La otra visita de León XIV: aspectos menos conocidos de un evento histórico

La otra visita de León XIV: aspectos menos conocidos de un evento histórico

¿Qué impacto puede tener la concentración de personas en aspectos claves pero invisibles de las infraestructuras? ¿Cómo se calcula el impacto económico? Algunos expertos responden

María Martínez López
Las infraestructuras informáticas influyen de forma clave en el transporte. Foto: Metro de Madrid.
Las infraestructuras informáticas influyen de forma clave en el transporte. Foto: Metro de Madrid.

La vivencia personal de ver al Papa en directo —o a través de una pantalla pero compartiendo la experiencia con miles de personas—, el calado de los discursos de León XIV —tanto para la Iglesia como para la sociedad— o los testimonios de quienes se dirijan a él. Estos son los aspectos más relevantes de un viaje apostólico.

Pero más allá de ellos, existen numerosos aspectos secundarios que pueden pasar desapercibidos pero no dejan de tener importancia. En algunos casos, como la logística, son necesarios para que todo lo anterior ocurra de la mejor manera posible. En otros, un síntoma de lo que la visita supone en cuanto a movilización. 

Es de sobra conocido el impacto que tiene la visita en los transportes. Así, en Madrid, desde hace semanas se están anunciando por un lado el refuerzo de las líneas de metro, tren y autobuses urbanos e interurbanos. Y, por otro, restricciones como el desvío de líneas o el cierre de estaciones cercanas a los actos más multitudinarios.

Se ha dado a conocer, por otro lado, el aumento de personal de emergencias durante esos días. Incluso se pidió que se donara más sangre en las semanas previas para compensar las donaciones que esos días se dejarían de realizar.

La importancia oculta de la informática

Sin embargo, detrás de todo ello hay un aspecto invisible, aseguran desde la empresa tecnológica española Pandora FMS. Se trata de las infraestructuras de informáticas o IT. «Este tipo de eventos masivos suelen tensionar los sistemas críticos que muchas veces pasan desapercibidos», explica Sancho Lerena, experto en gestión IT y seguridad y su CEO. «No se caen por una sola causa, se cae por acumulación de pequeños fallos que nadie ha visto a tiempo». 

Un ejemplo, apunta, es el transporte. «No es simplemente coger el metro o un autobús. También implica la gestión de la señalización o la gestión de los centros de coordinación». En efecto, «todas las flotas cuentan con una estructura IT detrás que monitoriza su actividad, y es la que permite una correcta organización de todo el flujo de transporte», detalla Lerena.

«Ahí es fundamental que funcionen correctamente todos los sistemas. Que sorteen cualquier tipo de tensión que pueda llevarlos al colapso. Y, también, que estén correctamente protegidos porque a más tensión más facilidad para que un ciberataque triunfe», indica el experto.

Algo relevante si se tiene en cuenta que INCIBE alertó del aumento del 26 % de ciberataques en el último año a sectores esenciales. De ellos, el transporte recibió el 14%.

Otro de los ojos estará puesto en las comunicaciones. A más usuarios concentrados en un mismo punto, mayor tensión y más riesgo de caída en la red. Algo que será clave evitar. Para este experto, la visita del Papa servirá para medir las capacidades IT de España para acoger eventos de estas características. 

¿Qué impacto económico tendrá?

Otra vertiente que sirve para, en términos humanos, medir cómo la visita del Pontífice moviliza a una ciudad es el impacto económico. El Observatorio Nacional de Turismo Emisor (ObservaTUR) ha estimado que tendrá un impacto directo e inmediato de entre 90 y 125 millones de euros. 

En el estudio Turismo religioso en España. Un viaje al interior de un segmento en transformación, señalan que «no estamos ante una simple gira institucional, sino ante un acontecimiento con estructura de gran evento, con capacidad para movilizar recursos, servicios y contrataciones en cadena».

Benedicto XVI en Santiago de Compostela.
Benedicto XVI en Santiago de Compostela.

Su estimación del impacto económico directo, que presentan como «prudente», tiene en cuenta en primer lugar el gasto de la organización en sí —por ejemplo, lo que se pague por todos los servicios relacionados, como impresión de material o construcción de escenarios y otras infraestructuras—. Y, luego, el «gasto turístico generado por quienes se desplazan expresamente o alargan su estancia».

Para esta estimación, se basan por un lado en «el umbral de más de 100 millones apuntado por los organizadores». Y, por otro, en los antecedentes en nuestro país: las visitas de Benedicto XVI a Santiago de Compostela (donde se estimó un impacto de entre 24 y 31 millones de euros) y Barcelona (de 29,8 millones) en 2010, y la JMJ de 2011 en Madrid (354,3 millones). 

«La visita de León XIV tendrá mayor duración y más sedes» que las dos primeras, «aunque sin llegar ni de lejos a la dimensión masiva de una Jornada Mundial de la Juventud». Además, señalan que de esos dos aspectos, tendrá más peso el gasto personal de los participantes: peregrinos, fieles nacionales, visitantes internacionales, prensa, equipos organizativos, voluntariado desplazado y acompañantes.

La plaza de Cibeles durante la bienvenida a Benedicto XVI en la JMJ de 2011. Foto: CNS.
La plaza de Cibeles durante la bienvenida a Benedicto XVI en la JMJ de 2011. Foto: CNS.

¿Vendrán más turistas después?

Por otro lado, ObservaTUR advierte de que «en este tipo de acontecimientos, la verdadera huella turística no se limita a una semana de consumo». Existe un «efecto de aceleración futura sobre el turismo religioso». 

Una visita así es un «gran escaparate para estimular viajes posteriores». Es decir, puede «activar el deseo de viaje» y mejorar el posicionamiento de algunos destinos como santuarios o templos concretos en la agenda de agencias y peregrinos o turistas. «Ya ocurrió en 2011, cuando casi nueve de cada diez peregrinos extranjeros de la JMJ manifestaron su intención de regresar a España». 

En el caso de España, esto es importante porque «puede funcionar como un gran foco de atención sobre un patrimonio religioso ya existente, muy diverso y territorialmente extendido». Por lo tanto, es «una oportunidad para reforzar productos ya maduros, activar otros todavía poco estructurados y vincular mejor fe, patrimonio, cultura y experiencia de viaje».