«Detrás del fenómeno therian hay identidades históricas que se han debilitado»
El sociólogo Rafael Ruiz explica las claves detrás del último fenómeno social: «Hay una desdibujación de los límites entre lo humano y lo no humano», dice
Un reciente encuentro de therian en Barcelona logró convocar a 5.000 personas, un fenómeno sociológico que desentraña Rafael Ruiz Andrés, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.
—¿Qué es el fenómeno therian?
—A nivel global, la gente suele encontrarse con imágenes de personas vestidas como animales, algo que llama mucho la atención y que está causando bastante furor, especialmente entre los jóvenes. Pero el fenómeno va más allá de lo visual. De hecho, no es algo nuevo: mi primer recuerdo del fenómeno therian fue en Londres, hace unos tres años, durante una estancia allí.
—¿Cuál es la diferencia entre lo que percibe la sociedad y lo que defiende el propio movimiento?
—Por un lado, la sociedad percibe a un grupo de personas con atuendos de animales. Por otro, quienes forman parte del movimiento explican que no se trata de un disfraz, sino de una identificación profunda con seres no humanos, especialmente animales. Y desde esa óptica, reclaman comprensión y respeto.

—¿Se puede decir que existen dos visiones enfrentadas?
—Sí. Por un lado, una sociedad que se cuestiona un fenómeno nuevo que choca a primera vista. Por otro, el propio movimiento therian, que fundamenta su argumentación en la identidad y en la identificación de una persona con una especie animal.
Cuestión de identidad
—¿Por qué surge esta necesidad de identificarse con una especie animal?
—Como observador y sociólogo, creo que las claves principales son dos: la cuestión identitaria y el desdibujamiento de lo que entendemos por ser humano. Sin eso, no se explica que una persona llegue a identificarse con una forma animal. Como líneas generales, creo que la cuestión de la identidad es central, tanto en el debate social como en el individual.
—¿A qué se refiere?
—Vivimos en un contexto en el que muchas identidades fuertes históricas —como la sangre, el territorio, la lengua o la religión— se han debilitado para gran parte de la población. Pero eso no ha eliminado la pregunta por la identidad; al contrario, la ha intensificado. Hoy en día, cuestiones como quién soy, cómo me siento o cuál es mi lugar en el mundo ocupan un lugar central.

—¿Influyen otros debates sociales en este fenómeno?
—Sí. Además de la identidad, también hay una desdibujación de los límites entre lo humano y lo no humano. Corrientes como el antiespecismo llevan tiempo cuestionando esa diferencia, y creo que eso ha nido calando en parte de la población. Al no tener claros los límites de lo humano, muchos espacios no humanos, como los de los animales, se han ido humanizando. Para muchas personas, esa línea ya no es clara.
—Entonces, ¿hay una ausencia de una definición clara de lo que es el ser humano?
—Hablar de carencia no es algo que pueda compartir el propio movimiento, pero sí existe una indefinición en nuestra sociedad de lo que significa ser humano.
—Entonces, al no resolver el problema de la identidad, ¿el fenómeno therian va a evolucionar o es solo una moda pasajera?
—Es pronto para saberlo. Puede que su forma concreta sea pasajera, pero la pregunta de fondo —quiénes somos, cuál es nuestro lugar en el mundo, qué significa ser humano— va a permanecer a medio y largo plazo. Mientras esas dudas sigan presentes, es lógico pensar que seguirán surgiendo movimientos en esa dirección.