Sebastián López: «Con la IA hay falsa sensación de intimidad y tendemos a bajar la guardia» - Alfa y Omega

Sebastián López: «Con la IA hay falsa sensación de intimidad y tendemos a bajar la guardia»

Ester Medina Rodríguez
Sebastián López Maza
López es secretario del Centro de Investigación en Propiedad Intelectual. Foto cedida por Sebastián López Maza.

Nada de lo humano nos es ajeno; ni, ya, de lo artificial. Por eso, la Conferencia Episcopal Española acaba de celebrar unas jornadas de estudio y reflexión sobre la IA y el patrimonio cultural de la Iglesia. En una de las ponencias ha participado este profesor de Derecho Civil, con quien charlamos sobre a quién pertenecen las obras generadas por IA y qué pasa con los datos que le damos.

—Es frecuente dar a la IA datos personales. ¿Dónde acaban?
—Depende de la herramienta. Algunas los almacenan para que aprenda la máquina y ofrezca respuestas en función de ellos. Pero otras los utilizan para compartirlos, en el sentido de que se basan en ellos para las respuestas que generan para otros usuarios. Habría que analizar las políticas de privacidad para verlo.

—¿Somos conscientes de la cantidad de información que le damos a la IA?
—No, porque no leemos la letra pequeña y nos tiramos a la piscina sin saberlo. Además, como muchos usan la IA como un chat, no son conscientes de que todo lo que se escriba se puede almacenar y servir para otros. Hay una falsa sensación de intimidad, porque parece una conversación privada, personalizada y amable, y tendemos a bajar la guardia. Tendríamos que aplicar el mismo criterio que con las redes sociales: no compartir información que no querríamos ver expuesta.

—Cuando una IA crea una imagen, una canción o un texto, ¿de quién es?
—Esa es la pregunta del millón. Depende de cómo la utilicemos. Si lo hacemos como una herramienta que nos permita crearlos, pero aportando nosotros decisiones creativas, la obra resultante va a estar protegida por derechos de autor. Si simplemente nos limitamos a darle una instrucción para que genere algo, sin nosotros volcar decisiones creativas ni modificar nada, no tendremos ningún derecho sobre eso.

Sebastián López Maza

Foto cedida por Sebastián López Maza.

—Pero esa línea entre qué es aportar creatividad y qué no es muy fina.
—Ese es el quid de la cuestión; cuánto tengo que poner de mi parte para considerar que lo que genera la IA es una obra que va a estar protegida por derechos de autor. Tiene que ser muy evidente el esfuerzo creativo que ha hecho esa persona.

—¿Qué dicen la ley española y europea?
—A lo único que se han dedicado la ley de propiedad intelectual española, el Reglamento Europeo de IA y todas las directivas relacionadas con derechos de autor es a permitir que las inteligencias artificiales se puedan entrenar con contenidos protegidos por la propiedad intelectual. Para fines que no son la investigación científica, los titulares de derechos de propiedad intelectual pueden oponerse. Solamente se regula eso. Sobre qué hacer con los contenidos generados, más allá de que el autor sea una persona de carne y hueso y de que haya un esfuerzo creativo y original, no hay más regulación.

—Si la IA se entrena con millones de obras existentes, ¿eso vulnera los derechos de autor de los creadores?
—La IA está programada para rastrear masivamente todo internet. Salvo que un titular de una web ponga una medida tecnológica especial para evitar que sea rastreada, va a coger obras, prestaciones y datos. Eso lo permiten la normativa europea y la española; pero se da la opción a los autores de impedir que se rastreen sus obras para entrenar la IA con fines distintos de la investigación científica.

Se tiene que hacer en la propia web y en un lenguaje que entiendan los sistemas. Pero es el mundo al revés: en lugar de que la persona que quiera utilizar mis obras se tenga que poner en contacto conmigo, se obliga a los autores a que se manifiesten para impedir que sus obras se usen.

—¿Qué aplicación puede tener la IA en el patrimonio cultural eclesiástico?
—Puede ser un buen aliado para difundirlo y atraer público. Por ejemplo, creando audioguías personalizadas que contesten las preguntas de los visitantes, haciendo recreaciones históricas y artísticas de bienes que estén deteriorados o elaborando material educativo para catequesis. Aun así, conviene recordar que cuando una imagen o un vídeo sean generados con IA, también en el patrimonio cultural, hay que indicarlo claramente y revisarlos, pues con frecuencia contienen errores históricos o interpretaciones incorrectas.