«Amén, hermanas. Vivan vuestros […], ese es mi mayor rezo siempre en la vida» —decía entre risas una presentadora de RTVE (sí, la televisión que pagamos todos, también los católicos)— en la previa de la gala de los Goya. Otras dos compañeras se reían del chiste, a propósito del éxito de la película Los domingos. Pretendían quizás hacer un alegato feminista transgresor mofándose de las monjas, pero se quedó simplemente en una expresión chabacana que no merece la pena ni reproducir, nada original, que refleja la falta de educación y de respeto de quien la pronuncia y de la cadena de televisión que lo permite.
Aquello era solo el aperitivo. Porque luego llegaría Silvia Abril para llamar «chiringuito» a la Iglesia católica y decir: «Me niego a aceptar que la juventud tenga esa tirada hacia lo cristiano. Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana». El chiste es referirse a la Iglesia como chiringuito en una gala de un cine que precisamente vive de las subvenciones, no de la respuesta del público.
Y como guinda, esa manada de medios digitales que compiten por el clickbait con titulares como: «Grupos ultracatólicos ponen en la diana a Silvia Abril». Si el internauta supera el titular y la evidente manipulación para situar como víctima a la que ha proferido la ofensa, descubrirá que lo que hacen dichos grupos es pedir oraciones por la actriz y humorista que se ha burlado de su fe. ¡Serán ultras, violentos y radicales! ¡Cómo se les ocurre rezar por alguien que les ofende!
Afortunadamente, algo estará encontrando la juventud en el mensaje del Evangelio que les atrae y convierte… Pese a las burlas.