Hay padres - Alfa y Omega

Últimamente se elogia especialmente la paternidad, reflejada en el modelo de san José, quizá para favorecer en estos tiempos de cambio que el hombre, que ha perdido su referencia como única columna económica de la familia y que, en el peor de los casos —muy habituales— se encuentra perdido, pueda entender cuál es su lugar: el de cuidador. El de compañero. Por qué no, el de protector. Y es justo y necesario. La cuestión es que, cuando esa figura, con esos atributos, no está ni se la espera, ponemos automáticamente la mirada en la garra y valentía de la mujer, sin denunciar con el arrojo que se necesita que hay un patrón común de inmadurez y falta de responsabilidad de muchos padres que desaparecen, huyen, no se ocupan. Y son las madres, las mujeres, las que copan las filas de los proyectos de hogares monoparentales. Nos llenamos de orgullo de lo fuertes que son, de lo mucho que luchan por sus hijos. Esas madres que los tienen solas. Que estudian para sacarlos adelante. Que se quitan el pan de la boca para alimentar a sus criaturas. Hay padres que están, que quieren estar, que son padres. Pero hay otros muchos que han desaparecido y ni se les nombra. Y hoy quiero nombrarlos. Y pedirles que, como san José, protejan a sus hijos.