El cardenal Cobo consagra la parroquia de San Rafael Arnaiz: «signo de la presencia de la comunidad cristiana en este barrio»
El templo es «el signo de cada uno de vosotros. Un templo que empieza en cada una de vuestras casas, porque la parroquia empieza en tu casa»
La comunidad parroquial de San Rafael Arnaiz, en el barrio de Sanchinarro (Vicaría I), vivía este miércoles 25 de febrero un momento de fiesta y alegría. En una Eucaristía presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, era consagrado el templo parroquial.
Venir para responder
Una celebración cargada de simbolismo a la que en palabras del arzobispo fueron convocados por el Señor de modo especial aquellos que forman parte de «esta asamblea constituida por los nombres y apellidos de cada uno de los que estamos aquí», de quienes espera una respuesta, dado que «no vale venir aquí simplemente para ser espectador, sino para responder». Y hacerlo no de modo superficial, sino con «nuestra vida completa, nuestras decisiones, nuestras prioridades, nuestro modo de trabajar, nuestro modo de pensar, nuestro modo de afrontar las dificultades de la vida».
Una respuesta a Jesús que debe dar «cada uno y todos nosotros como comunidad», a partir de la fe que hemos recibido, que «es un regalo, es una revelación y una gracia». El cardenal Cobo subrayó que «quien tiene la iniciativa de esto es Dios, que quiere salir a nuestro encuentro», y lo hace porque «Dios se fía de nosotros», nos ama y nos reúne, «Él es el que ha tomado la iniciativa para poner su morada entre nosotros y para constituirnos en su cuerpo, en su rostro».
Un templo que es por encima de todo obra de Dios y en el que la comunidad se reunía para «responder con toda la historia que llevamos» y para «confesar con nuestra vida, con lo que somos, que Jesús está en medio de nosotros y que nos sigue preguntando quién soy yo». Reunidos «para acoger y para saber que esto es obra de Dios, que nosotros somos instrumentos de su acción, que es Cristo quien actúa».

Escuchar a Dios en los gestos
De ahí la singularidad de la liturgia de la dedicación del templo en la que se invita a «escuchar a Dios en los gestos», y en la que el cardenal Cobo pedía que «nosotros, igual que el templo, nos dejemos consagrar y configurar como el Señor». El arzobispo resaltaba la importancia de consagrar este templo en el tiempo de Cuaresma, que «nos dice que esto es un camino», y nos muestra que quiere ser «un lugar donde aprendamos continuamente a volver el corazón hacia el Señor para saber que Él camina con nosotros».
Un templo que «es un signo de lo que somos nosotros, el templo que Dios ha construido». En ese sentido, el arzobispo de Madrid veía en las paredes del templo «el signo de cada uno de vosotros. Un templo que empieza en cada una de vuestras casas, porque la parroquia empieza en tu casa». Desde ahí, «Dios nos ha ido juntando a cada uno de nosotros», subrayó el cardenal Cobo, que definía el templo como «el signo de la presencia de la comunidad cristiana en este barrio». Un templo que es llamado a ser local que transforma la vida de las personas a partir de la celebración de la Eucaristía y de la escucha de la palabra de Dios juntos.

Con relación a la Eucaristía, el arzobispo reflexionó sobre la importancia del altar, «la mesa donde nos vamos a alimentar, el lugar donde recordaremos continuamente el corazón del barrio, un Cristo que late continuamente para todo el barrio», donde Cristo «va a estar presente y va a hacer presente la acción salvadora de Dios y todo a través vuestro». Del mismo modo, llamó a ver en la consagración del templo un día para «renovar nuestro bautismo», y así consagrarse y ser una comunidad sagrada que habla de Dios y a través de la cual Dios actúa. Desde ahí insistió en que «no somos creyentes aislados», sino comunidad cimentada en la roca, que es Cristo.
Del mismo modo que el templo no está concluido totalmente, el cardenal Cobo llamó a los miembros de esta comunidad a dejarse tallar por Dios, «dejad que sea el Señor el que vaya aglutinándoos, el que vaya aunando vuestras voluntades», para que la belleza mayor sea el amor entre unos y otros. Un templo en el que, la celebración de la Eucaristía, motor de la vida cristiana, dará «fuerzas para explicar al barrio, con nuestra vida, quién es Jesucristo para nosotros».
Unidad, responsabilidad y misión
El arzobispo de Madrid hacía tres peticiones a los miembros de la comunidad parroquial. La primera fue no caminar solos, «ni como personas, ni como comunidad aislada. Sentíos parte de toda nuestra Iglesia», evitando la tentación de encerrarse en casa, siendo Iglesia de brazos abiertos, especialmente para quien necesita esperanza. Una unión que debe darse con las parroquias vecinas y con la Iglesia diocesana.
En segundo lugar, llamó a «asumir vuestras responsabilidades desde el bautismo», pues Dios se fía de cada uno. Algo que debe llevar a los miembros de la parroquia a «ser parte de este templo espiritual habitado por el Señor y alimentado por la Eucaristía». Finalmente, no dejar de «mantener viva la alegría misionera», de ver el templo como espacio que lanza a anunciar lo que en él se está viviendo, «porque hay mucha gente que necesita la experiencia de la comunidad, hay mucha gente que necesita escuchar la palabra de Dios, hay mucha gente que necesita lo que vosotros juntos habéis descubierto aquí».

Recordando la figura de San Rafael Arnáiz, destacó que «nos enseñó que se puede convertir la vida cotidiana en ofrenda». Desde ahí llamó a «vivir el día a día, la enfermedad, el silencio, la fragilidad, como un camino hacia la Pascua». Todo ello recordando siempre que Jesucristo es «el centro de nuestra vida», que «aunque seamos cada uno diverso, él es el que nos une». Y que así, «esta parroquia sea un signo de comunión en el barrio y en nuestra diócesis».
Una celebración que, después de ser realizados los diversos momentos que forman parte del ritual de consagración, culminó con el agradecimiento sincero del párroco, Borja Pérez Garre, que dijo a los feligreses presentes: «Muchísimas gracias por vuestra parroquia». Para esta comunidad parroquial «comienza una nueva etapa en la que el Señor dice que ahora cuento con cada uno de vosotros», como dijo el cardenal Cobo. A todos los presentes les llamó a «sentir la parroquia como algo de lo que cada uno forma parte» y les hizo ver que «el Señor cuenta con cada uno para seguir construyendo, dejaos tallar por Dios, dejad juntos que el Señor siga habitando en medio de este barrio y lo hará por medio de vosotros que sois piedras vivas». Para ello pidió «que la Eucaristía siempre os siga alimentando para construir esta comunidad que este barrio necesita».