Emoción contenida en la Almudena al ver al León XIV entregar la Rosa de Oro a la Virgen - Alfa y Omega

Emoción contenida en la Almudena al ver al León XIV entregar la Rosa de Oro a la Virgen

Begoña Aragoneses

Dicen que en un templo mariano, si se pusieran los oídos en las paredes, se podría oír el latir del corazón de María, entusiasmada por la llegada de sus hijos. La catedral de la Almudena era en la tarde de este lunes, 8 de junio, un latido fuerte. El de la patrona de Madrid, al que se unían las más de mil voces, en un rezo cadencioso del rosario, mientras esperaban la llegada del Papa León XIV.

Sí. La Virgen de la Almudena recibía a un Pontífice en su casa. No era la primera vez. Ya otro caluroso junio llegó san Juan Pablo II para consagrar el que iba a ser su hogar definitivo. Pero este 2026, el Sucesor de Pedro, aquel apóstol al que su hijo Jesús había puesto al frente de su Iglesia para apacentar a su rebaño, le traía un regalo muy especial: la Rosa de Oro, «símbolo del filial amor del Papa a la Virgen María», como le expresaba León XIV.

Y para esta visita lucía la patrona de Madrid esplendorosa en su camarín, rodeada de exornos florales en tonos rosa, blanco y verde, que adornaban tanto la escalinata como el presbiterio. Llevaba la corona de la coronación, que en realidad son dos porque también hay para el Niño. Se trata del juego hecho en 1948 para su coronación canónica de la Virgen por el Papa Pío XII y que la Virgen luce exclusivamente en el interior de la catedral.

Tiene una particularidad esta corona que liga a la patrona con su pueblo de una manera singularísima. Y es que la Virgen recibió ese día una corona que había sido fabricada por el platero madrileño Juan José García que se había hecho con aportaciones de los madrileños. Anillos de boda, sortijas, pendientes, diamantes… Desde el más sencillo hasta el más noble, los devotos aportaron, y por eso es una corona de todos para la Virgen de todos.

La vida contemplativa, en la catedral

Acompañados musicalmente por la Agrupacion Coral Iter, en el primer templo de Madrid se concitaban los seminaristas de las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá, junto a sus familias, así como un nutrido grupo de monjas de vida contemplativa, con un permiso especial del obispo para salir de su clausura. Las que han podido venir lo han hecho en nombre de toda su comunidad, y así se lo expresaban unas Oblatas de Cristo Sacerdote a Jacobo y Carlos, seminaristas presentes del Seminario Conciliar de Madrid, de quinto curso. «Nos contaban que para ellas era un regalo, pero todas las hermanas contemplativas lo estaban viviendo en realidad como un regalo para el Santo Padre, que pudiese ver a todas esas mujeres que entregan su vida a la contemplación por el bien de la Iglesia».

El Papa llegaba a las puertas del templo a las 18:00 horas acompañado por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, y era recibido por la reina Doña Sofía a las puertas del templo. Después, le vestían una estola especialmente tejida para él, con adornos de lirios, y una vez en el interior, el Vicente auxiliar Vicente Martín le daba a besar un Cristo de marfil (pieza del siglo XX que imita el estilo barroco) que se conserva a la entrada de la sacristía mayor, y que fue el mismo que veneró el Papa Benedicto XVI el 20 de agosto de 2011, cuando celebró la Eucaristía con los seminaristas en el marco de la JMJ de Madrid.

Asimismo, por ser obispo que entra en un templo, se le ofrecía el hisopo con agua bendita para asperger a su alrededor, y lo hacía al acceder a la iglesia en recuerdo del Bautismo, que da acceso a la Iglesia.

Su entrada iba acompañada de la emoción contenida de los asistentes. El Santo Padre tomaba asiento en el presbiterio; no en la sede, al no ser una oración litúrgica. Por la misma razón, el altar no estaba vestido de manera especial.

El cardenal Cobo le dirige unas palabra sal Papa. Foto: Á. Pérez Meca/EUROPA PRESS

Rosa de Oro

León XIV ha visitado a la Virgen y ha dejado poderosas palabras que resonaban con fuerza en las naves del templo. Ha hecho memoria de un amor a la Virgen que ha pasado de generación en generación. Ha hablado de una «imagen de Santa María que lleva a su Hijo divino en brazos y nos lo presenta». De una devoción milenaria, «signo de las raíces cristianas que os caracterizan y os dan vida, pero también de la gran esperanza que continúa animándoos para seguir adelante».

Ha resaltado el Santo Padre la imagen de la muralla demolida que hizo posible que la Madre se reencontrara con sus hijos de Madrid, con su pueblo. Y le ha dado importancia a esto, porque señala, ha dicho, «el camino que Jesús, a través de su Madre Santísima, nos invita a recorrer». Este no es otro que el de derribar los muros, y a eso se refería también el cardenal Cobo en sus palabras de saludo a León XIV, que afirmaba que «no entendemos Madrid sin la Almudena, sin la Madre que aparece cuando caen los muros».

Tras sus palabras, el Pontífice subía la escalinata hasta el camarín para depositar a los pies de la Señora de tez morena la Rosa de Oro. Se la han entregado dos niños del Colegio Arzobispal -Seminario Menor de Madrid, que junto a sus compañeros estaban también en la catedral.

Allí se ha vivido uno de los momentos más especiales, cuando el Santo Padre ha permanecido en oración profunda ante la imagen de la Almudena. Ya a modo de despedida, León XIV le pedía a la Virgen: «Concédenos por su intercesión entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la gloria de tu nombre con testimonio de palabra y de vida». Igualmente le suplicaba «constancia firme para vivir siempre seguros en la fe de la Iglesia».

Hubo en todo el acto ambiente de silencio, oración, pero al final los seminaristas no han podido resistir y ha sonado, primero tímidamente y después, con voz potente, un «¡Viva el Papa!». Y las religiosas han estallado en aplausos.

Imagen general de la catedral de la Almudena. Foto: Á. Pérez Meca/EUROPA PRESS

Un encuentro «entrañable»

Volvemos a hablar con Jacobo, al terminar. «Ha sido muy entrañable». En el corazón se le ha quedado esa invitación del Santo Padre a que caigan muros y que cuando se caen lo muros aparece la Virgen». Le ha emocionado especialmente el hecho de que el Papa le haya entregado la Rosa de Oro a la Virgen, «que como él nos explicaba es el regalo más bonito que le puede hacer un Papa para mostrarle su cariño, el máximo signo de cariño que un Papa puede tener con la Virgen».

Igualmente le ha llamado la atención ver «cómo el Papa consigue unir a gente tan diversa», en la Vigilia, en la Misa, «y ahora en este acto de la Almudena con congregaciones, religiosas».

En el acto, además de la Reina Doña Sofía, han estado presentes la ministra portavoz del Gobierno, Elma Saiz; el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín Aguirre; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, acompañado de su esposa; el exalcalde de Madrid y miembro de la Real Esclavitud de la Almudena, José María Álvarez del Manzano; el padre de la constitución Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, así como concejales y diputados de la Comunidad del Madrid y del Ayuntamiento.

Asimismo, han estado presentes, los arzobispos eméritos de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela y cardenal Carlos Osoro; el obispo auxiliar de Madrid Juan Antonio Martínez Camino, y los obipos de Getafe, Ginés García, y de Alcalá, Antonio Prieto.