Aunque «hablar de perdón es ir contracorriente», este libro quiere animar a dar el paso - Alfa y Omega

Aunque «hablar de perdón es ir contracorriente», este libro quiere animar a dar el paso

P. J. Armengou presenta Rostros de perdón, un libro con historias de reconciliación en todo el mundo.«Creo en el periodismo que se ensucia las botas», nos dice

Rodrigo Moreno Quicios
P. J. Armengou con ejemplares en castellano y catalán de Rostros de perdón. Foto: Editorial Albada

«Este libro no es de moral ni teología ni geopolítica ni es un ensayo jurídico sobre cómo tiene que funcionar el sistema de reinserción», nos advierte P. J. Armengou, redactor jefe del Diari de Tarragona, colaborador de Alfa y Omega y autor de Rostros de perdón, un libro con cinco historias de reconciliación en Ruanda, Palestina, Sudáfrica, Estados Unidos y Siria. Publicado por la Editorial Albada, se ha presentado en la tarde de este jueves en el Centro CEU Ángel Herrera de Madrid.

El excorresponsal en Jerusalén detalla lo que sí es: «Un libro periodístico que busca testimonios reales porque parte del convencimiento de que a partir de historias personales somos capaces de conectar con algo tan misterioso y extraño como el perdón». Según Armengou, «cuando uno descubre en historias de profundo dolor que estas personas son capaces de perdonar y perdón es verdaderamente milagroso». Y sirven para invitarle a hacerlo a «ese pequeño agresor y ladrón que todos tenemos dentro», pero también «a esa víctima que somos todos de las indiferencia de los demás ante las agresiones del día a día».

Portada de Rostros de perdón. Foto: Editorial Albada

Este periodista ha visto cómo el perdón puede surgir de muchas maneras diferentes: «por necesidad» de seguir adelante o «porque se necesita sanar y superar una identidad de asesino». Pero, ya sea en víctimas o agresores, en todos los casos «un primer paso común es la voluntad y el convencimiento» de que es posible y alcanzable. «El perdón es algo revolucionario que rompe con la espiral de odio y la violencia», reivindica el autor.

Mancharse las botas

En Rostros de perdón «hay cristianos, musulmanes, ateos y gente de distintos países, culturas y lenguas», pero todos «han llegado a la conclusión de que pueden recuperar una vida marcada por el dolor y pasar página sin necesidad de olvidar».

Para escribirlo, P. J. Armengou se desplazó en persona a las casas de sus protagonistas. «Este libro es un viaje intelectual y espiritual, pero también físico a los lugares donde sucedieron las cosas», reivindica. Por ejemplo, «la entrevista con la víctima tutsi del genocidio y el asesino hutu es en Ruanda, en una iglesia donde están las ropas de las víctimas y sobre un mausoleo que alberga cientos de miles de cadáveres».

P. J. Armengou ha sido diez años corresponsal en Jerusalén. Foto: Editorial Albada

La única entrevista del libro hecha por videollamada es a Diane Foley, la madre de James Foley, el primer periodista occidental asesinado por el Estado Islámico, algo que sucedió en Siria. No obstante, tras un primer contacto, «la parte final es en su casa en New Hampshire».

Conocer así las historias en vez de por teléfono permite que «en las miradas y los gestos haya mucha información» que de otro modo se perdería. «Creo en el periodismo que se ensucia las botas y se empapa de las historias caminando con los protagonistas», destaca Armengou.

«El tema no es mainstream»

Sobre su libro, el autor lamenta que «el tema no es mainstream hoy en día y hablar de perdón es ir contracorriente». Por tanto, es consciente de que «en muchos ambientes seguramente caiga en saco roto». Pero su intención no es hacer «un best seller que se publique en tapa blanda en todos los aeropuertos del mundo» ni que «me saque de pobre» sino que sirva a quien le pueda ayudar.

«Desde que lo publicamos a principios de abril está calando, gustando y tocando el corazón a mucha gente», celebra Armengou. Y aunque «el mundo de la literatura es complicado», confía en que «sea una pequeña gota de agua» que, como decía Santa Teresa de Calcuta, «parece que en el mar no hace nada, pero el mar no sería el mismo sin ella».