Un pueblo que ensancha la vida - Alfa y Omega

Llevamos años hablando en este semanario sobre cómo las unidades de cuidados paliativos no alargan o acortan, sino que ensanchan las vidas de los pacientes. Dando voz a quienes piden más equipos y celebrando el incremento de los servicios que, según el Atlas de Cuidados Paliativos en Europa 2025, fue de un 60 % en nuestro país. Pero qué distinto es cuando uno ve, en primera persona, lo que suponen dichos cuidados en el día a día de una persona enferma. Mi ahijado, enfrentado durante días a una bacteria y con un sistema inmunitario muy debilitado, es la primera vez en dos años que verbaliza querer quedarse en una habitación de hospital. No solo porque desde su ventana ve un jardín —cuán importante es la luz que se filtra, el sonido de las hojas, el color esperanza—, sino porque un «pueblo» de personas entregadas y con una fuerza especial, se afanan en cultivar ese ensanchamiento de la vida. Es Carmen, una de las enfermeras del Niño Jesús, la que define al equipo de paliativos como un «pueblo», y recojo su expresión. Por todo lo que conlleva de vecindad, de atención, de cercanía, de humildad, de sencillez, de entrega. Un pueblo que engrandece a quienes cura. Un pueblo que salva.