Haití, atrapado en su peor crisis de hambre mientras la violencia de las bandas se expande
Muchos niños, hambrientos y sin alternativas, son reclutados por grupos armados atraídos por la promesa de comida o protección
Haití atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. El país caribeño vive una combinación de hambre generalizada, la peor de su historia, violencia armada y un colapso institucional que está golpeando con especial dureza a los niños.
Actualmente, más de la mitad de la población haitiana —unos 5,7 millones de personas— sufre inseguridad alimentaria aguda, según datos citados por varias organizaciones humanitarias. Entre ellos se encuentran al menos un millón de menores, atrapados en una espiral de pobreza, violencia y falta de oportunidades.
La situación se ha agravado por la ausencia de un Gobierno funcional y el control creciente de las bandas armadas, que dominan alrededor del 90 % de Puerto Príncipe, la capital del país. Este clima de violencia se ha extendido también a zonas que antes se consideraban relativamente seguras, como los departamentos de Centre y Ouest.
En este contexto, los menores se encuentran entre los más vulnerables. Muchos niños, hambrientos y sin alternativas, son reclutados por grupos armados atraídos por la promesa de comida o protección. «Las bandas siempre intentan captar a los niños porque son los más vulnerables. Una vez entras en una banda no puedes salir: o mueres, o muere tu familia, o te quedas dentro», explica Emmline Toussaint, coordinadora principal del programa de alimentación escolar de Mary’s Meals en Haití.
El deterioro de la seguridad y la economía ha provocado además un fuerte desplazamiento interno. Más de 1,4 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares, y la mitad de ellas son niños.
Una generación en riesgo
La crisis amenaza con dejar atrás a toda una generación. Más de la mitad de los haitianos tiene menos de 25 años, y uno de cada cinco tiene entre 15 y 24 años, un grupo de edad que muchos analistas describen ya como una «generación perdida» debido a la falta de educación, empleo y estabilidad.
El deterioro del país también ha cambiado la vida cotidiana de los menores. «Recuerdo mi propia infancia: podías salir al patio y jugar con otros niños de tu edad. Hoy, si pasa un día sin escuchar disparos, es un gran día. Pero los disparos se escuchan todos los días», recuerda Toussaint.
En medio de esta situación, algunas iniciativas continúan intentando sostener a la infancia haitiana. Una de ellas es el programa de alimentación escolar de la ONG Mary’s Meals, que proporciona una comida diaria en la escuela a más de 196.000 niños en más de 670 centros educativos del país. Para muchos menores, esa comida representa mucho más que alimento: es una razón para asistir a clase, un espacio relativamente seguro y una alternativa frente al reclutamiento por bandas.

Sin embargo, mantener estos programas se ha vuelto cada vez más difícil. El aumento del precio de los alimentos y del combustible, junto con los problemas de seguridad, ha encarecido y complicado el transporte de suministros. En muchos casos, los proveedores deben utilizar rutas más largas para evitar carreteras controladas por grupos armados.
Magnus MacFarlane-Barrow, fundador y CEO de Mary’s Meals, reconoce que la situación actual supera incluso las previsiones más pesimistas. «Desde mis primeras visitas supe que Haití sería un lugar extremadamente difícil para trabajar. Pero nunca imaginé que, 20 años después, la situación sería aún más terrible», afirma. Aun así, subraya que existen pequeños signos de esperanza: niños que encuentran en la escuela un lugar seguro, maestros que continúan enseñando pese al peligro y comunidades que siguen luchando por mantener abierta la puerta de la educación.