9 de abril: san Demetrio, el mártir que esconde su vida en tres relatos diferentes - Alfa y Omega

9 de abril: san Demetrio, el mártir que esconde su vida en tres relatos diferentes

De san Demetrio se cree saber dónde nació y dónde alcanzó el martirio, pero poco más; y, aun así, eso sin seguridad. Los soldados de la primera cruzada dijeron verlo combatir a su lado junto a san Jorge

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Icono del santo, del siglo XV, hoy en el Museo Rosyjskie, en San Petersburgo.
Icono del santo, del siglo XV, hoy en el Museo Rosyjskie, en San Petersburgo. Foto: Wikimedia Commons.

Uno de los santos más populares del Oriente cristiano carece, sin embargo, de datos biográficos suficientes para construir un relato fiable de su vida. De hecho, en torno a la figura de san Demetrio de Tesalónica se aunaron con el paso de los siglos varias leyendas, quizá con la única función de ofrecer a los fieles —entre los que tuvo desde antiguo una devoción creciente— un relato vital lo más aproximado posible a la realidad.

De lo poco que se sabe de Demetrio da cuenta el Martirologio Romano, al afirmar que sufrió el martirio en fecha desconocida en Sirmio, una de las ciudades más antiguas de Europa, hoy en Serbia. Cuando los romanos la conquistaron, en el siglo I antes de Cristo, sus calles ya tenían 3.000 años de historia. 

En realidad, se cree que Demetrio nació a 700 kilómetros más al sur, en la griega Tesalónica, frente al mar Egeo. El historiador y sacerdote Alban Butler, uno de los hagiógrafos contemporáneos más reconocidos, refiere en su Vidas de santos una antigua leyenda tesalonicense que tiene como protagonista a nuestro santo. Según ella, san Demetrio fue arrestado por la única razón de predicar el Evangelio cuando el Imperio romano aún no lo había asimilado. Por ello, y sin que precediese juicio alguno, fue asesinado en Sirmio, en unos baños públicos donde había sido encarcelado.  

Pero también existe un relato alternativo, que hace entrar en escena al mismísimo emperador Maximiano. Este, de paso por Tesalónica tras una victoria en el campo de batalla, fue agasajado en la ciudad con juegos de gladiadores que incluían torturas a los cristianos de la comunidad local, con Demetrio entre ellos.  

En los juegos destacó por su crueldad un gladiador de nombre Liaco, autor de la muerte de varios fieles que no pudieron defender su vida ante sus armas y su destreza. Entonces le llegó el turno a un joven cristiano llamado Néstor, que antes de enfrentarse a Liaco se acercó a pedir la bendición de Demetrio. «Derrotarás a Liaco, pero sufrirás por Cristo», le dijo este. Y así fue: el joven venció el combate, pero Maximiano, enfurecido, mandó matar a espada a los dos. 

Patrono de los cruzados

Algún tiempo más tarde de la muerte del santo, ya en el siglo V, se levantaron en su honor dos iglesias, una en Tesalónica y otra en Sirmio, la localidad donde murió. La primera de ellas afirma conservar desde antaño sus reliquias, foco de peregrinación de fieles durante siglos, pues se decía que de ellas se desprendía un aceite milagroso.

Según se dice, san Demetrio se apareció siglos después, en Antioquía, a los soldados de la primera cruzada, junto con otros santos con cierta connotación militar, como san Jorge. Los cruzados, que consideraban como patronos a ambos, decían haberlos visto luchar a su lado en la batalla. Por todo ello, «la imaginación popular transformó gradualmente a un mártir genuino, de cuya vida se sabía muy poco, en un guerrero de Cristo y en un mártir militar; e hizo de él el patrono y modelo de los soldados y de los caballeros», dice Alban Butler.

Hay incluso una tercera versión de la historia de Demetrio, que le identifica como el hijo del procónsul de Tesalónica. Con el paso de los años fue ordenado diácono en la primitiva comunidad cristiana de la ciudad, para más tarde suceder a su padre en su cargo político. Como procónsul, Demetrio estaba comprometido a defender los límites del imperio en las fronteras de su territorio, mientras que a nivel interno debía mantener la unidad y la estabilidad social.  

Sin embargo, esta tarea resultaba incompatible con aquella nueva fe que cuestionaba la religión oficial de Roma. Y Demetrio, lejos de esconder su identidad, se dedicaba abiertamente a catequizar, predicar y bautizar a los paganos. El drama estaba servido. Aquí la historia enlaza con la primera versión, en la que Demetrio fue denunciado, encarcelado y finalmente martirizado por conservar su fe en el Señor. 

Qué hay de verdad en cada una de las biografías de Demetrio que han llegado hasta nosotros es algo que resulta hoy imposible de desentrañar. Pero el hecho es que, durante muchos siglos, los habitantes de Tesalónica han tenido a san Demetrio como protector de su ciudad, a la que ha defendido de invasiones, plagas y hambrunas, curando a los enfermos y consolando a los afligidos.