Misa del mundo del trabajo: Recordar en la Iglesia la dignidad de los trabajadores
José Luis Segovia recuerda las palabras de Luis González-Carvajal: «De Dios se supo a partir de la explotación sufrida por el pueblo de Israel a manos de los egipcios»
La parroquia Nuestra Señora de las Angustias ha acogido la Eucaristía con motivo del Día Internacional del Trabajo. Promovida por la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) de Madrid, ha sido presidida por el Vicario de Pastoral, José Luis Segovia.
La Iglesia participa del mundo del trabajo
Entre los concelebrantes estaba el director del Secretariado de Pastoral del Trabajo, Juan Carlos Antona, que ve este día como momento en que «la Iglesia se une a la celebración de todos los trabajadores y trabajadoras». Recuerda que «esa fue la voluntad del Papa cuando instituyó la memoria de San José Obrero, que toda la Iglesia participase de la lucha, del caminar, de la fiesta del mundo del trabajo».
Antona insiste en que «para nosotros también tiene, por un lado, una postura festiva de lo que significa el trabajo para el hombre, para el ser humano, como realización personal, como ayuda a construir un mundo mejor, pero también tiene un aspecto reivindicativo, la lucha por el trabajo decente, por el trabajo digno, en el que estamos todos empeñados y que vemos que todavía es una meta que aún es difícil de alcanzar».
Situaciones bíblicas que se repiten
En la homilía, el Vicario de Pastoral llamó a descubrir en el libro del Génesis, desde una lectura sapiencial, «muchas situaciones que nos suenan a contemporáneas». Algo que tiene que ver con «el cuidado de la creación y de sus criaturas, el olvido de la dimensión ética en todas las facetas de la vida, el deber de cuidado como guardianes de nuestros hermanos». José Luis Segovia recordaba las palabras de Luis González-Carvajal, que dice que «de Dios se supo a raíz de un conflicto laboral», como sucedió «a partir de la explotación sufrida por el pueblo de Israel a manos de los egipcios». En esa situación, Moisés ayuda a abandonar el territorio de la esclavitud y de la precariedad y dirigirse a la Tierra Prometida.
José Luis Segovia ve las primeras páginas de la Biblia como elemento para «prevenirnos de un destino fatal», lo que demanda apelar a «una ética del cuidado, de la responsabilidad que nos prevengan frente a los desastres. Y uno de los desastres más peligrosos es el deterioro del mundo del trabajo». Una realidad de la que participa Jesús, de quien sus convecinos son «incapaces de descubrir la grandeza del hijo del carpintero», a quien se refieren de ese modo en términos casi despectivos.

Partiendo de la idea de que «la fe supone creer en lo que no se ve, pero, sobre todo, seguir creyendo a pesar de lo que vemos», el Vicario de Pastoral destacó que «la fe de los aquí reunidos en esta mañana es una fe encarnada, una fe que hace memoria de San José Obrero, una fe que nos recuerda la dignidad y la centralidad del trabajo y de los trabajadores, también en el seno de la Iglesia».
Ejemplos que actualizan la palabra de Dios
A ello se refirió con diversos ejemplos en los que se actualiza la palabra de Dios. La de Marta, que limpia casas en Bilbao, sin contrato, ni papeles, donde a veces encuentra gestos de cariño, como la señora mayor que la deja un vaso de agua fresca y una magdalena, que «no pagan la Seguridad Social, pero sostienen el alma». Frente a ello, «las señoras ecológicas, las del máster en sostenibilidad», que pagan en negro y regalan yogures caducados.
Situación que se repite con Laura, enfermera en el Hospital de León, que trata a los ancianos con extremada delicadeza y les recuerda que existen. Eso a pesar de turnos de 14 horas, con 40 pacientes para ella sola, con contratos que se renuevan cada tres meses y bajas que no se cubren, a lo que la gerencia llama optimización de recursos. Situación que se repite con Carmen, maestra en un colegio público. Tiene 25 niños de 11 países distintos y algunos recién llegados que no hablan ni palabra de español. A ellos los anima con un «vamos, tú puedes», mostrando que «el conocimiento no es solo un examen, sino una ventana», que puede ensanchar el mundo de esos niños.
Sociedad del malestar y del desasosiego
El desafío es ver el trabajo como expresión de la relación con Dios, «cuando se hace con primor y con cariño en esa sociedad de los cuidados que urge construir». Un mundo del trabajo que está sufriendo muchísimas transformaciones, marcadas por la desvinculación, el individualismo, la atomización, la quiebra de toda forma de pactos sociales colectivos, de toda forma de negociación en común y que ha desembocado en una sociedad del malestar y del desasosiego, subrayó José Luis Segovia.
Se trata, en palabras del Vicario de Pastoral, de una realidad del mundo del trabajo «que no garantiza una existencia digna, ni es la llave del resto de los derechos». Entre las consecuencias citó «la ausencia de la posibilidad de un proyecto familiar de futuro para muchos jóvenes incapaces de alcanzar un trabajo que les dé para vivir y, desde luego, para tener una vivienda digna». Todo ello en una época marcada por «el mal de la polarización y la dinámica de las trincheras que confrontan», lo que demanda «grandes pactos que busquen asegurar lo que seguimos llamando y está en la Constitución, Estado social y democrático de derecho, que se basa en la efectividad del cumplimiento de los derechos y especialmente del derecho a un trabajo decente y a una vivienda digna».
A pesar de «los nubarrones y amenazas por doquier», resaltó que «los cristianos y los trabajadores y trabajadoras cristianas somos hombres y mujeres de esperanza, capaces de descubrir brotes, incluso en muchos momentos, en que todo pareciera que invita al desespero». Una esperanza que «sostiene nuestro caminar incluso cuando no hay signos y por eso se apoya también en brotes verdes, como esta regularización de personas inmigrantes que nos invita a seguir dando pasos, a sostenernos los unos a los otros, a trabajar desde el cuidado».

Con ello, «se hace siempre presente al buen Dios en la vida cotidiana, a ese Dios de las cosas chiquitas, de lo que aparentemente no es valioso, al Dios que construye Reino con granos de mostaza». Y es que, citando a don Abundio García Román, «Cristo ha de venir a nuestro mundo a hombros de trabajadores». Y del mismo modo, como decía Guillermo Rovirosa, «se trata de devolver la buena noticia al mundo obrero sencillamente porque les pertenece».
José Luis Segovia recordó las palabras del papa Francisco, que pedía «que no nos robe nadie nunca la esperanza y que sepamos ser animosos compañeros y compañeras de camino en el mundo del trabajo y testigos creíbles del Resucitado y de la alegría de su Evangelio».
«Ante la exclusión, trabajo decente»
En el mundo del trabajo donde se constata que «sigue siendo un espacio donde demasiadas personas quedan descartadas», como dice el Manifiesto leído al final de la celebración. Siguiendo el lema de este año: «Ante la exclusión, trabajo decente», fue denunciado que «el desempleo, la precariedad, la siniestralidad laboral y el deterioro de la salud mental siguen marcando la vida de miles de trabajadores y trabajadoras».
Una realidad que demanda del trabajo «cuidar la vida de quienes lo realizan», lo que contrasta con que, en España, cada día mueren dos personas trabajadoras en accidentes laborales. Se ha recordado la necesidad de los lugares de trabajo sean espacios de vida, como pide el papa León XIV, pero «con frecuencia se transforman en lugares de muerte y desolación». Un manifiesto que recuerda las consecuencias de la precariedad laboral, especialmente para las personas migrantes, «que a menudo se ven obligadas a aceptar condiciones más duras y peligrosas».
Ante ello han pedido a las fuerzas políticas y a las empresas «responsabilidad y altura de miras para alcanzar acuerdos que sitúen la vida en el centro». Junto con ello proponen fraternidad ante la exclusión, relaciones laborales basadas en los derechos y el cuidado mutuo, y una economía al servicio de la dignidad humana frente al afán de ganancia exclusiva que descarta y mata.