Los órganos de Marco salvaron cinco vidas - Alfa y Omega

Los órganos de Marco salvaron cinco vidas

Este chico no vivió como sus hermanos, pero «se fue con un broche de oro» al hacer posible para otros «lo que no había disfrutado». España lidera el mundo con historias así desde hace más de 30 años

Rodrigo Moreno Quicios
Detalle del retrato a acuarela de Marco.
Detalle del retrato a acuarela de Marco. Su madre recuerda que «sus órganos están en los niños que corren y juegan». Foto: Vicente Hernáiz.

«Yo estoy bautizada, hice la Comunión, la Confirmación y me casé por la Iglesia pero, como viví con 17 años la muerte de mi padre esperando un riñón que no llegó, estaba enfadada con Dios porque debía haber tenido una vida. Por eso, cuando llegó Marco, sentí aún más rebeldía», nos cuenta despacio y con cierta emoción Nuria Rozas. Su primogénito nació con una enfermedad cerebro-muscular que derivó en problemas de respiración y falleció hace dos años, cuando había cumplido 20. Sin embargo, su vida no se perdió, pues la donación de sus órganos salvó cinco vidas. «Tomar la decisión supone asumir que tu hijo no va a volver, pero tiene la posibilidad de transformar algo tan devastador en vida; es como hacer magia. Tuvimos la oportunidad de que el final de la vida de mi hijo fuera un regalo y de que en otro hospital sonara un teléfono dando esperanza», narra.

Nuria nos confía que los últimos 13 días de Marco «se tornaron tristes y catastróficos», pues la debilitación de su musculatura intercostal le acabó provocando una neumonía ante la que «luchó con antibióticos». Cuando llevaba diez días ingresado «y ya no podíamos hacer nada por su vida, pedimos que nos dieran la posibilidad de donar sus órganos». Y aunque él tenía 20 años, «como pesaba solo 27 kilos y su cuerpo era pequeñito, todos fueron a pediatría». Solo se descartaron sus pulmones, afectados por la neumonía. Pero el resto «estaban perfectos» y los coordinadores de trasplantes del Hospital Rey Juan Carlos de Móstoles se aseguraron de hacer llegar —Nuria advierte de que existe margen de error en esta información por protección de datos— «su riñón y su páncreas para un niño de cortita edad, el otro riñón para un niño de 6 años; su hígado se dividió para dos chavales de unos 10 años y el corazón a un adolescente de entre 14 y 15». No solo eso, «sus córneas se conservaron y un mes después fueron a un joven que quedó ciego por una explosión».

La Iglesia es favorable a la donación de órganos

La postura de la Iglesia es clara y favorable a la donación de órganos cuando se realiza con criterios éticos. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2296) afirma que la donación después de la muerte es un acto noble y meritorio, expresión auténtica de solidaridad. En la encíclica Evangelium Vitae, san Juan Pablo II subraya que la donación de órganos constituye un verdadero gesto de amor que sabe ir más allá de la muerte y convertirse en servicio a la vida.

En la misma línea, Benedicto XVI, en su discurso a los participantes en el congreso internacional promovido por la Academia Pontificia para la Vida, recordó que la donación es un testimonio de caridad que debe realizarse siempre con pleno respeto a la vida y a la verdad sobre la muerte de la persona. Así, lejos de contradecir la esperanza en la resurrección, la donación de órganos la ilumina con un amor concreto que salva vidas.

La madre de Marco sufrió en vida de este porque, dependiente e incapaz de hablar, «no tuvo la posibilidad de vivir con normalidad como sus hermanos». Y, sin embargo, «se fue con este broche de oro, dando la vida que no había disfrutado». Una entrega que describe como «un acto de amor al prójimo absolutamente radical para quien esté siendo la prolongación de la vida de nuestro hijo». Aún en conflicto con Dios, considera que «si uno mira al corazón de cualquier religión encuentra un mensaje común: poder dar a los demás lo que no vas a conservar». Una afirmación que a veces la ha llevado a discutir con gente «que me dice que la donación va en contra de la resurrección». Ella no es teóloga, no ha estudiado la doctrina de la Iglesia —que en ningún momento afirma nada parecido— ni ha escuchado las recientes declaraciones del cardenal Pietro Parolin asegurando que «en el cuerpo donado late un amor que no se rinde ante la muerte». Y, sin embargo, tiene más claro que quienes pretenden aleccionarla que «la resurrección no la impide la cremación ni el deterioro de los órganos».

Aprovechando su entrevista, Nuria pide transmitir que «abrir y sacar órganos del cuerpo no resta dignidad a quienes se van sino todo lo contrario, la multiplica». En el caso de Marco, «estuvo tres días intubado y clínicamente muerto en la UCI para hacer la extracción». Su madre reconoce que esto «puede paralizar a muchos. Para nosotros fue la posibilidad de tener una despedida tranquila».

Ilustración de recurso de unas manos sosteniendo unos órganos

«Sentimos una delicadeza absoluta en todo el proceso», valora Rozas. Y reivindica que «se sutura con la misma delicadeza que en una intervención normal, la persona se ve igual que si no se le hubiera hecho nada —incluso aunque le extrajeran las córneas— y el velatorio es absolutamente idéntico al de un no donante».

Dos años después, «que parecen dos días», los órganos de Marco no están entre sus cenizas. «Están en los niños que corren, que van al cole, que juegan y ríen y saltan. Para mí eso es tremendamente alentador».

2 % de los que fallecen en hospital pueden donar. No solo por muerte cerebral, también por parada cardíaca.

Más de 30 años a la cabeza

Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional del Trasplante (ONT), explica que «España lleva liderando la donación de órganos desde hace más de tres décadas». Entre las causas destaca la «organización» porque, aunque los españoles «son solidarios», la clave es que el donante «tiene que fallecer en una unidad de cuidados intensivos con ventilación mecánica» y es el sistema de sanidad de nuestro país el que lo permite.

Otro elemento es un sanitario sensible «que hace una aproximación personalizada a la familia ayudándola a tomar decisiones» y una exhaustiva logística para hacer llegar los órganos rápido adonde se necesiten. Los retos para el futuro son «aprender a utilizar los de personas de edad avanzada y con patologías».