Esta escuela dio a Benedicto XVI «la comida cumbre de su vida» cuando pasó por Madrid
Sucedió el 20 de agosto de 2011, en plena JMJ de Madrid, y el menú contaba con «salmorejo y helado de limón con gelatina de gin tonic», que fue lo que más le gustó
15 años antes del viaje que el Papa León XIV realizará a España, Madrid estaba dando de comer a otro Papa. Sucedió en la JMJ de 2011, concretamente el 20 de agosto, un día en el que coincidió la estancia de Benedicto XVI con el cumpleaños del entonces arzobispo titular de Madrid, Antonio María Rouco Varela, quien organizó un almuerzo en su casa para celebrarlo y al que invitó al Pontífice alemán.
La comida fue preparada por la Escuela de Hostelería del Centro Educativo Fuenllana de Alcorcón. Doce años después, entrevistados por este semanario a raíz del fallecimiento del Pontífice, la profesora Inés Peña ya nos confió que «lo que más le gustó al Santo Padre fue el salmorejo y el helado de limón con gelatina de gin tonic».
«La comida cumbre de su vida»
En el menú había también varias tablas de ibéricos y quesos, cucharitas de corazón de alcachofa con salsa holandesa, solomillo con salsa al vino tinto y, de postre, pestiños, tejas y chocolates personalizados con el logo de la JMJ. De acuerdo con el testimonio que nos dio Peña en 2023 sobre aquel almuerzo con Benedicto XVI, «según nos dijo al terminar, fue la comida cumbre de su vida». Y, de hecho, «quiso llevarse la minuta para enseñársela a quien le preparaba habitualmente la comida y mostrar cómo le habíamos cuidado».
Y aunque los platos eran equilibrados, los sabores potentes y acordes a la gastronomía española y prepararlos llevó su tiempo, lo que Irene Peña recordaba cuando habló con nosotros fue la conversación que aquel día Benedicto XVI mantuvo con los comensales. «Nos habló también de la belleza, y de cómo se puede hacer el bien a través de la preparación de unos platos» narraba la profesora que, entrevistada apenas tres días después del fallecimiento de Benedicto XVI, confesaba que «todavía lo recuerdo y se me saltan las lágrimas».
Benedicto XVI fue el Papa «barrendero»
La visita tuvo también un impacto inesperado en los estudiantes que participaron en el servicio. Tras aquel encuentro, muchos sintieron la necesidad de volver a la fe porque la presencia del Papa «transmitía una santidad y una humildad tremenda». En su caso, le ayudó «a acercarme muchísimo más a Dios».
Según Irene Peña, Benedicto XVI «fue el Papa del amor y el barrendero que empezó a limpiar las cosas sucias». Tras su muerte, la cantidad de documentales que se emitieron sobre él y el redescubrimiento de sus textos le llevó a «volver a impulsarme hacia la humildad, valorar las pequeñas cosas de la vida y a querer limpiar la basura de mi corazón». Y no es la única que lo recuerda, pues la vajilla y la servilleta que utilizó el Papa se exponen en una vitrina a las puertas del comedor de este centro escolar.