Dios vistió de blanco la ciudad en su segundo intento para casarse - Alfa y Omega

Dios vistió de blanco la ciudad en su segundo intento para casarse

Vicky y Miguel Ángel se impusieron a la pandemia y a Filomena para celebrar su matrimonio. Ahora cumplen cinco años

Rodrigo Moreno Quicios
Miguel Ángel y Vicky el día de su boda
Su boda fue pandémica y nevada. Foto cedida por Miguel Ángel y Vicky.

Miguel Ángel y Vicky acababan de cumplir dos años de novios cuando él se armó de valor y le pidió la mano. Y, apenas cuatro meses después, se dieron el «sí, quiero». «Queríamos hacer una boda sencilla y no estar preparándola mil años», nos confiesa ella. Originalmente habían apuntado para diciembre de 2020, pero todas las complicaciones de esa Navidad pandémica con confinamientos por barrios los llevó a posponerlo para el 9 de enero de 2021. Quien revisite el calendario, pronto se dará cuenta de que aquella fecha también fue muy accidentada, pues fue cuando la borrasca Filomena se manifestó con toda su fuerza en la capital.

«Creo que éramos las únicas personas que creían que al día siguiente podrían salir de casa. Yo lo pensaba de verdad, pero tenía 60 centímetros de nieve en mi puerta y tuvimos que anular la boda». No indefinidamente pues, como nos cuenta Vicky, «luego todo se dio milagrosamente para que se pudiese hacer la semana siguiente». Y, lejos de verlo como una señal de mal fario, lo que le dijo su sacerdote fue que «Dios ha vestido de blanco la ciudad para que os caséis en cuanto podáis». No tardaron mucho más, solo siete días, pues este accidente fue subsanado por las renuncias de toda la gente con la que se toparon. «El sábado siguiente, una familia tenía un bautizo pero no le importó cambiarlo de hora». Y otra les cedió su reserva en un restaurante para el banquete posterior.

Hace un mes, esta pareja cumplió cinco años de casados. La archidiócesis ha pensado especialmente en perfiles como el suyo —junto a los que hacen una década— para bendecirlos a lo largo de febrero en su parroquia. En su aniversario, Vicky sostiene que «aún queda mucho por saber y mucho por aprender; y lo vamos a hacer juntos porque esto no se acaba nunca».

Miguel Ángel también tiene mucho que contarnos. Según vio a Vicky en un grupo de jóvenes profesionales en Nuestra Señora del Buen Suceso, lo tuvo claro: «Fue un flechazo porque era una chica muy activa, muy organizada y me parecía muy atractiva su forma de hablar; todo lo que hacía me parecía interesante», confiesa sin ninguna vergüenza. Rápidamente le pidió tomar un café y después de un par de salidas «me declaré».

Hay que salir de uno mismo

Ellos se casaron con 41 y 42 años. «Con esa edad tienes que aprovechar el noviazgo para saber si esa persona es la voluntad de Dios para ti», opina Miguel Ángel. Lo que no implica ser «imprudente ni precipitado», sino dar un salto de fe porque «siempre va a haber algunas dudas y cosas que se te escapan». Pero «cuando ves que es la persona con la que formar una familia, no tiene sentido esperar más». 

A los que todavía están buscando, les señala que «tienes que prepararte aunque aún no tengas pareja», y preguntarte «¿qué cosas me están impidiendo tenerla?». Entre risas, de él mismo reconoce que «a veces era un poco antisocial» y, aunque «quería encontrar una chica, cuando me invitaban a algún acto, si podía, me escaqueaba». Ahora ya no tanto, pues «no se trata de renunciar a ti mismo», pero sí de dar el salto. Trazando un paralelismo explica que, «al igual que cuando buscas trabajo consultas el LinkedIn y preguntas», para echarse una novia «hay que preocuparse». Y, combinado con los esfuerzos humanos —cualquiera habrá experimentado que pueden desembocar en portazos—, «ir pidiéndole al Señor que te la vaya preparando».

Finalmente, Vicky llama a «saber ser feliz con el momento en que estás» y a encontrar la serenidad de «sentir que no me falta nada». Pues después, con ese corazón agradecido, «si Dios me quiere dar algo más, será estupendo».