Y sabed que yo estoy con vosotros - Alfa y Omega

Y sabed que yo estoy con vosotros

Solemnidad de la Ascensión / Mateo 28, 16-20

María Teresa Comba, CRSD
'La ascensión de Jesús', según Copley.
La ascensión de Jesús, según Copley. Foto: Wikimedia Commons.

Evangelio: Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Comentario

Celebramos este domingo la festividad de la Ascensión. Después de 40 días desde la Resurrección de Cristo, tras diversas apariciones a sus discípulos y seguidores, asciende al cielo definitivamente. Vamos a acercarnos a los gestos y palabras que empleó, previos a la partida. Cuando nos despedimos de familiares o amigos, en una estación de tren o acompañándolos al coche, a menudo expresamos aquello que realmente nos importa, lo que realmente sentimos hacia ellos: «cuídate», «hasta muy pronto», «te echaré de menos»…

En esta despedida del Señor hay un inicio importante: los discípulos van a donde les había indicado. La fe comienza por obedecer a Dios. Obedecer, cuya raíz etimológica del latín es ob-audire. Ob que significa «delante, enfrente» y audire, que significa «oír, escuchar». Por lo tanto, se podría decir que es escuchar, prestar atención al que tengo delante, al que tengo enfrente. Los discípulos en las apariciones reconocen, ven, escuchan al que tienen delante, a Cristo resucitado, que les pidió ir a Galilea, a un monte determinado. 

Allí se va a dar un encuentro con Él. Al verlo se postran, lo adoran. Sin embargo, inmediatamente después se afirma que algunos «dudaron». Este verbo, «dudar» o «vacilar», solo aparece en otra ocasión en todo el Nuevo Testamento: cuando Pedro caminaba sobre las aguas hacia Jesús, fiándose de Él y de pronto sintió el viento y dudó, vaciló. En Pedro se recogen las actitudes de los discípulos que tuvieron miedo y no fueron fieles a Cristo en su Pasión (uno le entrega, otro le niega, otros desaparecen en su crucifixión). Quizás refleja también a la comunidad del evangelista, que vivió una confrontación con el judaísmo de corte fariseo de su tiempo, a causa de su fe en Jesús y de la presencia de pseudoprofetas, que predicaban doctrinas que hacían confundirse a los creyentes. Por todo ello, en este Evangelio se repite a menudo la expresión «hombres de poca fe».  El modelo para el seguimiento de Jesús no son personas perfectas. Por el contrario, aquí se nos habla de discípulos humanos, que dudan, que tienen miedo, que vacilan, que se esconden, que se confunden; como nosotros. 

Tenemos a unos discípulos que obedecen a Jesús y al verlo lo adoran, pero dudan. En esta situación, es interesante notar que ahora el sujeto de los siguientes verbos va a cambiar: ya no son los discípulos, sino el mismo Cristo quien toma el relevo de las siguientes acciones. Cuando dudamos, cuando tememos, cuando nuestra fe flojea, es el Señor el que actúa. El primer verbo que sigue es «acercarse». Y aparece en gerundio, que indica una acción en desarrollo, continua o simultánea a la del verbo principal, que en este caso es: «dijo».  Cuando estamos preocupados, temerosos, inquietos, la misma cercanía física del amigo puede infundirnos ánimo o proporcionarnos consuelo, paz, tranquilidad. Después, Jesús comunica a sus amigos que su autoridad no viene de Él, sino que la recibe de lo alto. Es Dios mismo el que se la ha dado. 

Finalmente, una vez que Jesús conforta a sus discípulos con su acercamiento y sus palabras, aparecen tres verbos en imperativo: «id», «haced discípulos» y «sabed», como si animara a dejar los miedos y las dudas y entregarse a la acción por otros.  En primer lugar, los anima a que ofrezcan a todos la enseñanza y el Bautismo, que eran los dos elementos de la iniciación cristiana en aquel momento; y en segundo, que sepan, que Él es el «Dios con nosotros», que estará siempre hasta el fin del mundo. 

Compartamos con otros el encuentro que vivimos con Cristo y el sentido que dan a nuestra vida sus enseñanzas: el triunfo de la justicia, de la verdad, la bondad, la caridad, con la confianza de que siempre, siempre, está a nuestro lado. Prestemos atención al que siempre está delante de nosotros.