La fuerza del Evangelio, una síntesis de la fe cristiana en 10 palabras de León XIV - Alfa y Omega

La fuerza del Evangelio, una síntesis de la fe cristiana en 10 palabras de León XIV

Presentado por el secretario del Dicasterio para la Comunicación y el rector de Comillas el libro del papa León XIV en el que en 160 páginas presenta en 10 palabras las claves del inicio de su pontificado

Luis Miguel Modino

El pasado 6 de abril salía a la luz La fuerza del Evangelio (Romana Editorial), un libro de 160 páginas en el que el Papa León XIV propone en 10 palabras las claves del inicio de su Pontificado. La Universidad Pontificia de Comillas, en su sede de Alberto Aguilera, ha acogido la presentación de esta obra en Madrid, con la participación del secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, Lucio Adrián Ruiz, del rector de esta institución de enseñanza, el padre Antonio Allende Felgueroso, y de la presidente de Romana Editorial, Carmen Magallón Dueñas, que ha publicado el libro.

Instrumento para conocer al Papa de cerca

«Un instrumento para conocer al Papa de cerca», afirmaba Carmen Magallón Dueñas, que destacaba en León XIV su ser agustino y misionero. Estamos ante un escrito que presenta una propuesta clara y sugerente, en palabras de Lucio Ruiz. Nace del Evangelio, «un acontecimiento que irrumpe en la historia y en la vida de cada persona, capaz de generar transformación», subrayó el secretario del dicasterio. El libro está estructurado en diez palabras que «buscan hacer visible esa fuerza: condensarla sin debilitarla, hacerla accesible sin diluirla». Son palabras «simples, esenciales, capaces de ser recordadas, meditadas y vividas».

La obra, que recoge discursos, homilías e intervenciones de los primeros meses de pontificado, busca, en palabras de Lucio Ruiz, «ofrecer una síntesis de la fe cristiana que sea, al mismo tiempo, accesible, ordenada y significativa para nuestra vida», que sean un itinerario, un «volver a lo esencial y expresarlo de un modo que pueda ser recibido». Así nos encontramos con «puertas de entrada», que «cada una abre un aspecto central de la vida cristiana», y unas se remiten a las otras, para formar un entramado.

Como aparece en la introducción, León XIV propone Cristo, comunión y paz como una clave de lectura. Se da paso a una obra en torno a tres ejes: Cristo, comunión y misión. Cristo como centro de un eje que tiene que ver con el anuncio, la transmisión de la fe, el kerigma, la centralidad de la misión y ayudar a otros a encontrarse con Él.

Redes que sostienen e integran

Una comunión que en el libro se explicita con la imagen de las redes, que León XIV desarrolló en su encuentro con los misioneros digitales durante el Jubileo de 2025. Llamaba a reparar redes, sanar y cuidar todos los vínculos, lo que está dañado, generar espacios de encuentro. En un mundo hiperconectado, buscar «comunidades que sostienen, que acompañan, que integran», resaltó.

Con relación a la misión, se destaca que «la fe, cuando se vive, naturalmente se comunica». En términos coloquiales, el libro dice que «cuando uno cree, se nota». Una dimensión que tiene que ver con la comunicación, que «configura vínculos, genera climas, construye o deteriora la convivencia». De ahí la llamada del pontífice a una comunicación, como la paz, desarmada y desarmante.

Ruiz hizo ver que el libro presenta a la Iglesia como «una realidad viva, guiada por el Resucitado, llamada a habitar el tiempo y asumir sus desafíos». La misión como una consecuencia del encuentro con Dios; los pobres como «gente nuestra»; la fragilidad como lugar donde Dios actúa. Un libro con una pedagogía clara, que «acompaña, orienta, invita a recorrer un camino».

Importancia del modo

En cuanto al modo, el secretario del dicasterio ha dicho que «decir la fe en diez palabras implica un ejercicio de discernimiento. Supone reconocer lo esencial, jerarquizar, volver al núcleo». Un libro que ofrece contenidos y un modo de anunciar y transmitir la fe: un modo breve, con densidad; sencillo, con profundidad; accesible, con contenido.

En resumen, «este libro nos invita a volver a lo esencial, a redescubrir el centro, a dejarnos interpelar por palabras breves que contienen una gran profundidad», destacó Ruiz. Para ello, el camino es «poner a Cristo en el centro, vivir la comunión, trabajar por la paz, asumir la misión, cuidar a los más frágiles, reconocer la propia fragilidad como lugar de gracia, siguiendo las huellas de san Agustín, a quien el Papa León nos propone como maestro y guía para adentrarnos en la profundidad del misterio cristiano».

Una invitación, en palabras del secretario, «a vivir la fe de un modo más consciente, más profundo, más encarnado. Y también a aprender a decirla: a encontrar palabras que formen, pero sobre todo que transformen». Eso porque somos desafiados a acoger y anunciar la fuerza del Evangelio «de un modo que haga posible su encuentro con la persona en la vida de hoy». A eso ayuda este libro: «a redescubrir esa fuerza y a dejar que ilumine nuestra vida y nuestro tiempo», concluyó.

Acompañarnos en la fe

Por su parte, el rector de Comillas ha reflexionado sobre lo que la lectura del libro ha provocado en él. Para el padre Allende, no estamos ante un tratado de teología sistemática, sino una recopilación, con tono cercano e intención pedagógica. «Es un libro que trata de acompañarnos en la fe», afirmó el rector, que «va a la exposición con claridad de algunos elementos que son fundamentales para la vida del cristiano», que busca «recuperar lo que ya siendo conocido corre el riesgo de que perdamos en la práctica». 

«Un libro que hay que tomarse en su seriedad existencial», afirmó el jesuita, que permite asomarse al pensamiento del Papa y nos invita a un proceso de interiorización. El rector de Comillas dijo ver en el libro tres influencias muy notables: de san Agustín, del Papa Francisco y de su vocación misionera. De hecho, considera que el cursus honorem del actual pontífice y su experiencia viva de Iglesia sería ejemplar para alguien que es Papa.

Respecto a la impronta agustiniana, destacó la interioridad, dado que «la fe no se presenta como una adhesión externa sino como una experiencia que nace del corazón». De ahí la insistencia en redescubrir la dimensión interior de la vida, sin caer en el quietismo o el emotivismo. Algo que lleva a ver la santidad no como dirigirse a uno mismo, sino a Dios. Junto con ello, destacó como impronta agustiniana la dimensión comunitaria de la fe, viendo la Iglesia como un espacio de relación y de encuentro, superando el individualismo.

Centralidad del amor

Igualmente se refirió a la continuidad con el Papa Francisco, poniendo como ejemplo que «la evangelización no trata de proselitismo ni de batallas culturales, sino de seguir a un espíritu que ya está habitando en el mundo». Junto con ello, que «la fe no es un conjunto de normas morales, sino una relación que transforma la vida», y al mismo tiempo «búsqueda permanente, un movimiento para acercarnos a Dios». Para el jesuita, «el libro se articula en torno a la centralidad del amor como criterio último de la vida cristiana. Un amor concreto que se manifiesta en una iglesia pobre y para los pobres», que debe llevar a preocuparse, poniendo como ejemplo las guerras, más por las víctimas que por las consecuencias económicas.

Un Papa que, desde la elección del nombre, muestra su deseo de dialogar con el mundo moderno en esta nueva revolución industrial, marcada por la digitalización y la inteligencia artificial. El Papa señala en el libro redes que deben ser tejidas, destacando el padre Allende los pasajes del Buen Samaritano, que debe llevar a reflexionar sobre las prisas, de Marta y María y la importancia del trabajo, y del Sembrador, a partir de un cuadro de Van Gogh, que lleva a reflexionar sobre la esperanza. 

Un libro que no pretende introducir muchas novedades doctrinales, ni respuestas cerradas, sino que lleva a preguntarse qué lugar ocupa el Evangelio en nuestra vida. Algo presente en la última frase del libro, que, en la tensión entre fragilidad y esperanza, dice que «no debemos alarmarnos si nos descubrimos interiormente inquietos, incompletos, deseosos de sentido y de futuro. No estamos enfermos, simplemente estamos vivos».