El Papa presenta Magnifica humanitas: «Hay que desarmar la inteligencia artificial»
La dignidad de la persona, el trabajo, la libertad, la paz, los vínculos sociales, el cuidado de la casa común y el reto de la inteligencia artificial acaparan la atención del Papa León XIV en su primera encíclica
«En este momento de la historia la Iglesia está llamada a descifrar las grandes cuestiones de la dignidad humana», ha dicho el Papa León XIV este lunes durante la presentación de su primera encíclica, Magnifica humanitas. En ella ha afirmado que «hay que desarmar la inteligencia artificial», matizando que «no hay que temer» a los avances tecnológicos.
Igual que, hace 135 años, León XIII pronunció «un mensaje evangélico para su tiempo momento», con la encíclica Rerum Novarum, «hoy vivimos también una transformación de gran magnitud», constató a la hora de presentar su texto. Así, la inteligencia artificial «ya influye en muchos ámbitos de nuestra vida e incluso cambia la forma en que se libran las guerras». Por eso, pidió mirar este fenómeno «con los ojos de la fe y con apertura al misterio y el clamor de los pobres y de la tierra».
El primer lugar, señaló que «padres y maestros están preocupados por las nuevas generaciones», mientras se desarrollan «sistemas de armas cada vez más autónomos». También han llegado al Papa «relatos preocupantes de algoritmos que dificultan el acceso al empleo y la salud», y «he escuchado el silencio de quienes no tienen voz en decisiones que generan nuevas formas de exclusión», confesó.
Conciencia y responsabilidad
«La inteligencia artificial debe ser desarmada», señaló León XIV con rotundidad. «Es una expresión fuerte, pero hoy se requieren palabras capaces de captar la atención y hacer despertar». Por eso, igual que la Iglesia lleva tiempo trabajando por el desarme nuclear, «es en este sentido en el que la IA exige ser desarmada y que no sea un elemento de exclusión o muerte. Las decisiones de la tecnología deben tener conciencia y responsabilidad, en una vigilancia que es necesaria hoy».

Sin embargo, «esto no es suficiente: debemos construir», matizó el Santo Padre. Junto a lo anterior «hay que restaurar la confianza y reavivar la esperanza en el futuro», y en este sentido la IA «puede ser un terreno de construcción desde el horizonte de comunión». Así, «el progreso técnico puede contribuir a la vida humana», por lo que declaró: «No hay que temer a la inteligencia artificial, sino que tengamos siempre presente la cuestión humana. Nadie puede quedarse al margen de la transformación digital. Nadie puede ser reducido a meros datos. Ninguna máquina puede reemplazar a una persona».
«Esta es la civilización del amor de la que habló Pablo VI», finalizó el Papa. No se trata de «un sueño ingenuo», sino de «una dirección que abre Jesucristo en la historia». Por este motivo, la Iglesia «quiere participar» en los diálogos sobre la IA, «no como expertos técnicos, sino aportando una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo necesita con urgencia».
Christopher Olah, cofundador de Anthropic y responsable de investigación sobre interpretabilidad de la inteligencia artificial, estuvo también invitado a la presentación de Magnifica humanitas. Alabó la «labor de discernimiento» del Papa con esta encíclica, y destacó que «la tecnología debe desarrollarse de manera positiva para nuestra casa común y para las próximas generaciones», dijo. La IA «está hecha de nosotros y de nuestras palabras», constató, «y nos habla y trabaja con nosotros».
Pidió la colaboración «de las humanidades y de la religión» para fijar sus límites, como por ejemplo el cuidado de los más pobres. Y pidió un «discernimiento continuo» para no dejar solo este cometido a las tecnológicas y laboratorios. «Necesitamos voces morales» como la del Papa en el día de hoy.