Aprovechando que este año se cumplen cinco décadas de la llegada a España del brasileño Martinho da Vila con canciones como Canta, canta minha gente, que se han quedado en la retina de muchos —y es normal, ya que esta obra, publicada en 1974 pero que aquí llegó en 1976 y obtuvo mucho éxito, está catalogada como una de las 500 mejores composiciones brasileñas de todos los tiempos— me gustaría aprovechar estas líneas para reivindicar uno de los grandes géneros musicales que tiene el país carioca, como es la samba. Una gran seña de identidad conocida en el mundo entero, que ha tenido detrás a talentosas mujeres como Beth Carvalho o Clara Nunes, y a hombres que han sido referentes como Zeca Pagodinho, Paulinho da Viola, Almir Guineto o el propio Martinho da Vila, que mencionábamos antes. Un tipo de música que la gente de ciudades como Sao Paulo, Rio de Janeiro o Bahía tiene en su día a día; y, si no es la samba pura, alguno de los muchos subgéneros que ostenta.
Para remontarse a su origen habría que ir a los esclavos que llegaron a Brasil en el siglo XIX, principalmente de países africanos como Angola o el Congo, de donde se adoptó la palabra «samba». Para algunos, «sam-ba» significaría algo así como «dar y recibir» en el idioma que hablaban estos esclavos, el quimbundo. Pero quizá esté más cerca la teoría de que el nombre de esta música provenga de la palabra semba que significa ombligo. Hay anotaciones en revistas de la época que hablaban de esos bailes teatrales que hacía ese sector de la población. Fue importante el desarrollo durante ese siglo y los inicios del XX.
Las favelas de Rio de Janeiro adoptaron también este género y, en 1917, se registró por primera vez una grabación en la Biblioteca Nacional. Pero su gran auge se vivió en los años 30, cuando la clase media brasileña la acogió como suya y empezó a dejar de lado la postura de que era un estilo exclusivamente de esclavos al principio, y después de gente de raza negra. La radio ayudó a su expansión por todo el país y el ambiente festivo que trasladaba a las calles de las ciudades hizo que aumentasen los compositores y grandes artistas que la cantaban. Se fue fusionando con el paso de los años con estilos de Latinoamérica e incluso con el jazz que llegaba desde ciudades como Nueva York. Con la llegada de la dictadura militar en los años 60 se apagó un poco su popularidad, pero en los 70 cuando volvió a resurgir gracias a autores como el personaje que nos ha llevado a hablar de ello hoy, el gran Martinho da Vila.