Su Santidad:
Bienvenido a España. Quería empezar esta carta de bienvenida presentándome. Soy Gabriela Crespo Ravello, y aunque haya nacido en Alicante, una pequeña ciudad en la costa Mediterránea de España, llevo cuatro años viviendo en Madrid buscando poder cumplir mi sueño de llegar al cielo.
Aunque en un principio y muy ilusa de mí, pensaba que esto se conseguía únicamente estudiando ingeniería aeroespacial; Madrid me ha regalado pequeños peldaños para construir poco a poco la escalera con la que poder acercarme a Dios en forma de amigos, sacerdotes, religiosas, numerarias… Pues está claro que aún yo sin saberlo Dios estaba haciendo en mi vida aún más tangible esto que dicen de que «Madrid al cielo». No tanto por la carrera, que tanto me está gustando estudiar aquí en Madrid, sino también por este deseo de santidad que Dios ha puesto en mi corazón juntándome con las mejores personas con las que me podría haber juntado en estos cuatro años estudiando en esta ciudad.
Pues qué decirle, Santo Padre. Madrid es testimonio vivo, donde poder ver el amor de Dios: en el compañero de la uni que te ayuda con alguna asignatura, en el autobusero que te da los buenos días con una sonrisa, en el portero de tu finca que te pregunta por tus exámenes, en los amigos que fuera de casa se convierten en familia; y así un sinfín de ejemplos de personas que con su gesto humanizan la vida frenética que se tiende a tener en esta gran ciudad.
Por no hablar de los remansos de paz y amor, comúnmente llamados iglesias que se extienden por dentro y fuera de la M30, que congregan diariamente a una gran cantidad de fieles alrededor de la mesa del Señor. Donde encontrar el perfecto ambiente de reconciliación y oración.
Estos días, Su Santidad, no se habla de otra cosa más que de usted. En ocasiones por las molestias que están causando el corte de grandes arterias, que dificultan la movilidad; por el número de personas que entre Bad Bunny y usted reuniáns en la capital, por el metro que se ha engalanado con su imagen, por la plantación de miles de flores con los colores de la bandera del Vaticano. Pero en muchas otras ocasiones por la esperanza y felicidad que suscita su visita.
Y es que en una tierra con el legado del apóstol Santiago, buscamos con su mensaje la ayuda para ser testimonio; en definitiva volver a nuestras raíces, ser apóstoles. España está llena de jóvenes rebeldes que deciden huir de lo ordinario, ir a contracorriente, dejar la comodidad de lo que está socialmente aceptado para vivir amando. En definitiva, tratar de ser representantes del Amor de quien dio la vida por nosotros en la cruz.
Además, Santo Padre, últimamente es evidente el incipiente crecimiento del número de personas que se hacen preguntas, cuya respuesta es sencilla: amor. Está claro que en sus corazones se ve realmente la acción del Espíritu Santo y estoy segura que con su presencia estos días en nuestro país descubrirán que a quien buscan es a Él y a nadie más que a Él.
Me quiero despedir expresándole que le recibimos con los brazos abiertos y con esa cercanía con la que solo Madrid sabe acoger a la gente de fuera y, en su caso, está claro que con mucha más alegría. Esperamos ser grandes anfitriones y estar a la altura de nuestro especial invitado.
Gabriela Crespo Ravello
Madrid