto de Santa Cruz, ha dedicado un pensamiento a todo el mundo «y a sus heridas que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: Alzad la mirada».
«Dirijamos la mirada a Cristo crucificado», ha proseguido. «Su corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón, de reconciliación, para alcanzar una paz verdadera y duradera». Ha puesto de ejemplo de levantar la mirada a «María, la madre de todos los que sufren». «Guiados por ella retomemos el camino con esperanza», ha concluido, antes de despedirse con un «queridos hermanos y hermanas, gracias de corazón. ¡Permanezcamos unidos en la oración y en la comunión en Cristo y en la Santa Iglesia!».